"Son las gaviotas, amor. Las lentas, altas gaviotas. Mar de invierno. El agua gris mancha de frío las rocas. Tus piernas, tus dulces piernas, enternecen…
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12,749 poemasLa clase media se para en la esquina con sus pancartas fetiches y pudores. Propongo que le subamos el voltaje a los ojos de los cuervos -cada uno queme su efigie en el altar familiar del día lunes-. La clase media tiene blancos los ojos y sólo mira desde el ojo de la llave -sus trapos limpios, lavados en casa, y sus zapatos brillantes son sus melancólicas señales. No veo que se escape de tan amaestrada -para ella inventaron los perritos pequineses, la inflación y la paternidad responsable.
se sienta a la mesa y escribe «con este poema no tomarás el poder» dice «con estos versos no harás la Revolución» dice «ni con miles de versos harás la Revolución» dice y más: esos versos no han de servirle para que peones maestros hacheros vivan mejor coman mejor o él mismo coma viva mejor ni para enamorar a una le servirán no ganará plata con ellos no entrará al cine gratis con ellos no le darán ropa por ellos no conseguirá tabaco o vino por ellos ni papagayos ni bufandas ni barcos ni toros ni paraguas conseguirá por ellos […]
Sentada ante la rueca Helena piensa en Paris. Sus hijos crecen y Menelao dormita entre las mantas en un rincón desde donde la mira a veces. Ella hilando la rueca está pensando en Paris la hermosura y el pánico y tal vez una lágrima o un pálpito mientras el hilo corre entre sus dedos y Menelao dormita y sus hijos persiguen mariposas y Paris es un sueño que el tiempo le devuelve detenido engalanado vencedor de nada en esta dulce tarde en que Helena está hilando su recuerdo con una limpia lágrima o un pálpito.
Dura ha de ser la vida hasta el instante en que veles tu memoria en este espejo: tus labios fríos no tendrán ya refugio y en tus manos vacías abrazarás la muerte. J. L. Panero I I ¿A qué hora, en cuál de estos espejos, recuperar la imagen de aquel niño? No la imagen del niño que se peina para ir a la escuela, sino el otro que restriega los párpados y esparce los restos de otras caras contra un número. Mi corazón da pistas. Pero el vidrio, ¿me sabría orientar con vibraciones dirigidas al cuarto en que despierta? ¡O […]
Pudiera parecer, y aquí confluyen, coetáneos de la misma convulsión la cantiga y la Praça da República, la mar y el puerto, desacoplados como están en su estridencia íntima. Antes de que aterrice el avión sobre la ría habremos incendiado la ciudad y en terremoto el pulso del atlántico habrá deshecho sus calzadas. Antes que se decida el calceteiro y desafine el muecín en el violín del shopping, se habrá oxidado el velador con su epopeya camino de las Indias, más de mil veces. Antes que escampe y el sol nos desordene las victorias, y el gato emigre, y encaje […]
Hablaban con bocas de sombra, susurraban sucesos mágicos, historias de herrumbre y de musgo (no sabían que estaban muertos, y yo no quería apenarlos). Fui reconstruyendo sonidos que en el sueño significaban para interpretarlos despierto y atribuirlos a unos labios. (Quería conocer el nombre de quienes me hablaban en sueños: la rosa no olería igual si su nombre no fuese rosa.) Rescaté, lúcido y sonámbulo, los vestigios que la marea llevó a mi playa de despierto: Con ellos construiría un puente desde el soñar hasta el velar: así tendrían consistencia las palabras impronunciables que yo escuché cuando dormía, fantasmal materia […]
Si cada hora viene con su muerte si el tiempo es una cueva de ladrones los aires ya no son los buenos aires la vida es nada más que un blanco móvil usted preguntará por qué cantamos si nuestros bravos quedan sin abrazo la patria se nos muere de tristeza y el corazón del hombre se hace añicos antes aún que explote la vergüenza usted preguntará por qué cantamos si estamos lejos como un horizonte si allá quedaron árboles y cielo si cada noche es siempre alguna ausencia y cada despertar un desencuentro usted preguntará por que cantamos cantamos por […]
El país no existe. Después de quince años la calle natal había cambiado de nombre y las casas no sólo eran otras sino que ni siquiera conservaban sus números catastrales. Sólo la ajada fotografía de mamá con trenzas y el abuelo a su lado, existe. Mamá no peina trenzas y el abuelo murió hace cuarenta años.
¿Cómo va el mundo, Rijmenam? ¿Matan a golpes a los hutus en Ruanda todavía? Los cadáveres salían de la pantalla, medio millón de esqueletos en una semana, cómo apestaba allí con ese calor, nadie para enterrar muertos durante la fiesta de larvas. Los Salvajes de Europa han dejado la matanza, Vukovar, Sarajevo, bastante se tiñeron de sangre. ¿Chechenia? ¿Y Pakistán? ¿Y Corea del Norte? ¿Y Vietnam? El hambre en Somalia se ha pasado de moda ya, Guatemala ya no está en la lista, San Salvador parece muy, muy feliz, y Argentina, Brasil, México, volcanes, pero apagados en la miseria y […]
Ángeles con espadas custodian el aire. Un toro de sombra mugiendo en los árboles. -Madre, tengo miedo del aire. Mira las estrellas. Aún no son de nadie; ni son del Obispo ni son del Alcalde. -Madre, quiero una que hable. Patitas de cabra siguen vacilantes al osito blanco de la luna errante. -Madre, quiero un oso que baile. Pandero de harina: luna en el estanque. Las cinco cabrillas sin cesar, tocándole. -Madre, se me hielan las carnes. Floridas de escarcha ya son como panes. La aurora las dora y acorteza el aire. -Madre, no te oigo. ¡Tengo hambre! ¡Uuuuuuuh…! Duerme, […]
De la aristocracia queda todo: La buena voluntad, el amor al prójimo, las buenas maneras y el calor humano. Nosotros, los siervos, nos complacemos en copiar.