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Paz hecha a semejanza del rayo En la noche circundada de gritos Junto al estuario de los niños asesinados Guerra sin tregua la paz del ahorcado La paz de los perros sin huesos La paz a la medida del colapso La paz en remolinos del río de las decapitaciones Dame la tormenta dame el vértigo Dame la guadaña dame el tambor Dame la danza dame la voz Dame los nervios dame la lengua del sol Paz de tendones rotos coronada de luto El aura de tus ejércitos es una llama negra Paz rostro de mosquita muerta En tus lodazales se […]

El sol se oculta: inflamado el horizonte fulgura, y se extiende en la llanura ligero estambre dorado. Sopla el viento sosegado, y del inmenso circuito no llega al alma otro grito ni al corazón otro arrullo que un monótono murmullo, que es la voz del infinito. Santos Vega cruza el llano, alta el ala del sombrero levantada del pampero al impulso soberano. Viste poncho americano, suelto en ondas de su cuello y chispeando en su cabello y en el bronce de su frente lo cincela el poniente con el último destello. ¿Dónde va? Vese distante de un ombú la copa […]

Voy a cerrar los ojos en voz baja voy a meterme a tientas en el sueño. En este instante el odio no trabaja para la muerte que es su pobre dueño la voluntad suspende su latido y yo me siento lejos, tan pequeño que a Dios invoco, pero no le pido nada, con tal de compartir apenas este universo que hemos conseguido por las malas y a veces por las buenas. ¿Por qué el mundo soñado no es el mismo que este mundo de muerte a manos llenas? Mi pesadilla es siempre el optimismo: me duermo débil, sueño que soy […]

Falta, en el desorden, una palabra. Falta una voz, y otra, y otra más, en el valle de la muerte, en la estación de los sofocos rezumados por el fuego y la sombra. Una palabra que no brote de atarjeas, sino silencio que habla, vibrante. Silencio sonoro que toque cuerpos con su luz. Que despeje el hedor de los escombros y devuelva al valle su fuerza y su alegría, sin ultrajes. Falta una palabra. Y falta una voz, y otra, y muchas más.

No volverá jamás el mar de los antiguos a rebañar las costas creadas por sus olas. Un año de ancho, una vida de largo, se sumió en la honda bocanada del fondo. Con él las bandas de Erik el Violento y la pacífica vela de otro ladrón, fenicio, doblaron para siempre ese horizonte blando y abajo el precipicio que los tragó a todos como se cierra un libro. Ni el ceñudo pirata que un día fue estatura y bronceado y sombra, ni el traficante sofocado bajo tricornio y títulos, tuvieron el poder de detener aquellas otras olas que se llaman […]

Tengo un huésped muy inquieto Del lado del corazón.? ¡Muy celoso, muy celoso!? Dormir no sabe mi huésped: no.? Como una sierpe se enrosca Mas…

Me lancé a tu nombre de hombre a los cuatro puntos cardinales de tu sombra a tu imagen que golpea día a día la luz inconmensurable de mi tiempo. Tristemente hermosa permanezco en tu puerto ardiente bajo tu cuerpo desierta sin orillas viva y persistente en mi sangre de mujer.

También mueren caballos en combate, y lo hacen lentamente, pues reciben flechazos imprecisos. Se desangran con un noble y callado sufrimiento. De sus ojos inmóviles se adueña una distante y superior mirada, y sus oídos sufren la agonía furiosa y desmedida de los hombres.