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Si tus miradas salen a vagar por las noches las mariposas negras huyen despavoridas tales son los terrores que tu belleza disemina en sus alas.

Las lluvias perfuman la soledad de las ventanas. Un apresurado ademán asciende en las manos que gritan su incomunicación. Mientras los fuegos de la lluvia chillan como un niño que perdió sus ojos. Cada gota escribe su intolerante geografía; canta una y otra vez atropelladamente. Allí rechina el asfalto en los pies, y allí es donde el hombre que soy sufre su condena ciudadana y gris.

Dilapidó en estúpidos proyectos el caudal de su ira y después miró ante sí una puerta. Fatigado, tuvo que recargarse en el dintel de sus cuarenta años antes de abrir la puerta y contemplar sus perspectivas. Más allá, el futuro o el destino – el nombre es lo de menos – le dieron a elegir varias salidas: el corazón que estalla, la ventana al vacío, el largo viaje detrás de un escritorio. Sensatamente, optó por lo primero.

La voz del mar es un clamor de furia, de paroxismo. En el temblor del agua, con espasmos de amor y de lujuria, tal vez un mito divinal se fragua. Líquidas trallas baten los cantiles; y es tan tremendo el ímpetu que azota los peñascos austeros y seniles, que su masa en esquirlas salta rota. El sol es como un ascua. Es un glorioso pastor; desde los cielos deslumbrantes, guía un blanco rebaño milagroso de magníficas olas espumantes. Mar, ¿qué quieres? Acaso en esta ruda contienda, en este rebramar sonoro, va a surgir otra vez, blanca y desnuda, de entre […]

“Encinta de sol, colmada de tu barro limpio y firme vas trasmutando mi cuerpo en viva flor que destila rocío tras tu ruta. Vegetal, el temblor de mis dedos trenza cuencas azules y transitan por tus ojos leves hiervas de fiebre y fértiles vagidos que me anuncian. Matriz plena de sol, de Ti, cuando gritas que mi cuerpo es un cáliz de substancia amanecida; de tus manos cuando aullan tus dedos y mi piel tan suave… Matriz de cauce pleno: …Ni siquiera una rosa colmaría tu abismo si este sol que te llena se perdiera en el azul de un […]

¿Estoy muerto? Esta cólera vacía que recorre los túmulos del cuerpo ¿es el florecimiento de las sombras o lodo iluminado que profana, como un frío corcel, la pubertad de los signos? Este oro mutilado que se deslíe irremisiblemente hasta alcanzar la mácula del semen, que perfora los nombres como a nubes prohibidas, ¿son mis ojos acercándose al acero? ¿son légamo urgente como el tiempo? ¿o acaso oscuridad matinal, detenida en la serena tempestad de los labios, impregnada de danza y de paciencia? Realmente, ¿estoy vivo? ¿Por qué aquí, en el eclipse de las manos, renacen las ventanas como un tenue […]

Ahora no recordamos si el pie entonces pateó una piedra o cayó de un árbol mientras jugaba para quedar ante nosotros aprisionado en esta radiografía. A pesar de no ofrecer la consistencia de la carne adherida uno imagina una hoja seca con sus nervaduras pugnando por flotar en las sombras de la placa. Porque en su vida real este pie deberá pisar en medio del amor y la desdicha, en medio de la plenitud de la tierra y del precipicio, luego de haber llegado hasta la casa del único amigo que le quede en el mundo. Y habrá de caminar […]