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A mi hermano Juan de Dios Peza. Cuando todo era flores tu camino, cuando todo era pájaros tu ambiente, cediendo de tu curso a la pendiente todo era en ti fugaz y repentino. Vino el invierno con sus nieblas, vino el hielo que hoy estanca tu corriente, y en situación tan triste y diferente ni aún un pálido sol te da el destino. Y así en la vida el incesante vuelo mientras que todo es ilusión, avanza en sólo una hora cuanto mide un cielo. Y cuando el duelo asoma en lontananza entonces como tú cambiada en hielo no puede […]

En aqueste enterramiento Humilde, pobre y mezquino, Yace envuelto en oro fino Un hombre rico avariento. Murió con cien mil dolores Sin poderlo remediar, Tan sólo por no gastar Ni aun gasta malos humores.

Hojas de inciertos chopos el nevado Cabello, oirá el Genil tu dulce avena, Sin invidiar al Dauro en poca arena Mucho oro de sus piedras mal limado; Y del leño vocal solicitado, Perdonará no el mármol a su vena Ocioso, mas la siempre orilla amena Canoro ceñirá muro animado. Camina, pues, oh tú, Anfión segundo, Si culto no, revocador süave Aun de los moradores del profundo; Que el Betis hoy, que en menos gruta cabe, Urna suya los términos del mundo Lagrimoso hará en tu ausencia grave.

No enfrene tu gallardo pensamiento Del animoso joven mal logrado El loco fin, de cuyo vuelo osado Fue ilustre tumba el húmido elemento. Las dulces alas tiende al blando viento, Y sin que el torpe mar del miedo helado Tus plumas moje, toca levantado La encendida región del ardimiento. Corona en puntas la dorada esfera Do el pájaro real su vista afina, Y al noble ardor desátese la cera; Que al mar, do tu sepulcro se destina, Gran honra le será, y a su ribera, Que le hurte su nombre tu ruina.

Aprendí a conocer a la inconstancia y a alargar el instante que me daba, fui viviendo a medida que llegaba el tiempo en el reloj: mágica instancia. Tiempo de arena. Tiempo detenido en mi mano alfarera que soñaba aprisionar al viento que flotaba sobre mi piel en beso convertido. Abrí los ojos. Era un nuevo día, a lo lejos el viento se mecía en la barca de un tiempo sin frontera. Ha de volver un día a mi ventana, la tarde lo traerá, talvez mañana suspendido en el hilo de mi espera.

“ del estado más sereno ” * a un costado de la autopista -miramos la extendida llanura arada/ el tramado orden mecánico -de esos surcos químicamente limpios de la apretada asfixia de yuyales y maleza/ en cuya cima las hojas -de los primeros brotes/ traspasan con firmeza la capa –del blanco rocío escarchado * “del estado más sereno” Luis de Góngora, Soneto XII.

Dentro de un santo templo un hombre honrado con grave devoción rezando estaba; sus ojos hechos fuentes, enviaba mil suspiros del pecho apasionado. Después que por gran rato hubo besado las religiosas cuentas que llevaba, con ellas el buen hombre se tocaba los ojos, boca, sienes y costado. Creció la devoción, y pretendiendo besar el suelo al fin, porque creía que mayor humildad en esto encierra, lugar pide a una vieja; ella volviendo, el ‘salvo honor’ le muestra, y le decía: ‘ Besad aquí, señor, que todo es tierra.

¿A un día de verano compararte? Más hermosura y suavidad posees. Tiembla el brote de mayo bajo el viento y el estío no dura casi nada. A veces demasiado brilla el ojo solar y otras su tez de oro se apaga; toda belleza alguna vez declina, ajada por la suerte o por el tiempo. Pero eterno será el verano tuyo. No perderás la gracia, ni la Muerte se jactará de ensombrecer tus pasos cuando crezcas en versos inmortales. Vivirás mientras alguien vea y sienta y esto pueda vivir y te dé vida. (Versión de Alejandro Araoz Fraser)

Homenaje a Lope de Vega En esta frente, Dios, en esta frente hubo un clamor de sangre rumorosa, y aquí, en esta oquedad, se abrió la rosa de una fugaz mejilla adolescente. Aquí, el pecho sutil dio su naciente gracia de flor incierta y venturosa, y aquí surgió la mano, deliciosa primicia de este brazo inexistente. Aquí el cuello de garza sostenía la alada soledad de la cabeza, y aquí el cabello undoso se vertía. Y aquí en redonda y cálida pereza, el cauce de la pierna se extendía para hallar por el pie la ligereza.

Gracias os quiero dar sin cumplimiento, Dulce fray Diego, por la dulce caja; Tal sea el ataúd de mi mortaja, Y de mis guerras tal el instrumento. Consagrad, Musas, hoy vuestro talento A la monja que almíbar tal le baja, Pues quien acabar suele en una paja Sella ahora el estómago contento. Cualquier regalo de durazno o pera Acoto suyo, si podrá un amigo Escotar un discípulo de Scoto. Confieso que de sangre entendí que era Cámara aquella, y si lo fue, yo digo Que servidor seáis, y no devoto.