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A Sola Sierra. Mujer, te han recibido los muertos porque siempre fuiste de ellos: Te reciben con sus banderas al tope, te hacen una guarida en sus almas, y al fin aparecen, ahí están, vienen marchando, los desaparecidos de ayer, los de hoy, y te llevan en andas y repiten Sola, porque tu nombre lo aprendieron de memoria, conocieron tu rostro hace tantos años, que nadie, ni Dios, podrían confundirte a lo lejos. Mujer, todas las heridas han vuelto a su origen, ya no más, ya no más llanto sobre un hueso de los siglos, ya no más caminar por […]

Hay en las sentinas de la memoria señales de agua muerta. Derivan incompletos los recuerdos como efigies de monedas leprosas. Hay naves del pasado que adelantan el dolor de sus proas como su cáncer de labio un enfermo. Nadie se arrima al barco que navega con bandera de peste.

Si yo fuera hombre, se codearían riendo, al verme como un viejo alce doblada la frente por el peso y la ramazón de la cornamenta que -aunque invisible- todos miran, puesta por ti, en mi cabeza. Pero, como soy mujer, precisamente, la misma ven y loan unánimes, en admirativo coro, como diadema esplendorosa o aureola de santa. Virtud suprema, pues, que lleva al cielo a la mujer, aquello mismo que, al hombre, sume en infiernos de burlas y vergüenzas.

Hoja que marca el curso de la noche el filo de una esquina traicionera vendedora de historias trashumantes disueltas en la bruma. Nadie pasa a través de la muralla nadie espera ya el soplo de la brisa a las cinco de la tarde. La arena te ha poblado los recuerdos devuelve el bofetón a los alisios enciende la linterna. Ayer éramos más un ejército de desesperanzados cómplices de la noche alcohol en el paseo y 23 ramas absurdas y árboles caídos ebrios también desencantados. Ayer éramos niños de milagro escondido en los bolsillos y canción recitada como un himno. Ayer […]

Nunca entendí lo que es un laberinto hasta que cara a cara con mi mismo perfil hurgara en el espejo matutino con que me lavo el polvo y me preciso. Porque así somos más de lo que fuimos a la orilla del sol alado y fino: de sangre reja y muro bien vestidos de moho y vaho y rata amados hijos.

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí. Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para […]

Levanta el hacha este tirano. Esdrújulo, mandril y fiero. Frunce el ceño y como una rata, se esconde antes de ir al matadero. Con saña y arte de carnicero asesina al alba, a quien llama Rosa –triste-vuelo. A quien despierta a deshora, atruena y mata. Este orangután despechado lleva por armamento sus garras, se inspira en el terror y no se asusta por nada. Hunde su diabólica energía como si de un escarabajo se tratara. Luego se acojona.

"Automóvil Una cantata de bocina. Gusano de luz por la calle sombría. Los ojos relucientes bajo la noche fría. Reptil de la ciudad que raudo…

Ya no se dice oh rosa, ni apenas rosa sino con vergüenza; ¿con vergüenza a qué? ¿a exagerar unos pétalos, la hermosura de unos pétalos? Serpiente se dice en todas las lenguas, eso es lo que se dice, serpiente para traducir mariposa porque también la frágil está proscrita del paraíso. Computador se dice con soltura en las fiestas, computador por pensamiento. Lira, ¿qué será lira?, ¿hubo alguna vez algo parecido a una lira? ¿una muchacha de cinco cuerdas por ejemplo rubia, alta, ebria, levísima, posesa de la hermosura cuya transparencia bailaba? Qué canto ni canto, ahora se exige otra belleza: […]

I Amanezco entre nieblas de jabón perfumado y visito los cuartos. Allí el sueño espía entre dos pétalos pequeños y una boca perfecta sonríe quien sabe a qué duende secreto y misterioso. Y también aquel otro donde la frente pálida esconde sus abismos caminos que suelen bifurcarse y que huelen a hierbas. Después voy al encuentro de la casa más grande donde todo es afecto y modelar la vida. Donde se enseña con un grano de arena cómo formar una montaña Y es importante sentirse pájaro y leer el secreto de las nubes. II Tallar en el viento cantarle a […]