Veo los eucaliptos que ocupan la colina, donde reduce el trópico su barbara violencia. Más que la luz, benéfico vapor los ilumina. Son la agradable forma de la benevolencia. Sus ramas se estremecen, nutridas por la esencia que el aire en el espacio profundo disemina. La tierra generosa, la tierra de excelencia, sus prodigalidades perennes origina. ¡Y qué esplendor el suyo! Celestemente buenos, los árboles de zumos y olores están llenos. Pródigos eucaliptos en la diurna flama. Recibo su abundancia de zumos y de olores, y siéntome colmado de todos sus favores. Bajo los eucaliptos la bondad me reclama.
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12,749 poemasLas palabras, al tocarlas al aire, crecen como las terneras. Con los años maduran y se ahondan y también pueden nacer muertas. Según. La palabra nos revela la consistencia del espíritu. Es una cosa delicadísima, en boca del mentiroso pone al desnudo el hueso de un alma ingrata. La palabra puede servir de bumerang, de trampa, de alfiler, de escondite, de lanza con unta remojada en veneno. Depende. La palabra, igual que la energía atómica, en buenas manos es la salvación y es perdición en una oscura conciencia. Al impancto de la palabra puede derrumbarse un ídolo de multitudes. Los […]
Una idea incandescente se me vino esta mañana una antorcha que flameaba en lo alto de mi mente pero sola y sin refuerzos talvez pierda la batalla ya librada de hace tiempo por tu brillo y un cobarde un cobarde que vacila entre el olvido y tras la nada que vacila tras tus pasos y tu melódica mirada que se pierde encandilado tras el grito de tus ojos que se aturde enceguecido tras el brillo de tu nombre que se esconde tras las letras de algún otro nombre y aún así no se atreve a gritar de quien se esconde […]
Es importante hacerlo quiero que me relates tu último optimismo yo te ofrezco mi última confianza aunque sea un trueque mínimo debemos cotejarnos estás sola estoy solo por algo somos prójimos la soledad también puede ser una llama.
Rostro contra rostro, piedra contra piedra, para que el tiempo no se pudra y conserve su forma de cinta de colores. Tiempo contra tiempo paciencia…
https://www.poemas-del-alma.com/todas-ibamos-a-ser-reinas.htm
Éste del cabello cano, como la piel del armiño, juntó su candor de niño con su experiencia de anciano; cuando se tiene en la mano un libro de tal varón, abeja es cada expresión que, volando del papel, deja en los labios la miel y pica en el corazón.
( a Graciela Sacalotto ) olor de garzas pudriéndose ahora en la memoria de la infancia de la escritura: por fin he descifrado en tu ausencia -en tu eterno presente- las llagas del deseo del leproso, el nombre que hace florecer la luz, la presencia de lo presente, el vacío lleno de tu aroma que amanecía azul entre mis dedos. no hay misterios ya, infancias o advenimientos tempestuosos, de una adolescencia tempestuosa, colmada por imágenes donde estallan los seres colmados por las preguntas y la nada. yo remaba hacia ti, hacia tu nombre. en tu aroma de almendros mi lengua […]
¿Qué fuego de tiniebla, qué círculo de trueno, cayó sobre tu frente cuando viste esta tierra? Pasaron costas negras, arbustos inflamados, barcas con piña, coco, bananas, chirimoyas, sobre un mar tenebroso con medusas y anémonas. Y pararon caminos, zamuros, caseríos, y un niño sin parientes pasar por la llanura, y un vaquero llamando la sombra del ganado. Una puerta caliente se abrió para tu vida. Te llamaron las aguas con sus lenguas oscuras, los pájaros con gritos, y animales dolientes que lloran largamente en el alto follaje. Y llegaste a la puerta de la casa del brujo, de cuyo techo […]
Tú no querías venir rara especie de humano con divino porque sabías tus brazos indefensos tus pies atropellados de cautela tus muchas muchas vueltas zumbando entre las zarzas con un miedo de lobo. ¿Cuál bandera es tu luz? ¿cuál pedazo de arcilla deshaces con los dedos? Tú no querías venir a fraguarte en la piel un cielo que huye y abandona sus restos en las grietas carne intangible que en el reposo pacta sus treguas al gusano. Pero aquí estás, cortejando a la estrella hurgando en la granada alerta ante el susurro que levantan los pechos de los muertos.
"No nos equivoquemos sobre este punto. Las niñas marimachas, chinvaronas, tom-boys --como se diga-- que juegan sólo con muchachos, beisbol de lustradores trepadoras de rodillas…
Los faroles de Palacio ya no quieren alumbrar y solo luce la luna como un cirio funeral. Solo la luna lucía y en el triste jardín real una fontana plañía su elegía de cristal: -¡Oh Mercedes, lirio, estrella, que en mi espejo se miró: la Muerte la vio tan bella y en los ojos la besó! Solo estaban encendidas las luces del funeral; los faroles, como vidas, apagó un viento mortal. Los faroles de Palacio ya no quieren alumbrar, porque se ha muerto Mercedes y luto quieren guardar. Su carita era virgen: sus manitas de marfil las cruzó la Dama […]