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Te escribo desde un puerto. La mar salvaje llora. Salvaje, y triste, y solo, te escribo abandonado. Las olas funerales redoblan el vacío. Los megáfonos llaman a través de la niebla. La pálida corola de la lluvia me envuelve. Te escribo desolado. El alma a toda orquesta, la pena a todo trapo, te escribo desde un puerto con un gemido largo. ¡Ay focos encendidos en los muelles sin gente! ¡Ay viento con harapos de música arrastrada, campanas sumergidas y gargantas de musgo! Te escribo derrotado. Soy un hombre perdido. Soy mortal. Soy cualquiera. Recuerdo la ceniza de su rostro de […]

Tú no habías nacido. Todo era entonces diferente: los armarios inmensos y más dulces y encendidas las frutas. Hubo noches en blanco y temerosas, en que pudo ser resumen del mundo aquella mano sobre mi frente húmeda. (Ahora lo está siendo esa risa con que sacas punta a la situación, mientras en vano trato de imaginarme qué paredes te tocará mirar en la agonía.)

Un día me verás, en la distancia de los años ya idos, como siempre sentado en mi escritorio o dedicado a comentarte cosas. A mi lado también te verás tú, perenne niña de avizorados ojos sonrientes. Pero no seré yo, ni tu mirada tendrá el calor de antaño: serás vieja y, en torno a ti, otros niños de insondables miradas jugarán y será alegre, y habrá melancolía en tu mirada, y el tiempo habrá borrado estos momentos en que escribo un poema y me preguntas ¿juegas al ajedrez? -Estoy llorando porque sé que esto es cierto y, algún día, querrás […]

Cítara áurea de Apolo, a quien los dioses hicieron compañera de los regios banquetes, y ¡oh sagrada musa! que el bosque de Helicón venera, no es tiempo que reposes; alza el divino canto y la acordada voz hasta el cielo osada, con eco que supere resonante al estruendo confuso y vocería, popular alegría, y aplauso cortesano triünfante, que se escucha distante en el sangriento coso matritense, en cuya arena intrépido se planta el vencedor circense, lleno de glorias que la fama canta. Otras quiere adquirir, y así de espanto y de placer se llena la Villa que domina entrambos mundos. […]

Deja que me establezca en tu silencio. Afuera, las tinieblas liberan sus jaurías… el odio está acechando en los senderos con los hocicos fétidos de sus perras hambrientas. Puedo escuchar las zarpas de la noche deshilachando tréboles, diseminando dagas de ceniza en muslos de violetas, enterrando en muñones de rocío su dardo agudo, su desnuda greda. Aquí, junto a tu pecho, las caricias construyen un lenguaje de vértigo y hogueras que llovizna en la piel de mi ternura como sobre una copa soñolienta donde el amor se esperma de raíces, de linfa y lunas ciegas. Vamos a enarbolar esta locura […]

Phocás el campesino, hijo mío, que tienes en apenas escasos meses de vida, tantos dolores en tus ojos que esperan tantos llantos por el fatal pensar que revelan tus sienes… Tarda a venir a este dolor adonde vienes, a este mundo terrible en duelos y en espantos; duerme bajo los Ángeles, sueña bajo los Santos, que ya tendrás la Vida para que te envenenes… Sueña, hijo mío, todavía, y cuando crezcas, perdóname el fatal don de darte la vida que yo hubiera querido de azul y rosas frescas; pues tú eres la crisálida de mi alma entristecida, y te he […]

"Abrir bien los ojos y ver el malentendido en tu mirada. Las manos tirando la tierra, arrancando raíces eternamente, separando profundidades. Las yemas de los…

Esta trama es un fragmento decoroso de una absoluta circunstancia: evoco la víctima hoy desde mi escondite la observo detenidamente como si estuviera inmediata a vista de ojos Está afligida pero holgada de calma. Sabe que la miro con rareza. El fuego prematuro me alerta me turba y te confunde Le incita mi diferencia la enardece le enciende la apatía de su ánimo de joven doncella Es únicamente la decorosa esencia de la materia casta: la duda casta la razón casta que vislumbra la cercanía de la destemplanza. No no soy Dios le digo te has equivocado cualquiera se equivoca […]

… dice Durrell que la pareja es un animal bicéfalo por eso yo prefiero andar a solas con mi propio cuerpo yo se que el beso casto enloquece a las bestias haciéndolas bramar Y eso es hermoso Lo mejor sería un solo cuerpo sin cabeza un corazón radiante y bueno que pueda sublimar el recuerdo salado de las futuras lágrimas, digo cuando los cuerpos vuelvan a sus cabezas y se digan adiós Sí, inventar un espejo de cuatro dimensiones en el que reposar despiertos haciendo el amor en otro mundo.

HAY QUE PAVIMENTAR la cordillera pero no con cemento ni con sangre como supuse en 1970 hay que pavimentarla con violetas hay que plantar violetas hay que cubrirlo todo con violetas humildad igualdad fraternidad hay que llenar el mundo de violetas * EL JILGUERO CHILENO -creo yo- tiene la obligación de mantenerse en silencio mientras no recupere su libertad y no pensar en nada que no sea la libertad la puerta de la jaula actos y no palabras deliciosas o recupera su nombre de pájaro que significa amor a la libertad o se hace acreedor al de reptil el colmo […]

No podríais entenderlo. No cabía mi deseo en sus espacios, la desbordaba como a un arroyuelo. Yo, lluvia; yo, torrente. Era desolador verla desnuda, mínima y frágil, tras cada combate, exhausta y triste carne de suspiros. No bastaban sus pechos. Me clavaba las uñas en las palmas por no morder sus húmedas mejillas, delirando de hambre. La amaba de un amor ilimitado, con dolor y con vértigo. La amaba; no podríais entenderlo. (Perlas graves, sus ojos estallando entre mis dientes.)