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El corazón se me fue donde vuestro vulto vi, e luego vos conocí al punto que vos miré; que no pudo fazer tanto, por mucho que vos cubriese, aquel vuestro negro manto, que no vos reconociese. Que debaxo se mostrava vuestra gracia y gentil aire, y el cubrir con buen donaire todo lo magnifestava; así que con mis enojos e muy grande turbación allá se fueron mis ojos do tenía el corazón.

Del color noble que a la piel vellosa De aquel animal dio naturaleza Que de corona ciñe su cabeza, Rey de las otras, fiera generosa, Vestida vi a la bella desdeñosa, Tal, que juzgué, no viendo su belleza (Según decía el color con su fiereza), Que la engendró la Libia ponzoñosa; Mas viéndola, que Alcides muy ufano Por ella en tales paños bien podía Mentir su natural, seguir su antojo, Cual ya en Lidia torció con torpe mano El huso, y presumir que se vestía Del nemeo león el gran despojo.

Sacra planta de Alcides, cuya rama Fue toldo de la yerba, fértil soto Que al tiempo mil libreas le habéis roto De frescas hojas, de menuda grama: Sed hoy testigos destas que derrama Lágrimas Licio, y deste humilde voto Que al rubio Febo hace, viendo a Cloto De su Clori romper la vital trama. Ardiente morador del sacro coro, Si libre a Clori por tus manos deja De alguna yerba algún secreto jugo, Tus aras teñirá este blanco toro, Cuya cerviz así desprecia el yugo Como el de Amor la enferma zagaleja.

"Cesa tu voz y muere sobre tus labios mi alegría. No habrá palabra que en tu piel levante ni un incierto sabor de brisa oscurecida…

Viví, y en dura piedra convertida, labrada por la mano artificiosa de Praxíteles, Niobe hermosa, vuelvo segunda vez a tener vida. A todo me dejó restituida, mas no al sentido, l’arte poderosa; que no le tuve yo, cuando furiosa los altos dioses desprecié atrevida. ¡Ay triste! Cuán en vano me consuelo, si ardiente llanto mana el mármol frío sin que mi antigua pena el tiempo cure; Pues ha querido el riguroso cielo, porque fuese perpetuo el dolor mío, que faltándome l’alma, el llanto dure.

EN las arenas de Magallanes te recogimos cansada navegante, inmóvil bajo la tempestad que tantas veces tu pecho dulce y doble desafió dividiendo en sus pezones. Te levantamos otra vez sobre los mares del Sur, pero ahora fuiste la pasajera de lo oscuro, de los rincones, igual al trigo y al metal que custodiaste en alta mar, envuelta por la noche marina. Hoy eres mía, diosa que el albatros gigante rozó con su estatura extendida en el vuelo, como un manto de música dirigida en la lluvia por tus ciegos y errantes párpados de madera. Rosa del mar, abeja más […]

"Cae la rosa, cae atravesando el agua, lenta por el cristal de sombra en que su tallo ahoga; desciende imperceptible, clara, ingrávida, pura y las…

"El mal, que en sus recursos es proficuo, jamás en vil parodia tuvo empachos: Mefistófeles es un cristo oblicuo que lleva retorcidos los mostachos. Y…

Suspende, fuentecilla, tu ligera corriente, mientras que triste lloro mis ya perdidos bienes. ¿Cuántas veces, estando en tus orillas verdes, Lisi me aseguraba su amor hasta la muerte? Aquí su diestra mano, más blanca que la nieve, en esta arena frágil escribió muchas veces: ‘Primero ha de tornarse el curso de esta fuente que a su Salicio quiere.’ Mas tus promesas, Lisi, no han sido menos leves que el papel que escogías para firmarlas siempre. Las letras se borraron por los soplos más tenues del viento, y tus promesas por lo que tú quisieres. ¡Ay, contentos soñados de prometidos bienes! […]

Gota del mar donde en naufragio lento se hunde el navío negro de una pena; gota que, rebosando, nubla y llena los ojos olvidados del contento. Grito hecho perla por el desaliento de saber que si llega a un alma ajena, ésta, sin escucharlo, le condena por vergonzoso heraldo del tormento. Piedad para esa gota, que es cual llama de la que el corazón se desahoga cual desahoga espinas una rama. Piedad para la lágrima que azoga el dolor, pues si así no se derrama, el alma, en esa lágrima se ahoga…

Cuando escribes, tu letra se parece a tu calma al colgar la ternura de la mórbida erre y al achicar los nombres hasta el mismo tamaño de la voz de retoño con que pides, preguntas. Es tu letra un riachuelo, peregrino de mares, un manantial que brota sin pedirte permiso de un oculto venero con verdades antiguas. Son amigas del orden tus graves consonantes y la vocal te nace con olor a violeta. Se desparrama un mundo en tus eses finales y todo se hace limpio cuando escribes un punto. Déjame que acurruque mi dolor en tu letra y que […]

"Tienes ojos de abismo, cabellera llena de luz y sombra, como el río que deslizando su caudal bravío, al beso de la luna reverbera. Nada…