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¿y estas ansias que levantan a oscuras mi esqueleto y hacen cielos como alas o maderas que no paran de crujir? ¿y estas ansias llovidas por ajenas lluvias? ¿y este dolor despertado en el meritito amanecer? ¿qué son a estas horas? ¿qué anuncian estos mares o veredas que nacieron para llegar a ti? ¿son hambres como arroyos salidos del caudal? ¿son incendios? ¿vidas que pagué viviendo? ¿pagaré no verte años? ¿días como siglos con estas ansias? ¿son ansias o temores o qué son? ¿por qué ciegan y agrietan mi alegría? ¿por qué cavaron norias en mi soledad? ¿y por qué […]

Hoy a las dos y treinta de la tarde el patio de atrás de mi jardín en ruinas era el paraíso que menciona La Biblia. No tuve duda dello al sentir las caricias de la brisa y del sol sobre mis brazos y espalda. Los pájaros cantaban en lo alto de los árboles y las flores lucían sus colores pavoneándose. Al acercármeles las lagartijas no huían. Me miraban más bien estupefactas, casi desafiantes. No titubeé en probar la manzana madura que el Diablo me ofrecía. Lo vi llegar vestido de cantante de rap: pantalones a la rodilla y tenis, gorra […]

Han pasado los vientos y mirarse a los ojos no es sencillo. Vivir esta ciudad es pisar un jardín de tachaduras, la presencia infectada de lo que ya no existe, de lo que fue recinto del invierno o refugio del sol, teatro de las lluvias y de los conocidos. Recorrer la memoria de las habitaciones es provocar la niebla del interrogatorio. Y no deben hablar, pero se anulan en un silencio turbio que delata el pasado de las sombras pacíficas, los cristales hirientes por donde pisa el orden, las botellas guardadas en mensajes vacíos. Porque apago las horas con el […]

A José Lezama Lima (1910-1976) Respiras por palabras diez mil veces al día, juras por el amor y le hermosura y diez mil veces purificas tus pulmones mordiendo el soplo de la ráfaga extranjera, pero todo es en vano, la muerte, el paladar, el pájaro verbal que vuela de tu lengua.

Y nos llegó la hora de bailar. La música caía como lluvia agitada y un mar en nuestros muslos acentuaba el vértigo. Llegó la savia nueva con un ritmo de trópicos y germinó en la piel. Olvidamos la sarga y la estameña y nos cubrimos ágiles con la encendida pulpa del tamarindo.

Y pensar que extraviamos la senda milagrosa en que se hubiera abierto nuestra ilusión, como perenne rosa… Y pensar que pudimos enlazar nuestras manos y apurar en un beso la comunión de fértiles veranos… Y pensar que pudimos en una onda secreta de embriaguez, deslizarnos, valsando un vals sin fin, por el planeta… Y pensar que pudimos, al rendir la jornada, desde la sosegada sombra de tu portal y en una suave conjunción de existencias, ver las cintilaciones del Zodíaco sobre la sombra de nuestras conciencias…

¿Y por qué no es tu guerra más pujante contra el Tirano tiempo sanguinario; y contra el decaer no te aseguras mejores medios que mi rima estéril? En el cenit estás de horas risueñas. Los incultos jardines virginales darían para ti vivientes flores, a ti más semejantes que tu efigie. Tendrías vida nueva en vivos trazos, pues ni mi pluma inhábil ni el pincel harán que tu nobleza y tu hermosura ante los ojos de los hombres vivan. Si a ti mismo te entregas, quedarás por tu dulce destreza retratado.