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Sucede que me canso de ser hombre. Sucede que entro en las sastrerías y en los cines marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro navegando en un agua de origen y ceniza. El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos. Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, sólo quiero no ver establecimientos ni jardines, ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores. Sucede que me canso de mis pies y mis uñas y mi pelo y mi sombra. Sucede que me canso de ser hombre. Sin embargo sería delicioso asustar a un notario con un lirio cortado o […]

Wallada ha parido y no tiene marido; se ha desvelado el secreto; se parece a María, pero la palmera que ella sacude es un pene recto.

Wallada ha parido y no tiene marido; se ha desvelado el secreto; se parece a María, pero la palmera que ella sacude es un pene…

En su país de hierro vive el gran viejo, bello como un patriarca, sereno y santo. Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo algo que impera y vence con noble encanto. Su alma del infinito parece espejo; son sus cansados hombros dignos del manto; y con arpa labrada de un roble añejo como un profeta nuevo canta su canto. Sacerdote, que alienta soplo divino, anuncia en el futuro, tiempo mejor. Dice el águila: «¡Vuela!», «¡Boga!», al marino, y «¡Trabaja!», al robusto trabajador. ¡Así va ese poeta por su camino con su soberbio rostro de emperador!

Cuando terminó su prédica John Lawrence, vino a mí una yámana y me habló: Todo esto ya nos lo había dicho Watauinewa Sef, El Eterno en el Espacio de Arriba. Él observa nuestros actos: Que cada cual trabaje con esmero, que nadie robe al otro, que cada uno se conduzca como es la buena costumbre de los yámanas. Al partir de cacería pedimos: A nosotros ser propicios hoy, Hidabuan. Y si alguna desgracia nos sorprende, si algún alma vuela lejos sobre el mar, increpamos al Gran Asesino Allá Arriba: Tú nos lo quitaste. Entonces Tú, Arriba, Wollapatuch, ¡Sostén a nuestros […]

El mundo nos resulta ajeno, inhóspito. Debiera ser destruido por completo. Construir un mundo nuevo sin sus ruinas. Y estrenar una vida diferente. Pero al pasar el tiempo el nuevo mundo tampoco hallarán propio nuevos hombres.. También ellos querrán un mundo nuevo. Mejor fuera destruirlo y no hacer otro.

En el brillante centro de la sala se oye las risas y el reloj. En cuatro círculos giran las Estaciones, y las Gracias recatan su desnudez en el coronamiento. Ágatas y nogal, si se entrelazan a los pies del reloj, la caja oprime las resonantes cuerdas, los finísimos flejes y el contenido cauce de la música. Broncíneos bancos labrados y Pomonas veladas de musgo. El círculo de los naranjos, contenido con violencia y arte, concede en la distancia un húmedo refugio. Cómo puede el aire frío de la noche conservar su pureza originaria, del ir y venir de candelabros y […]

Hacemos el amor de una manera imperfecta, mezquina y temerosa. Nunca profundizamos. Nos quedamos en la simple epidermis del instinto. Y el placer obtenido se nos mezcla con una sensación de desagrado. Porque ponemos bridas al amor. Levantamos barreras y frenamos al llegar al umbral del punto límite. Nunca lo trasponemos por cobardes. Nos asusta ese paso hacia adelante. Y miramos, cansados, al amor entero, irrealizado, sobre el lecho. Descontentos por no alcanzar la meta. Como incendiar un bosque y que una lluvia imprevista lo apague al poco rato. Hacemos el amor como si fuera un rito y por lo […]

Esta noche es imposible el frío Duermo sobre plátanos naranjas Mandarinas sonrientes Y paternas amables, El gallo confiesa y no traiciona Los limones tocan sinfonías en las afueras de los árboles Mientras él, Minotauro hiperactivo, Descansa Recitando sueños Que yo convierto en alabanzas

Puede hacerlo cualquiera. Comprobado. Si en ti hay la aberración, rara e inútil, de querer ser un nombre que trascienda, no estudies ni te esfuerces. Simplemente aprende a manejar una pistola. Y piensa en esas rémoras que viajan, sin billete, montadas en ballenas. Tómate un whisky doble en un pub caro y examina la lista de importantes. Elige el personaje destacado con el que desearías asociarte y compartir su gloria en el recuerdo. Y usa acertadamente esa pistola. El sistema funciona desde Eróstrato.

No sé qué es lo que ocurre. Los mayores como a un igual me tratan y los jóvenes me miran desconfiados, como si algo les hiciera de golpe distanciarse. Me siento como el viento al penetrar en alguna mansión desconocida. Me observo en el espejo y veo un rostro idéntico al que he hallado tantos años. No creo haber variado de maneras que, mejores o peores, son las mismas. No me explico este cambio repentino. No entiendo a los demás. Pero algo pasa.

"Como un abrevadero de bestias indelebles Partido por el rayo desbordando el agua Refleja la migración de las aves de tierra En la noche de…