Quisiera saber por qué esta muerte al verte, adolescente rumoroso, mar dormido bajo los astros ciegos, aún constelado por escamas de sirenas, o seda que despliegan cambiante de fuegos nocturnos y acordes palpitantes, rubio igual que la lluvia, sombrío igual que la vida es a veces. Aunque sin verme desfiles a mi lado, huracán ignorante, estrella que roza mi mano abandonada su eternidad, sabes bien, recuerdo de siglos, cómo el amor es lucha donde se muerden dos cuerpos iguales. Yo no te había visto; miraba los animalillos gozando bajo el sol verdeante, despreocupado de los árboles iracundos, cuando sentí una […]
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12,749 poemasAl majestuoso río del Paraná, del doctor don Manuel de Lavardén, auditor de guerra del ejército reconquistador de Buenos Aires
Que el hombre del sueño no llegue tsé-tsé, no me vea abandonado a merced del león y sea tarde para mutar en masai y lanza, es decir: La vida! El Africa..! y no también: la mamba que todos mis atardeceres han deseado un Holland & Holland partir el cráneo del búfalo, un único balazo, un búfalo como la noche sin tam tams innecesarios contar esta hazaña en las hogueras, la carne de bronce, dialectos de la lluvia diamantes y estrellas, ni musulmán ni hebreo ni cristiano siquiera, y ríe, ríe si pudieras, y dame, un dios cualquiera: un búfalo muerto, […]
Dios mío, todos los días han sido ¿No nos ha quedado siquiera un día nuevo? MARIN SORESCU Cuando el cuerpo no podía quedaba horizontal y la carga ignorada. Aún pasado el invierno no había cómo quitar las manchas de alcanfor que marcaron el pecho buscaban adelante, hacia atrás, en los lados y el cuerpo estaba adentro. Fue cuando me trataron de la respiración y era cosa del aire.
El viejo talador de espinos para carbón de palo cuelga en el dintel de su cabaña una obstinada lámpara de querosene, y sobre la arena se extiende un semicírculo de luz hospitalaria. Este es nuestro pequeño espacio de confianza. Más allá de la sutil frontera, en la oscuridad, nos atisba la repugnante fauna que el viejo crea, los imposibles injertos de los seres del aire y la tierra y que hoy son para su propio y vivo miedo: La imaginación trabaja sola, aun en contra. La iguana sí es verdadera, aunque mítica. El viejo la decapita y la desangra sobre […]
En este poema de muertos se te murió tu padre, se murieron tu abuelo y tu siembra y se acabó la tarde en una mirada. En este poema de muertos se murió el amor de tus antiguos, se murieron tus pájaros y se calló la estrella de tu frente como un puñado de rosas enfermas. En este poema de muertos se te murió la vida, y por segunda vez se te murió la patria cuando tú te quedaste mirando como un arco iris sin color. En este poema de muertos se te partió la sangre en dos ríos azules, y […]
A Galaver Tienen algo de pájaros, mas sus espíritus delicados repelen el alpiste. Son la especie más rara en la fauna del cielo. Les dejo en el patio algodones húmedos en leche, hostias de sabores, fruta suave. Los ángeles bajan por la noche. A eces los descubro. La música de sus alas. La fruta intacta en su pulpa jugosa. El patio lleno de plumas. Los ángeles comen polvo del paraíso, granos de estrellas, dice mi mujer. Un ángel de mascota muere de hambre o de melancolía. Una lástima con alas. Tal vez esté en camino una nueva generación de ángeles […]
"Un año más. El sembrador va echando la semilla en los surcos de la tierra. Dos lentas yuntas aran, mientras pasan la nubes cenicientas ensombreciendo…
Llegó en fin a este presido inserta en El Semanario (periódico literario) la contienda del suicidio. Para matar el fastidio, por no decir otra cosa, saco mi Musa quejosa de vivir arrinconada, cómo quién saca su espada para ver si está roñosa. A todos hablar prometo sin ofender a ninguno, que a todos, uno por uno, los estimo y los respeto. A decidir no me meto quién es quién tiene razón; sólo diré mi opinión con modestia o sin modestia que suele causar molestia afectar moderación. Muchos siglos van corridos desde que hay suicidados amantes menospreciados y jugadores perdidos. Tantos […]
Despierta de caricias, aún siento por mi cuerpo corriéndome tu abrazo. Estremecido y tenue sigo andando en tu imagen. ¡Fue tan hondo de instintos mi sencillo reclamo… !De mí se huyeron horas de voluntad robusta, y humilde de razones, mi sensación dejaron. Yo no supe de edades ni reflexiones yertas. ¡Yo fui la Vida, amado! La vida que pasaba por el canto del ave y la arteria del árbol. Otras notas más suaves pude haber descorrido, pero mi anhelo fértil no conocía de atajos: me agarré a la hora loca, y mis hojas silvestres sobre ti se doblaron. Me solté […]
"Y yo canto al cielo que hay en ti, ungido de luna; recuerda en la noche cuando el mundo rodó al mar, recuerda en la…
"Esta colina de girasoles convertida en zompopero humano; estos hombres amargos con desafiantes niños sin ropas; esta sequía veranera y estas humedades que cultivan fiebres;…