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Ante estas piedras súbitas mojadas por los siglos los hisopos y también por la lluvia me parece escuchar voces muertas cánticos gregorianos la fatiga- da tos de los canteros.

Jadeantes inquietos tercos púgiles de cristal Apenas unas cuantas gaviotas colocadas aquí y allá con gracia Las desnudas rodillas en la arena de una joven igual que dos pecados Cuatro detalles bastan para dejar la playa en esta hoja.

(S. XXIII a. C.) La inderogable forma de la efigie corrobora la ausencia de unos ojos, el perfil se demora, minucioso, en pulcritud de líneas y se finge un éxtasis del rey: sólo un instante de belicosa vida congregado en formas que perduran proclamando de Sargón la presencia memorable. Sé de tan regia efigie, que no cesa de reducir el tiempo a sólo un hito. ¿Habrá intuido el rey que tantos siglos apenas son un ápice en la inmensa clepsidra original, y que a su gloria daría el recio ídolo memoria?

Ni muy feliz, ni triste. Como tantas, parecerá insensible a cuanto pueda ocurrir a su lado. Cada día andará iguales calles y las mismas sombras la mirarán pasar. No habrá ninguno capaz de distinguirla de las otras, así, a primera vista. Cada día se va muriendo un poco (no comulga con esa triste rueda de molino de la moderna mística; el trabajo, rutinario y vulgar -bien lo comprende- la embrutece y anula). Y qué remedio queda. Y qué remedio. Pero yo sé que guarda intacta esa frescura y delicada del corazón ardiente y una innata, joven curiosidad. Estará sola, como […]

El 2 de septiembre del año 31 antes de Cristo Octavio (aún no era Augusto -lo sería en enero del 27) borra del mar de Actium, bajo un sol impasible, el gran sueño imperial de Cleopatra. En Mühlberg, Carlos V, el 25 de abril de 1547, desde el lecho doliente de un ataque de gota, humilla al luterano Juan Federico de Sajonia, y Wittemberg -patria de la Reforma- vuelve a poder católico. El 21 de octubre de 1805, Nelson herido ya de muerte, derrota en Trafalgar y simultánea- mente a las dos armadas enemigas. El 5 de junio de 1942, […]

Como un gigante ciego levanta el mar sus brazos cargados de esmeraldas chorreantes al cielo indiferente Círculos de gaviotas se agitan en el aire piensan sin duda huir al interior El viento muerde las banderolas gira enloquecido en torno a los cordajes y una luna muy pálida se borra lentamente sobre un rumor de árboles Y yo que voy por este largo paseo de la playa muy cerca de la arena con el mar de tu pelo temible ondeando allá lejos con las negras gaviotas de tus ojos venga y venga a gritar sin otro pensamiento que irse de mi […]

Un día me verás, en la distancia de los años ya idos, como siempre sentado en mi escritorio o dedicado a comentarte cosas. A mi lado también te verás tú, perenne niña de avizorados ojos sonrientes. Pero no seré yo, ni tu mirada tendrá el calor de antaño: serás vieja y, en torno a ti, otros niños de insondables miradas jugarán y será alegre, y habrá melancolía en tu mirada, y el tiempo habrá borrado estos momentos en que escribo un poema y me preguntas ¿juegas al ajedrez? -Estoy llorando porque sé que esto es cierto y, algún día, querrás […]

Tú no habías nacido. Todo era entonces diferente: los armarios inmensos y más dulces y encendidas las frutas. Hubo noches en blanco y temerosas, en que pudo ser resumen del mundo aquella mano sobre mi frente húmeda. (Ahora lo está siendo esa risa con que sacas punta a la situación, mientras en vano trato de imaginarme qué paredes te tocará mirar en la agonía.)

1962

Victor Botas · 2025

Dialogar mal que bien cada mañana con Cicerón y César. Descubrir el amor bajo la sacra especie del junco más flexible y la melena al viento mientras las olas mueren en la playa y es una fuga el tiempo, trepidante de twist quisiera ser y quiéreme muy fuerte amor. Tener sólo presente -sin memoria ni fábula: perfecto- como una joya inquieta entre las manos. (Allá fuera las calles de Madrid se cubrían de silenciosa nieve y yo enterraba el año y estos ojos en aquellos contrarios que no lo parecían de tan así que eran.) Ser yo mismo y no […]

Poetas: caracoles del viento. En los del mar se oye el fragor marino. En vosotros se oye el pensamiento. Un unísono canto levantino son las fuerzas del bien cuando el acento del buen amor dirige su camino. O cuando por perífrasis su aumento depende las luchas del destino que da flores de luz sólo un momento. Poetas: caracoles en un cuento que me contó de niño un peregrino. ¡Mi corazón se muere de contento!

Invierno, viejo amigo, se apaga ya tu pipa; el humo de la niebla me invade la nariz. Un lácteo sol, con tierna maternidad, disipa la hiposa tos del humo que da la bruma gris. Paterno sol de leche, la nata de la bruma flota en la fresca fronda de un árbol y, todo es una plenilunaria palpitación de espuma que invade en liros sacros la gracias de tus pies. De pronto sobre el arco de las frentes, la altura joven de toda herrumbre se pone a estar feliz. Con el rostro azulado después de la rasura mi viejo amigo explota […]

Brumoso el ideal, la carne inerte… Para otros dieron lana las vicuñas… En este invierno -macho de la muerte- ¡cuántos nos hemos de comer las uñas! Tres meses de hospital a leche cruda o terminar mendigo y en muletas. ¡Hoy esta noche dormirás desnuda mientras sse mueren de hambre los poetas! Se cuentan casos extraordinarios de los que el frío flageló siniestro; con estos casos se hacen hoy los diarios. ¡Tal vez mañana se refiera al nuestro!