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Soy el olfato de ese perro esa dirección que llega pone el hocico entre mis piernas y manso reconoce Es entonces cuando mi hembra se queda sin mujer.

Las manos de mi cariño te están bordando una capa con agremán de alhelíes y con esclavina de agua. Cuando fuiste novio mío, por la primavera blanca, los cascos de tu caballo cuatro sollozos de plata. La luna es un pozo chico, las flores no valen nada, lo que valen son tus brazos cuando de noche me abrazan, lo que valen son tus brazos cuando de noche me abrazan.

Como en un sueño, cuando todo estaba perdido Zurita me dijo que iba a amainar porque en lo más profundo de la noche había visto una estrella. Entonces acurrucado contra el fondo de tablas del bote me pareció que la luz nuevamente iluminaba mis apagados ojos. Eso bastó. Sentí que el sopor me invadía:

"Las cosas que mueren jamás resucitan, las cosas que mueren no tornan jamás. ¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda es polvo por…

¡Dime qué dices, mar, qué dices, dime! Pero no me lo digas; tus cantares son, con el coro de tus varios mares, una voz sola que cantando gime. Ese mero gemido nos redime de la letra fatal, y sus pesares, bajo el oleaje de nuestros azares, el secreto secreto nos oprime. La sinrazón de nuestra suerte abona, calla la culpa y danos el castigo; la vida al que nació no le perdona; de esta enorme injusticia sé testigo, que así mi canto con tu canto entona, y no me digas lo que no te digo.

¡Dolor! ¡Dolor! eterna vida mía, Ser de mi ser, sin cuyo aliento muero! * * * Goce en buen hora espíritu mezquino Al son del baile animador, y prenda Su alma en las flores que el flotante lino De mujeres bellísimas engasta:? Goce en buen hora, y su cerebro encienda En la rojiza lumbre de la incasta Hoguera del deseo:? Yo,?embriagado de mis penas,? me devoro, Y mis miserias lloro, Y buitre de mí mismo me levanto, Y me hiero y me curo con mi canto, Buitre a la vez que altivo Prometeo.

"Porque contemplo aún albas radiosas y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas en que tiembla el lucero de Belén, y hay rosas, muchas rosas, muchas…

(Zaida C. de Ramón) ¡Qué hermoso es obedecer al Dueño del universo! No merecemos tal honra ¡Es un grande privilegio! Nuestro Dios en las alturas es Soberano y Supremo, es grande Su Majestad Su gloria cuentan los cielos. Todo aquello que creó con Su palabra y con celo, lo colocó en su lugar? Él vio que todo era bueno. Mas aún, algo faltaba, no podía obviar el resto, Quería ser Padre de hijos que le guardaran respeto. Que caminaran con Él, Le confiaran sus secretos, Como al Padre que les ama, Como Amigo en todo tiempo. Entonces determinó como Propósito […]

¿Oís?, es el cañón. Mi pecho hirviendo el cántico de guerra entonará, y al eco ronco del cañón venciendo, la lira del poeta sonará. El pueblo ved que la orgullosa frente levanta ya del polvo en que yacía, arrogante en valor, omnipotente, terror de la insolente tiranía. Rumor de voces siento, y al aire miro deslumbrar espadas, y desplegar banderas; y retumban al son las escarpadas rocas del Pirineo; y retiemblan los muros de la opulenta Cádiz, y el deseo crece en los pechos de vencer lidiando; brilla en los rostros* el marcial contento, y dondequiera generoso acento se alza […]

¡Oh claro honor del líquido elemento, Dulce arroyuelo de corriente plata, Cuya agua entre la yerba se dilata Con regalado son, con paso lento!, Pues la por quien helar y arder me siento (Mientras en ti se mira), Amor retrata De su rostro la nieve y la escarlata En tu tranquilo y blando movimiento, Vete como te vas; no dejes floja La undosa rienda al cristalino freno Con que gobiernas tu veloz corriente; Que no es bien que confusamente acoja Tanta belleza en su profundo seno El gran Señor del húmido tridente.

"«Ya no hay un dolor humano que no sea mi dolor; ya ningunos ojos lloran, ya ningún alma se angustia sin que yo me angustie…

Tengo caído el sueño, y la voz suspendida de mariposas muertas. El corazón me sube amontonado y solo a derrotar auroras en mis párpados. Perdida va mi risa por la ciudad del viento más triste y devastada. Mi sed camina en ríos agotados y turbios, rota y despedazándose. Amapolas de luz, mis manos fueron fértiles tentaciones de incendio. Hoy, cenizas me tumban para el nido distante. ¡Oh mar, no esperes más! Casi voy por la vida como gruta de escombros. Ya ni el mismo silencio se detiene en mi nombre. Inútilmente estiro mi camino sin luces. Como muertos sin sitio […]