Se iba quedando callada hasta que la sombra espesa se hizo cuerpo tuyo. ¡Ya te tengo! ¡Ya te tengo! Aquí la sombra del cuarto, piel fina, piel en mis dedos. siente, tiembla. Fina seda que palpita humanamente entre mis dedos de nieve. Mis dedos de hielo rizan tu delicada quietud, totalidad de este cuarto, corporal y muda, extensa sobre la estancia dormida. Para mis ojos azules tu negra forma se entrega, cuajada y pura, inocente, oh soledad de mi cuarto. Pero no quiero mirarte. A oscuras, paredes justas, cámara, entraña, me aprietas; te siento exacta y te amo, cerrazón de […]
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12,749 poemasHermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y profundo, sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido, llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado. No es bueno quedarse en la orilla como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca. Sino que es puro y sereno arrasarse en la dicha de fluir y perderse, encontrándose en el movimiento con que el gran corazón de los hombres palpita extendido. Como ese que vive ahí, ignoro en qué piso, y le he visto bajar por unas escaleras y adentrarse valientemente entre la multitud y perderse. La gran masa pasaba. […]
(El Enterrado) Allá en el fondo del pozo donde las florecillas donde las lindas margaritas no vacilan donde no hay viento o perfume de hombre donde jamás el mar impone su amenaza allí allí está quedo ese silencio hecho como un rumor ahogado con un puño Si una abeja si un ave voladora si ese error que no se espera nunca se produce el frío permanece El sueño en vertical hundió la tierra y ya el aire está libre Acaso una voz una mano ya suelta un impulso hacia arriba aspira a luna a calma a tibieza a ese veneno […]
(RETRATO EN REDONDO) Una sombra. Sólo una sombra justa. Sin penumbra. Un perfil. Tan sólo un crudo perfil sobre el cielo puro. Un torso. Un torso de pluma quieto, peinado de espumas. (No hay que tocarlo. Una herida, sin saberse, quedaría.) Una mano. ¿Blanca? ¿Negra? Sus dos manos verdaderas. Una frente. ¿Y los luceros? Una frente hasta vencerlos. (La noche, en comba, cerrada sobre su negra mirada.) El aire en su brazo. ¿El aire? (Una sierpe se contrae.) Gime la luz. De su boca surte, dolida, la aurora. Inagotable la vierte, Cierra los ojos, y siente. Se ha hecho ya […]
Eres hermosa como la piedra, oh difunta; Oh viva, oh viva, eres dichosa como la nave. Esta orquesta que agita mis cuidados como una negligencia, como un elegante bendecir de buen tono, ignora el vello de los pubis, ignora la risa que sale del esternón como una gran batuta. Unas olas de afrecho, un poco de serrín en los ojos, o si acaso en las sienes, o acaso adornando las cabelleras; unas faldas largas hechas de colas de cocodrilos; unas lenguas o unas sonrisas hechas con caparazones de cangrejos. Todo lo que está suficientemente visto no puede sorprender a nadie. […]
(GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER) Mueve el viento. Mueve el velo quedo. Mueve el aire. Mueve el arce. Vase. Luz sin habla. Voz callada. Clara. Sombra justa. Suena muda. Luna. Y él la escucha.
Pero es más triste todavía, mucho más triste. Triste como la rama que deja caer su fruto para nadie. Más triste, más. Como ese vaho que de la tierra exhala depués la pulpa muerta. Como esa mano que del cuerpo tendido se eleva y quiere solamente acariciar las luces, la sonrisa doliente, la noche aterciopelada y muda. Luz de la noche sobre el cuerpo tendido sin alma. Alma fuera, alma fuera del cuerpo, planeando tan delicadamente sobre la triste forma abandonada. Alma de niebla dulce, suspendida sobre su ayer amante, cuerpo inerme que pálido se enfría con las nocturnas horas […]
Confundes ese mar silencioso que adoro con la espuma instantánea del viento entre los árboles. Pero el mar es distinto. No es viento, no es su imagen. No es el resplandor de un beso pasajero, ni es siquiera el gemido de unas alas brillantes. No confundáis sus plumas, sus alisadas plumas, con el torso de una paloma. No penséis en el pujante acero del águila. Por el cielo las garras poderosas detienen el sol. Las águilas oprimen a la noche que nace, la estrujan -todo un río de último resplandor va a los mares- y la arrojan remota, despedida, apagada, […]
Lumen, lumen. Me llega cuando nacen luces o sombras, revelación. Viva. Ese camino, esa ilusión es neta. Presión que sueña que la muerte miente. Muerte, oh vida, te adoro por espanto, porque existes en forma de culata. Donde no se respira. El frío sueña con estampido – eternidad. La vida es un instante justo para decir María. Silencio. Una blancura, un rojo que no nace, ese roce de besos bajo el agua. Una orilla impasible donde rompen cuerpo u ondas, mares, o la frente.
Corazón negro. Enigma o sangre de otras vidas pasadas, suprema interrogación que ante los ojos me habla, signo que no comprendo a la luz de la luna. Sangre negra, corazón dolorido que desde lejos la envías a latidos inciertos, bocanadas calientes, vaho pesado de estío, río en que no me hundo, que sin luz pasa como silencio, sin perfume ni amor. Triste historia de un cuerpo que existe como existe un planeta, como existe la luna, la abandonada luna, hueso que todavía tiene un claror de carne. Aquí, aquí en la tierra echado entre unos juncos, entre lo verde presente, […]
Si yo fuese un niño, si yo fuese un niño, redondo, quieto y sumergido. Sumergido, no; sacado a la luz, estallado hacia fuera, exhibido en esa otra Creación donde un niño es un niño en su reino. Pero si sumergido estuve antaño, bajo las aguas de la luz que eran cielo y sus ondas, hoy no puedo sino decirlo, tomar nota, procurar explicarlo, prohibiéndome al mismo tiempo la confusión de lo que veo con lo que fue y ha sido. Todavía el hombre a veces intenta explicar un sueño, dibujando la presencia del amor, el límite del corazón y su […]
La cobra toda ojos, bulto echado la tarde (baja, nube), bulto entre hojas secas, rodeada de corazones de súbito parados. Relojes como pulsos en los árboles quietos son pájaros cuyas gargantas cuelgan, besos amables a la cobra baja cuya piel es sedosa o fría o estéril. Cobra sobre cristal, chirriante como navaja fresca que deshace a una virgen, fruta de la mañana, cuyo terciopelo aún está por el aire en forma de ave. Niñas como lagunas, ojos como esperanzas, desnudos como hojas cobra pasa lasciva mirando a su otro cielo. Pasa y repasa el mundo, cadena de cuerpos o sangres […]