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Yo ya no sé qué se puede decir y estoy hablando que se puede alentar y estoy pensando en no sé qué figuras desvaídas, en no sé qué quimeras obsoletas de galopes cayendo hacia la nada. Y me pongo a cantar pero el sollozo el sollozo que anuda tu garganta ese oscuro sollozo que del fondo sube entre lutos y geranios tristes para anegarme como a ti en el llanto. Yo ya no sé mas quisiera ensayar en diez mil tubos esa estúpida pugna de hacia dónde? el último clamor de los envites y huracanar las bambalinas agrias de este […]

Yo, aquí, entre las torturadas guitarras, entre otros ciegos convocados, ciegos vecinos de los vasos constantes, pobres locos amarillos que aturden la noche elemental. Qué sitio de mudos muros, de muerte decorada en la soledad y en las pastillas. Qué desierto de niños con asco y ecos. Qué tren de luces heridas, qué perra pronunciación de los bordes. Qué ruido.

Yo soy tu indómita gacela, el trueno que rompe la luz sobre tu pecho Yo soy el viento desatado en la montaña y el fulgor concentrado del fuego del ocote. Yo caliento tus noches, encendiendo volcanes en mis manos, mojándote los ojos con el humo de mis cráteres. Yo he llegado hasta vos vestida de lluvia y de recuerdo, riendo la risa inmutable de los años. Yo soy el inexplorado camino, la claridad que rompe la tiniebla. Yo pongo estrellas entre tu piel y la mía y te recorro entero, sendero tras sendero, descalzando mi amor, desnudando mi miedo. Yo […]

Yo, mujer, terca habitante del planeta veo llegar el día en que el otoño bese feliz la primavera. Espero la vendimia de mi sangre. Veo tomarse ocres las verdes hojas de mis manos. Siento crecer la vida que sembré con loco amor e insensatas alegrías, mientras fueron pasando, uno a uno, soles, constelaciones y planetas. Aprendí a pronunciar los nombres de mis hijos que me fueron revelados poco a poco cuando ellos eran apenas dulces astronautas de mi vientre. Conocí los secretos de la vida. Bebí con avidez rachas de viento, embriagué mi piel con la salobre espuma dorada por […]

“Te celo de las niñas imposibles, rostros de brasa y lágrimas de nieve. Me encuentras a tu madre parecida, y de razón mudable cuando llueve. Te quiero y tú me quieres, mas no basta, ni esta promesa de quererse siempre. Mi amor lleva mi letra simple y triste. El tuyo es una carta que se enciende. A veces miras sin notar el cielo y dices, por ejemplo, que me quieres. Yo juego a que estoy muerta y me distraigo mirando cómo el pasto se oscurece. Y por amarme y por besarme tanto, y por morderte y luego por lamerte, cayó […]

Yo, poeta decadente, español del siglo veinte, que los toros he elogiado, y cantado las golfas y el aguardiente…, y la noche de Madrid, y los rincones impuros, y los vicios más oscuros de estos bisnietos del Cid: de tanta canallería harto estar un poco debo; ya estoy malo, y ya no bebo lo que han dicho que bebía. Porque ya una cosa es la poesía y otra cosa lo que está grabado en el alma mía… Grabado, lugar común. Alma, palabra gastada. Mía… No sabemos nada. Todo es conforme y según.

Yo, que sólo creo en las aureolas de mis pezones y conservo blanco sólo las paredes de casa y las líneas que meto en mi nariz odio que me llamen ángel. Yo, que lo único que quiero es fuego.

En el silencio de las rosas reposan tus deseos. Donde aprendieron a llorar los sauces surge el rastro de tus pestañas y el borde de tus labios. Yo, sándalo anhelo ungirte.

Siempre al caer de la tarde. Yo, solitario en la sombra, mirando el final del valle. Oyendo la voz del río que jamás cambia de cauce. Yo, solitario en la sombra, sintiéndome otra vez niño, volviendo a ser el de antes. Un aro azul distendido, que va enredando el paisaje. Un globo en el infinito del espacio inenarrable. Yo, solitario en la sombra, no sé si acaso perdido y sin volver a encontrarme. Oyendo el agua del río, mirando el final del valle. Olvidando a algún amigo, sin despedir los que parten. Yo, solitario en la sombra, por fin un […]

I Yo, tú, los árboles perfectamente juiciosos entre el día y la noche las calles blancas largas dóciles desatándonos llenas de ti, llenas de mí quitándonos el polvo. II Dejé de besar de silbar al lunajero de tus pies para que nada interrumpa, me interrumpa tu carrera tantas veces proscrita Equivocadas entre sexta y nona emigran ocasiones llevándonos de en medio lo que más queríamos. III No desentrañamos aquellas vertientes que trajeron la sal cuando pensabas, cuando pensaba sembrar sembrar sembrar eternamente pasajeros felices, trenes novísimos caminos, tildes, radios, señales; dibujos olorosos a jabón, paisajes sin límites y la espina […]