Sulca del mar de Amor las rubias ondas, barco de Barcelona, y por los bellos lazos navega altivo, aunque por ellos tal vez te muestres y tal vez te escondas. Ya no flechas, Amor, doradas ondas teje de sus espléndidos cabellos; tú con los dientes no le quites dellos para que a tanta dicha correspondas. Desenvuelve los rizos con decoro, los paralelos de mi sol desata, boj o colmillo de elefante moro; y en tanto que esparcidos los dilata, forma por la madeja sendas de oro antes que el tiempo los convierta en plata.
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12,749 poemasHay demasiada sombra en tus visiones, algo tiene de plácido la vida, no todo en la existencia es una herida donde brote la sangre a borbotones. La lucha tiene sombra, y las pasiones agonizantes, la ternura huida, todo lo amado que al pasar se olvida es fuente de angustiosas decepciones. Pero, ¿por qué dudar, si aún ofrecen en el remoto porvenir oscuro calmas hondas y vívidos cariños la ternura profunda, el beso puro y manos de mujer, que amantes mecen las cunas sonrosadas de los niños?
Pino esbelto y tranquilo, soledad de la tarde, tan concreto en la libre desolación del aire, tan alto cuando todo se confunde y abate y huye el sol a tu copa tibio y agonizante. Cómo me fortalece la paz de tu combate, ascensión sin fatiga, raíz honda y constante. Tu majestad envuelve el cielo sin celaje y en tu recio sosiego la tierra se complace. Mis ojos educados en tu sediento mástil ascienden y divisan la soledad más ágil, mientras sueña el silencio sin astros y sin aves como el solo decoro de tu verde ramaje. Pino esbelto y tranquilo, […]
Hurtas mi vulto y cuanto más le debe A tu pincel, dos veces peregrino, De espíritu vivaz el breve lino En los colores que sediento bebe, Vanas cenizas temo al lino breve, Que émulo del barro le imagino, A quien (ya etéreo fuese, ya divino) Vida le fió muda esplendor leve. Belga gentil, prosigue al hurto noble; Que a su materia perdonará el fuego, Y el tiempo ignorará su contextura. Los siglos que en sus hojas cuenta un roble, Árbol los cuenta sordo, tronco ciego; Quien más ve, quien más oye, menos dura.
¿Dónde está la memoria de los días que fueron tuyos en la tierra, y tejieron dicha y dolor y fueron para ti el universo? El río numerable de los años los ha perdido; eres una palabra en un índice. Dieron a otros gloria interminable los dioses, inscripciones y exergos y monumentos y puntuales historiadores; de ti sólo sabemos, oscuro amigo, que oíste al ruiseñor, una tarde. Entre los asfodelos de la sombra, tu vana sombra pensará que los dioses han sido avaros. Pero los días son una red de triviales miserias, ¿y habrá suerte mejor que ser la ceniza, de […]
Así como en la roca nunca vemos La clara flor abrirse, Entre un pueblo hosco y duro No brilla hermosamente El fresco y alto ornato de la vida. Por esto te mataron, porque eras Verdor en nuestra tierra árida Y azul en nuestro oscuro aire. Leve es la parte de la vida Que como dioses rescatan los poetas. El odio y destrucción perduran siempre Sordamente en la entraña Toda hiel sempiterna del español terrible, Que acecha lo cimero Con su piedra en la mano. Triste sino nacer Con algún don ilustre Aquí, donde los hombres En su miseria sólo saben […]
Tú cuya carne, hoy dispersión y polvo, pesó como la nuestra sobre la tierra, tú cuyos ojos vieron el sol, esa famosa estrella, tú que viniste no en el rígido ayer sino en el incesante presente, en el último punto y ápice vertiginoso del tiempo, tú que en tu monasterio fuiste llamado por la antigua voz de la épica, tú que tejiste las palabras, yú que cantaste la victoria de Brunanburh y no la atribuiste al Señor sino a la espada de tu rey, tú que con júbilo feroz cantaste, la humillación del viking, el festín del cuervo y del […]
Un desmedrado roble sin verdor que seco ayer a todos parecía, hijo del páramo y de la sequía, próxima víctima del leñador, Que era como una niña sin amor que en su esterilidad se consumía, con la lluvia de anoche ¡oh, qué alegría! ha amanecido esta mañana en flor. Yo me he quedado un poco sorprendido al contemplar en el roble florido tanta ternura de la primavera, Que roba en los jardines de la aurora, esas flores de nácar con que enflora los brazos muertos del que nada espera.
Canta en la noche, canta en la mañana, ruiseñor, en el bosque tus amores; canta, que llorará cuando tú llores el alba perlas en la flor temprana. Teñido el cielo de amaranta y grana, la brisa de la tarde entre las flores suspirará también a los rigores de tu amor triste y tu esperanza vana. Y en la noche serena, al puro rayo de la callada luna, tus cantares los ecos sonarán del bosque umbrío. Y vertiendo dulcísimo desmayo, cual bálsamo süave en mis pesares, endulzará tu acento el labio mío.
Corre arrogante un arroyo por entre peñas y riscos, que, enjaezado de perlas, es un potro cristalino. Es el pelo de su cuerpo de aljófar, tan claro y limpio, que por cogerle los pelos, le almohazan verdes mirtos. Cíñele el pecho un pretal de cascabeles tan ricos, que si no son cisnes de oro, son ruiseñores de vidrio. Bátenle el ijar sudante los acicates de espinos, y es él tan arrebatado, que da a cada paso brincos. Dalen sofrenadas peñas para mitigar sus bríos, y es hacer que labre espumas de mil esponjosos grifos. Estrellas suda de aljófar en que […]
Varia imaginación que, en mil intentos, A pesar gastas de tu triste dueño La dulce munición del blando sueño, Alimentando vanos pensamientos, Pues traes los espíritus atentos Sólo a representarme el grave ceño Del rostro dulcemente zahareño (Gloriosa suspensión de mis tormentos), El sueño (autor de representaciones), En su teatro, sobre el viento armado, Sombras suele vestir de bulto bello. Síguele; mostraráte el rostro amado, Y engañarán un rato tus pasiones Dos bienes, que serán dormir y vello.
No mueras más Oye una sinfonía para banda Volverás a amarte cuando escuches Diez trombones Con su añil claridad Entre la noche No mueras Entreteje con su añil claridad Por lo que Dios más ame Sal de las aguas Sécate Contémplate en el espejo En el cual te ahogabas Quédate en el tercer planeta Tan sólo conocido Por tener unos seres bellísimos Que emiten sonidos con el cuello Esa unión entre el cuerpo Y los ensueños Y con máquinas ingenuas Que se llevan a los labios O acarician con las manos Arte purísimo Llamado música No mueras más Con su […]