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Hundirme en tu belleza tan hondo, tan en ti que yo perezca en tu caricia, que ni el agua de mis ojos o el silencio mismo sean más que tu piel. Soledad, milagro de tu frente, en ti se advierte el ciervo que dormita en el claro del bosque y de pronto se pierde entre la yerba. Qué más quisiera yo: ser ese ciervo, entrar en tu piel como en un bosque y escuchar el silencio del amor.

Aquí el noray y la maroma simulando inútil horca -él es hierro, ella soga- Luego el bote al albedrío del agua por la luz rota; breves lomas de carbón y pluralidad de boyas. Cerca remendadoras de redes que sutiles trampas tejen; culonas popas de barcos solemnemente bautizados; costillares de la grúa quietos sobre una falúa. Más allá, borrosos por la bruma densa los urbanos almacenes, tejados: ásperos tinglados fabriles y enhiestas chimeneas -de una brota improvisado chorro de humo que aletea- El moribundo día deja caer el telón de sus párpados en la móvil luz del agua. Desdibújanse nubes compactas […]

decir ahí es una flor difícil decir ahí es pintar todo de pájaro decir ahí es estar atraído por la palabra áspera cardo y por el cardenal cardenal decir ahí es decir todo de nuevo y empezar por el caballo: el caballo está solo ahora está solo no hay ahora oscuro no hay ahora de silencio no hay ahora de palabra no hay ahora de silencio contra la pared: el caballo está solo es decir está negro saltó por encima de la blanca purísima realidad el caballo está ahí fuga por las hendiduras del día florescencia como la luna fluye […]

Es el amor… ése es el amor Ay ése es el amor… Ay ése es el amor que hemos llorado tanto… se largan los ríos que se aman… partiendo Cauce abajo… arrojándose sobre las praderas que lloraban mirándose… Nosotros somos las montañas que lloraron mirándose dicen los ríos que las llamaban… arrastrándolas Borrascosos… tras las largas praderas que los vientos subían… Quiénes nos subieron el dolor de esas montañas se van diciendo las inmensas praderas del cielo… Somos todos los pastos de este mundo les contestan largándose los ríos que se aman… abiertos… tirados… rompiéndose

"A Manuel A. Benítez Reyes Hay una geografía de la mente, Hay paisajes nocturnos, igual que territorios en donde un sol dichoso eterniza. Hay países…

-Las tortillas de maíz no me saben a nada, madre. Los níqueles no me sirven de nada, madre. El traje nuevo no me alegra nada, madre. Nada me sirve de nada porque soy un niño negro. -¡Pero si estás hecho de miel y leche, hijo! -¿De miel negra, madre? -¡No! De miel… -¿De leche negra, madre? -¡No! De leche… -Aprendí a leer y de nada me sirve, madre. Aprendí a escribir y de nada me sirve, madre. Aprendí a contar y de nada me sirve, madre. Nada me sirve de nada porque soy un niño negro. -¡Pero si estás hecho […]

En la luna negra de los bandoleros, cantan las espuelas. Caballito negro. ¿Dónde llevas tu jinete muerto? …Las duras espuelas del bandido inmóvil que perdió las riendas. Caballito frío. ¡Qué perfume de flor de cuchillo! En la luna negra, sangraba el costado de Sierra Morena. Caballito negro. ¿Dónde llevas tu jinete muerto? La noche espolea sus negros ijares clavándose estrellas. Caballito frío. ¡Qué perfume de flor de cuchillo! En la luna negra, ¡un grito! y el cuerno largo de la hoguera. Caballito negro. ¿Dónde llevas tu jinete muerto?

Ya el sol oculta su radiosa frente; melancólico brilla en occidente su tímido esplendor; ya en las selvas la noche inquieta vaga y entre las brisas lánguido se apaga el último cantar del ruiseñor. ¡Cuánto gozo escuchando embelesado ese tímido acento apasionado que en mi niñez oí! Al ver de lejos la arboleda umbrosa ¿cuál recuerdo, en la tarde silenciosa, la dicha que perdí! Aquí al son de las aguas bullidoras, de mi dulce niñez las dulces horas dichoso vi pasar, y aquí mil veces, al morir el día vine amante después de mi alegría dulces sueños de amor a […]

"Como atento no más a mi quimera no reparaba en torno mío, un día me sorprendió la fértil primavera que en todo el ancho campo…

Todo se nos escapa No podemos retenernos a nosotros mismos. Cada segundo pasado Nos hace un poco más mortales. Tal vez con suerte Nos conserven otros. En la memoria No se pudren los muertos. El espíritu No existirá o dejará de existir Aunque creamos en él. Sensato sería construir Nuestra habitación Al margen del tiempo. Repoblar el pasado: La tarea inútil del hombre. (Del libro inédito:Autobiografía Ampliada)