A un tiempo dejaba el Sol Los colchones de las ondas, Y el orinal de mi alma La vasera de su choza; Él porque tres veces quiere En las tres lucientes bolas De la torre de Marruecos Ver su caraza redonda; Y ella porque sus corderos, En tanto que el Alba llora, Se longanicen las tripas De esmeraldas y de aljófar, A cuenta de los poetas Que baratan estas joyas Entre los que en avellanas Les pagan a «qué quiés, boca». De luz, pues, y de ganado Se cubre la vega toda, Y el aire de la armonía Que despide […]
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12,749 poemas"Te he visto, por el parque ceniciento que los poetas aman para llorar, como una noble sombra vagar, envuelto en tu levita larga. El talante…
Sólo en ti, Lesbia, vemos que ha perdido El adulterio la vergüenza al cielo, Pues que tan claramente y tan sin velo Has los hidalgos huesos ofendido. Por Dios, por ti, por mí, por tu marido, Que no sepa tu infamia todo el suelo: Cierra la puerta, vive con recelo, Que el pecado nació para escondido. No digo yo que dejes tus amigos, Mas digo que no es bien que sean notados De los pocos que son tus enemigos. Mira que tus vecinos, afrentados, Dicen que te deleitan los testigos De tus pecados más que tus pecados.
"El hombre sólo es completo a caballo. J. Barbey D′Aurevilly Quiero soñar contigo, rubia y alta amazona que has cruzado esta tarde mis predios sin…
Éstos, amada, son sitios vulgares en que en el ruido mundanal se asusta el alma fidelísima, que gusta de evocar tus encantos familiares. Añoro dulcemente los lugares en donde imperas cual señora justa, tu voz real y tu mirada augusta que ungieron con su gracia mis pesares. Y recuerdo que en época lejana, por tus raras virtudes milagrosas y tu amable modestia provinciana, ebrio de amor te comparó el poeta con la mejor de las piedras preciosas oculta en pobres hojas de violeta. * Tuviste, en la delicia de mi sueño, fuerza de mano que se da al caído y […]
Del dictado infantil y analfabeta torpemente llegué a la letra escrita: mesa, papel, paredes, pizarrita, jugando sin saberlo a ser poeta. Luego la tinta, es ropas indiscreta, y el lápiz que jamás se precipita, hasta que llega al fin la maquinita tartamudeando como metralleta. En la máquina eléctrica el sonido de la impresión monótona ha perdido su rítmica elocuencia personal. Ahora, ante este onírico instrumento, electrónico, mágico, me siento con algo de astronauta sideral.
XLIII Esta cabeza, cuando viva, tuvo sobre la arquitectura destos huesos carne y cabellos, por quien fueron presos los ojos que mirándola detuvo. Aquí la rosa de la boca estuvo, marchita ya con tan helados besos, aquí los ojos de esmeralda impresos, color que tantas almas entretuvo. Aquí la estimativa en que tenía el principio de todo el movimiento, aquí de las potencias la armonía. ¡Oh hermosura mortal, cometa al viento!, ¿dónde tan alta presunción vivía, desprecian los gusanos aposento?
Si ya la vista, de llorar cansada, De cosa puede prometer certeza, Bellísima es aquella fortaleza Y generosamente edificada. Palacio es de mi bella celebrada, Templo de Amor, alcázar de nobleza, Nido del Fénix de mayor belleza Que bate en nuestra edad pluma dorada. Muro que sojuzgáis el verde llano, Torres que defendéis el noble muro, Almenas que a las torres sois corona, Cuando de vuestro dueño soberano Merezcáis ver la celestial persona, Representadle mi destierro duro.
Oh piadosa pared, merecedora De que el tiempo os reserve de sus daños, Pues sois tela do justan mis engaños Con el fiero desdén de mi señora, Cubra esas nobles faltas desde ahora, No estofa humilde de flamencos paños (Do el tiempo puede más), sino, en mil años, Verde tapiz de yedra vividora; Y vos, aunque pequeño, fiel resquicio (Porque del carro del cruel destino No pendan mis amores por trofeos), Ya que secreto, sedme más propicio Que aquel que fue en la gran ciudad de Nino Barco de vistas, puente de deseos.
Tu gracia, tu valor, tu hermosura muestra de todo el cielo, retirada, como cosa que está sobre natura, ni pudiera ser vista ni pintada. Pero yo, que en el alma tu figura tengo, en humana forma abreviada, tal hice retratarte de pintura que el amor te dejó en ella estampada. No por ambición vana o por memoria tuya, o ya por manifestar mis males; mas por verte más veces que te veo. Y por solo gozar de tanto gloria, señora, con los ojos corporales, como con los del alma y del deseo.
Si a una parte miraran solamente vuestros ojos, ¿cuál parte no abrasaran? Y si a diversas partes no miraran, se helaran el ocaso o el Oriente. El mirar zambo y zurdo es delincuente; vuestras luces izquierdas lo declaran, pues con mira engañosa nos disparan facinorosa luz, dulce y ardiente. Lo que no miran ven, y son despojos suyos cuantos los ven, y su conquista da a l’alma tantos premios como enojos. ¿Qué ley, pues, mover pudo al mal jurista a que, siendo monarcas los dos ojos, los llamase vizcondes de la vista?
Si Amor entre las plumas de su nido Prendió mi libertad, ¿qué hará ahora, Que en tus ojos, dulcísima señora, Armado vuela, ya que no vestido? Entre las vïoletas fui herido Del áspid que hoy entre los lilios mora; Igual fuerza tenías siendo aurora, Que ya como sol tienes bien nacido. Saludaré tu luz con voz doliente, Cual tierno ruiseñor en prisión dura Despide quejas, pero dulcemente. Diré como de rayos vi tu frente Coronada, y que hace tu hermosura Cantar las aves, y llorar la gente.