Llegaste temprano al buen humor al amor cantado al amor decantado llegaste temprano al ron fraterno a las revoluciones cada vez que te arrancaban del mundo no había calabozo que te viniera bien asomabas el alma por entre los barrotes y no bien los barrotes se afojaban turbados aprovechabas para librar el cuerpo usabas la metáfora ganzúa para abrir los cerrojos y los odios con la urgencia inconsolable de quien quiere regresar al asombro de los libres le tenías ojeriza a lo prohibido a las desgarraduras para ínfula y orquesta al dedo admonitorio de algún colega exento algún apócrito buen […]
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12,749 poemasRosa de Alberti allá en el rodapié del mirador del cielo se entreabría, pulsadora del aire y prima mía, al cuello un lazo blanco de moaré. El barandal del arpa, desde el pie hasta el bucle en la nieve, la cubría. Enredando sus cuerdas, verdecía, alga en hilos, la mano que se fue. Llena de suavidades y carmines, fanal de ensueño, vaga y voladora, voló hacia los más altos miradores. ¡Miradla querubín de querubines, del vergel de los aires pulsadora. Pensativa de Alberti entre las flores!
Aut insanit homo, aut versus facit HOR., Sat. VII, lib. II Habéis de saber Que en cuitas de amor, Por una mujer Padezco dolor. Esa mujer es la luna, Que en azar de amable guerra, Va arrastrando por la tierra Mi esperanza y mi fortuna. La novia eterna y lejana A cuya nívea belleza Mi enamorada cabeza Va blanqueando cana a cana. Lunar blancura que opreso Me tiene en dulce coyunda, Y si a mi alma vagabunda La consume beso a beso, A noble cisne la iguala, Ungiéndola su ternura Con toda aquella blancura Que se le convierte en ala. […]
…por hacerme placer, me vino a dar el idolillo, el cual hice echar luego en un río. SANTA TERESA: Vida Los ídolos de cobre sobre el río pusiste en obra del amor llagado. Su casta fuera, redoble enamorado tuerce la mueca de inhumano brío. Cuando la imagen balbuciente al frío lastima su rostro, espejo despreciado, y demonio alado disfraza el poderío que es menester para no ser penado. Navega el ídolo y no se cierra, flor especial en noche eterna crece, cerca al rocío, ángel de la tierra. Y así en enojos al barro se decrece. Sólo el fuego libera […]
A J. de j. Núñez y Domínguez A mi paso y al azar te desprendiste como el fruto más profano que pudiera concederme la benévola actitud de este verano. (Blonda Sara, uva en sazón: mi apego franco a tu persona, hoy me incita a burlarme de mi ayer, por la inaudita buena fe con que creí mi sospechosa vocación, la de un levita). Sara, Sara: eres flexible cual la honda de David y contundente como el lírico guijarro del mancebo; y das, paralelamente, una tortura de hielo y una combustión de pira; y si en vértigo de abismo tu pelo […]
¿Quieres que hablemos?… Está bien… empieza: Habla a mi corazón como otros días… ¡Pero no!… ¿qué dirías? ¿Qué podrías decir a mi tristeza? No intentes disculparte… ¡todo es vano! Ya murieron las rosas en el huerto; el campo verde lo secó el verano, y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto. Amor arrepentido, ave que quieres regresar al nido al través de la escarcha y las neblinas; amor que vienes aterido y yerto, ¡donde fuiste feliz… ya todo ha muerto! ¡No vuelvas… Todo lo hallarás en ruinas! ¿A qué has venido? ¿Para qué volviste? ¿Qué buscas?… ¡Nadie habrá […]
"I ¿Quién soltó de tu pecho la impaciente paloma musical que en fuego sube? ¿Quién puso en los cristales de la nube la misma luz…
Cadena mía, ¿no sabes que me he entregado a ti? ¿por qué, entonces, no te enterneces ni te apiadas? Mi sangre fue tu bebida y ya te comiste mi carne. No aprietes los huesos. Mi hijo Abu Hasim, al verme rodeado de ti, se aparta con el corazón lastimado. Ten piedad de un niñito inocente que nunca temió tener que venir a implorarte. Ten piedad de sus hermanitas, parecidas a él y a las que has hecho tragar veneno y coliquíntida. Hay entre ellas algunas que ya se dan cuenta, y temo que el llanto las ciegue. Pero las demás […]
Deja el monte, garzón bello, no fíes Tus años dél, ni nuestras esperanzas; Que murallas de red, bosques de lanzas Menosprecian los fieros jabalíes. En sangre a Adonis, si no fue en rubíes, Tiñeron mal celosas asechanzas, Y en urna breve funerales danzas Coronaron sus huesos de alhelíes. Deja el monte, garzón; poco el luciente Venablo en Ida aprovechó al mozuelo Que estrellas pisa ahora en vez de flores. Cruel verdugo el espumoso diente, Torpe ministro fue el ligero vuelo (No sepas más) de celos y de amores.
No serán muertos los pasos del amor; vacío vino al mundo, tibio aún por el viento que lo aposentaba tan deliciosamente. Y la tibieza fue frío y el agua piedra y las sombras cuchillos y el grito, la primera vez. Lloró como nunca no fueron los muertos los pasos del amor-, pudo hablar y mentir y deslizar su vida y su alegría hasta quedar harto de leche y sueños, y olvidar y empezar a morir como todos: un día cualquiera termina el año, el sol termina y comienza todo donde una mano empieza. Su mano, su calor llegado desde del […]
Hay una corneta que flota en el cielo, muy lejos del suelo ligera y coqueta. Hay una corneta que imita a una nube: ya baja, ya sube, jamás se está quieta. Hay una corneta de vivos reflejos: parecen espejos buscando una meta. Hay una corneta, serpiente de espuma, que deja a la bruma de sueños repleta.
Mujer de inteligencia peregrina y corazón sublime de cristiana, fue más divina cuanto más humana y más humana cuanto más divina. Hasta el impío ante tu fe se inclina y adora la grandeza soberana de la egregia doctora castellana, de la santa mujer y la heroína. ¡Oh mujer! Te dará la humana historia la gloria que por sabia merecieres; mas con el mundo acabará esa gloria, que por ser terrenal no es sempiterna. ¡Tú, Teresa de Ahumada, al cabo mueres! ¡Teresa de Jesús, tú eres eterna!