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Si alguien sabe qué puede destruir a la muerte, qué puede cercenar su mano vengativa, venga ahora y lo diga cuando estamos a tiempo de rechazar su fuego que cada vez se aumenta. Si alguien supiera detener al tiempo lo diga en este instante. Cuando toque tu piel el daño no hay remedio; será como el aceite que se extiende y no puede volver al vaso donde estuvo. Donde vivió la rosa vivirá para siempre una raíz callada. Donde el rumor de guijas por el río silbará sólo el aire llorando por los huesos. Que nadie escuche el ruido de […]

Vos una claridad y yo una sombra E. ROSTAND Dama de las eternas palideces, con tu mirar tranquilo me pareces, irradiando destellos de pureza el hada del país de la tristeza. Eres la imagen del dolor que implora, y por eso mi pecho que te adora, al mirar tu expresión contemplativa te juzga una madona pensativa. Tú despertaste mi pasión temprana, y de mi juventud en la mañana como un ensueño bondadoso fuiste regando flores en mi senda triste. Únjame la caricia de tu mano y tus ojos que buscan el arcano báñenme con tu luz, mientras me abismo en […]

En catre de esmeraldas nace altiva la bella rosa, vanidad de Flora, y cuando en perlas le bebió a la aurora cobra en rubís del sol la luz activa. De nacarado incendio es llama viva que al prado ilustra en fe de que la adora; la luz la enciende, el sol sus hojas dora con bello nácar de que al fin la priva. Rosas, escarmentad: no presurosas anheléis a este ardor, que si autoriza, aniquila también el sol, ¡oh rosas! Naced y vivid lentas; no en la prisa os consumáis, floridas mariposas, que es anhelar arder, buscar ceniza. De púrpura […]

Herido el blanco pie del hierro breve, Saludable si agudo, amiga mía, Mi rostro tiñes de melancolía, Mientras de rosicler tiñes la nieve. Temo (que quien bien ama, temer debe) El triste fin de la que perdió el día, En roja sangre y en ponzoña fría Bañado el pie que descuidado mueve. Temo aquel fin, porque el remedio para, Si no me presta el sonoroso Orfeo Con su instrumento dulce su voz clara. ¡Mas ay, que cuando no mi lira, creo Que mil veces mi voz te revocara, Y otras mil te perdiera mi deseo!

Vos mayor en hermosura, yo el mayor enamorado; vos mayor en el estado, yo mayor en la tristura; vos sin pena y sin dolor, yo corrido de fortuna, que por vuestro gran valor como en todo sois mayor, distes más bravo dolor a mi vida que ninguna.

Verdes hermanas del audaz mozuelo Por quien orilla el Po dejastes presos En verdes ramas ya y en troncos gruesos El delicado pie, el dorado pelo, Pues entre las rüinas de su vuelo Sus cenizas bajar en vez de huesos, Y sus errores largamente impresos De ardientes llamas vistes en el cielo, Acabad con mi loco pensamiento, Que gobernar tal carro no presuma, Antes que le desate por el viento Con rayos de desdén la beldad suma, Y las reliquias de su atrevimiento Esconda el desengaño en poca espuma.

Tus lindos ojuelos me matan de amor. Ora vagos giren, o párense atentos, o miren exentos, o lánguidos miren, o injustos se aíren, culpando mi ardor, tus lindos ojuelos me matan de amor. Si al final del día emulando ardientes, alientan clementes la esperanza mía, y en su halago fía mi crédulo eror, tus lindos ojuelos me matan de amor. Si evitan arteros encontrar los míos, sus falsos desvíos me son lisonjeros. Negándome fieros su dulce favor, tus lindos ojuelos me matan de amor. Los cierras burlando, y ya no hay amores, sus flechas y ardores tu juego apagando; Yo […]

Cuando mis ojos miraron de tu cielo los dos soles, vieron tales arreboles que sin vista se quedaron. Mas por ciegos no dejaron de seguir por sus destellos, por lo que duélete de ellos, que aunque te causen enojos, son girasoles mis ojos de tus ojos soles bellos.