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Andando el tiempo Los pies crecen y maduran Andando el tiempo Los hombres se miran en los espejos Y no se ven Andando el tiempo Zapatos de cabritilla Corriendo el tiempo Zapatos de atleta Cojeando el tiempo Con errar de cada instante y no regresar Alzando el dedo Señalando Apresurado Es el tiempo y no tiene tiempo No tengo tiempo Mostrar la libreta Todo en orden Por aquí a la aventura silencio cerrado Por allá a la descompuesta inmóvil móvil Ya llega y tarda Y se olvida Por acá con boca falsa y palabras de otra hora El pañuelo nuevo […]

(Cuadro de Ramón Gaya) Es el sitio intocado de una lujuria antigua Que tanto olvido ha vuelto finalmente sagrado La mirada entra en puntas de pies y se santigua Nada queda del viejo fragor decolorado Por el santo silencio sino la mancha ambigua Del tenue resplandor con que aún anaranjado Ya sin deseos llama fielmente intemporal Se consume el Deseo en un frágil fanal.

Gracias por todos los momentos que hemos compartido momentos llenos de sentimientos y pensamientos compartidos, sueños y anhelos, secretos, risas y lágrimas, y sobre todo, amistad. Cada preciado segundo quedará atesorado eternamente en mi corazón. Gracias por dedicarme tiempo tiempo para demostrar tu preocupación por mí, tiempo para escuchar mis problemas y ayudarme a buscarles solución, y sobre todo, tiempo para sonreir y mostrarme tu afecto. Gracias por ser lo que eres una persona maravillosa. Pude contar contigo cuando necesitaba en quien confiar y pedir consejo. Gracias a ti comencé a conocerme e incluso a apreciar lo que soy. ¿Cómo […]

Con los frutos del enebro y las hojas prenderé, amada luz mía, este crepúsculo tus labios en mis lóbregos labios de incienso. E impuestas en tus ojos mis manos serán fértiles y será la oscuridad un verso de piedra por la sangre acariciada. Feliz maridaje.

hay hombres con los ojos llenos de candados siempre cargan consigo algún secreto sórdido una estampita de bordes carcomidos y la foto borrosa de un amor sin retorno los domingos la tienden como un mantel sobre el recuerdo hacen su fiesta de un material sin brillo fumando lentos pueden ver en el humo el más fino detalle de ese rostro ganar en el alcohol la melodía innata de los héroes suspirar quebradito hasta la noche de no ser por la yegua soledad que pide piel a gritos y que le abran de una puta vez

Tú, que ibas con tu padre carpintero a la altura, Señor, a cortar abedules y hacías con tus ojos parpadear los mil ojos diminutos del hacha y con tus tiernas manos llorar a las cortezas, ten piedad por este hombre que hizo plana su vida como una mesa humilde de madera olorosa. No conoció del mundo más que su casa, pobre barco en tierra, y dio a su corazón la actitud de una silla en espera de todos los cansancios. Guía, Señor, sus pies por los bosques del cielo y hazle encontrar sus muebles de madera más adictos que perros […]

La palabra acampando sobre las ráfagas del acto Las arterias del sueño y sus fosforescencias y su fósforo y su esencia las arte-risas del sueño El alma vórtice del fuego vértice del juego El corazón sus incesantes danzas sus lanzas acezantes su compás de carne marcando a sombraluz el tiempo de la voz y de la hoz definitivas Los alcances del aire más los dedos de otros aires precipitándose por los abismos sin fin La locura y sus caricias rojas y su cópula frenética sobre las ascuas Los ojos secretos disparos en la noche Los ojos astros Los ojos antros […]

ENTRE plumas que asustan, entre noches, entre magnolias, entre telegramas, entre el viento del Sur y el Oeste marino, vienes volando. Bajo las tumbas, bajo las cenizas, bajo los caracoles congelados, bajo las últimas aguas terrestres, vienes volando. Más abajo, entre niñas sumergidas, y plantas ciegas, y pescados rotos, más abajo, entre nubes otra vez, vienes volando. Más allá de la sangre y de los huesos, más allá del pan, más allá del vino, más allá del fuego, vienes volando. Más allá del vinagre y de la muerte, entre putrefacciones y violetas, con tu celeste voz y tus zapatos húmedos, […]

Yo, continente de huesos y delirios milito al sur con la tierra, por eso afirmo que ando sobre mi larga y buena madre arrastrando un edipo que no quiero que muera. Limito al norte con un supuesto reino celeste, mi cabeza, mi corazón, -estados influyentes- no aceptan esa monarquía y sus embajadas terrenas. Mi este y mi oeste forman un espacio justo, juntando esos dos puntos puedo abrazarte.

Transformará Minerva tus cabellos en serpientes y un día al contemplarte como en un templo oscuro, con destellos, seré de piedra, para amarte.