La noche envuelve con su sombra fría El claustro, los salones, la portada, Y vacila la lámpara agitada De la iglesia bóveda sombría. Como triste presagio de agonía Gime el viento en la lúgubre morada, Y ondulando la yerba desecada Vago rumor entre la noche envía. De Felipe segundo, misterioso Se alza el espectro del marmóreo suelo Y vaga en el convento silencioso, Y se le escucha en infernal desvelo Crujiendo por el claustro pavoroso La seda de su negro ferreruelo.
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12,749 poemasHerido está de muerte, vacilante Y con el paso torpe y mal seguro Apoyo busca en el cercano muro Pero antes se desploma palpitante. El que en rico palacio deslumbrante Manchó el ambiente con su aliento impuro, De ajeno hogar en el recinto oscuro La negra eternidad mira delante. Se extiende sin calor la corrompida Y negra sangre que en el seno vierte de sus cárdenos labios la ancha herida, y el mundo dice al contemplarte inerte: "Escarnio a la virtud era su vida: vindicta del derecho fue su muerte’.
Cuando era niño, con pavor te oía en las puertas gemir de mi aposento; doloroso, tristísimo lamento de misteriosos seres te creía. Cuando era joven, tu rumor decía frases que adivino mi pensamiento, y cruzando después el campamento, "Patria’, tu ronca voz me repetía. Hoy te siento azotando, en las oscuras noches, de mi prisión las fuertes rejas; pero hánme dicho ya mis desventuras que eres viento, no más, cuando te quejas, eres viento si ruges o murmuras, viento si llegas, viento si te alejas.
Para mi madre y mis hermanos Nada que no tuviera el antiguo sabor de la derrota: el inútil trabajo del incendio o la mitad del bosque; la cólera tejida de la espuma -corona, un solo instante, del encaje del mar sobre la roca-, espejo aliado fue de sus acciones. Por eso sus victorias tuvieron el estrépito de lo que nace próximo al desastre: el idiota que atreve un ‘yo deseo ‘, la lluvia que se viene en el verano para encender la sed con más violencia, de la niñez el vuelo interrumpido cuando la fiesta apenas comenzaba . I A […]
De gitana los ojos; las ojeras, victoria de la noche. De renovado mármol la epidermis. Mascarones de proa, los dos pechos navegan por el mar de los sargazos entre ardidos, piratas y sedientos. Los zapatos celestes, grande y honda la herida del taconear ligero y de la falda que, igual al escote de la blusa, busca el ojo cerrado del ombligo. Y esa risa alevosa, envolvente, cantarina, chorro de luna llena en el sol con muletas de los antros. Engalanada para la sed del Viernes, tomas posesión. A los peones ordenas el trópico en un vaso y ese ron que […]
Nevó toda la noche y amanece la tierra inmaculada. Quién pudiera decir que bajo el manto prepara su verdor la primavera. Si la pureza existe, qué semejante es a la nieve: hoja blanca cedida por el mundo para probar que nada permanence.
El Sol que nos alumbra no es un sol presente: ocho minutos tarda en llegar a la Tierra. Cuando dejas la casa la hermosura prospera: tu perfume en la cama lentamente madura como un sol generoso que en presente redime la pequeña hecatombe de la alcoba desierta, la memoria viviente de dos planetas solos que entre veinte millones se encontraron.
¿Cómo he dilapidado tanto afán, amor mío? ¿Por qué tejí poemas en días ya lejanos pudriendo de silencio mi voz? La insomne palia de Penélope astuta cada vez me alejaba más y más de lo único que importaba a mi vida. Y cuando al fin llegaste arrasándolo todo, verso de carne mío más hondo que el ensueño, un himno de hermosura nos fundió para siempre en la doble y perfecta mudez de la armonía.
En toda área de paz danzaban las palabras No había una figura viva En las confusas zonas de mi historia Que una vez no se hubiera revolcado Con mi lenguaje de insaciable ardor. Así iba yo poblado Abrazado lamido mordisqueado untado Por mil viejos amores indistanciablemente Todos fieles y todos cálidamente vivos Palpados bajo aquel manto sonoro Tan sutilmente enumerado Tan sutilmente enamorado Que hacía mío todo lo de la vida mía Que yo para vivir necesitaba.
Aquél pájaro que vuela por primera vez Se aleja del nido mirando hacia atrás Con el dedo en los labios os he llamado. Yo inventé juegos de agua En la cima de los árboles. Te hice la más bella de las mujeres Tan bella que enrojecías en las tardes. La luna se aleja de nosotros Y arroja una corona sobre el polo Hice correr ríos que nunca han existido De un grito elevé una montaña Y en torno bailamos una nueva danza. Corté todas las rosas De las nubes del este Y enseñé a cantar a un pájaro de nieve […]
Mi espejo, corriente por las noches, Se hace arroyo y se aleja de mi cuarto. Mi espejo, más profundo que el orbe Donde todos los cisnes se ahogaron. Es un estanque verde en la muralla Y en medio duerme tu desnudez anclada. Sobre sus olas, bajo cielos sonámbulos, Mis ensueños se alejan como barcos. De pie en la popa siempre me veréis cantando. Una rosa secreta se hincha en mi pecho Y un ruiseñor ebrio aletea en mi dedo.
La barca se alejaba Sobre las olas cóncavas De qué garganta sin plumas brotaban las canciones Una nube de humo y un pañuelo Se batían al viento Las flores del solsticio Florecen al vacío Y en vano hemos llorado sin poder recogerlas El último verso nunca será cantado Levantando un niño al viento Una mujer decía adiós desde la playa TODAS LAS GOLONDRINAS SE ROMPIERON LAS ALAS