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Dime, dime el secreto de tu corazón virgen, dime el secreto de tu cuerpo bajo tierra, quiero saber por qué ahora eres un agua, esas orillas frescas donde unos pies desnudos se bañan con espuma. Dime por qué sobre tu pelo suelto, sobre tu dulce hierba acariciada, cae, resbala, acaricia, se va un sol ardiente o reposado que te toca como un viento que lleva sólo un pájaro o mano. Dime por qué tu corazón como una selva diminuta espera bajo tierra los imposibles pájaros, esa canción total que por encima de los ojos hacen los sueños cuando pasan sin […]

En volandas, como si no existiera el avispero, aquí me tienes con los ojos desnudos, ignorando las piedras que lastiman, ignorando la misma suavidad de la muerte. ¿Te acuerdas? He vivido dos siglos, dos minutos, sobre un pecho latiente, he visto golondrinas de plomo triste anidadas en ojos y una mejilla rota por una letra. La soledad de lo inmenso mientras media la capacidad de una gota. Hecho pura memoria, hecho aliento de pájaro, he volado sobre los amaneceres espinosos, sobre lo que no puede tocarse con las manos. Un gris, un polvo gris parado impediría siempre el beso sobre […]

¿Qué linfa esbelta, de los altos hielos hija y sepulcro, sobre el haz silente rompe sus fríos, vierte su corriente, luces llevando, derramando cielos? ¿Qué agua orquestas bajo los mansos celos del aire, muda, funde su crujiente espuma en anchas copias y consiente, terso el diálogo, signo y luz gemelos? La alta noche su copa sustantiva -árbol ilustre- yergue a la bonanza, total su crecimiento y ramas bellas. Brisa joven de cielo, persuasiva, su pompa abierta, desplegada, alcanza largamente, y resuenan las estrellas.

cuando era pequeño se le cayó un piano en la nuca, desde ese día sus vértebras suenan cada vez que baila sobre la silla eléctrica: no muestra arrepentimiento con palabras, no entona baladas de protesta Se dedicó a grabar sonatas de guerra, percusión ósea contra tiritar de dientes. La electricidad es buena compañera dice ahora encerrado a perpetua, que enciende la tele de la paz rosada o la casa de un moderno enjambre de patrañas, enfermo el penado yace quieto, en silencio. De la música del cuerpo proviene una verdad indisoluble pero si hubiera caído una hoja filosa sobre su […]

Después anuncio: yo puedo consolarte, dejame, hacerte creer que poseo dedos de valor incalculable. Soy la madre recién nacida. Soy viento revolviendo tu cuero cabelludo o tu cuero sintético gran asistente de luces para el efecto: de cuerpo entero mi nombre.

Las cigüeñas jóvenes que llegan no ocupan nidos vacíos Van al ataque de otros hogares ocupados por familias, los arrebatan o mueren. Hijas perdidas tal vez, que vuelven a vengarse inadaptadas pajaritas de papel la mayoría, débiles. Después de muertas, renacen buenas y se ocupan de viajar cargando niños rosados, normales, niñas también. Si el llanto cesa y los bebés ríen son abandonados o el destino coloca cables de alta tensión donde queda la cigüeña como un avión de guerra o bien como una equilibrista dormida sobre la cuerda. Entonces, la bebé moquea en su última respuesta. A mí me […]

¿Qué te pica? El alma máter, pero a fuerza de miedo no fui más que un pobre padre para vos, hubiera querido altares de frutas sin carozo de flores sin centro y de carey peinecitos sin dientes para acariciar tus vellos en la dirección correcta? Ningún desperfecto hedor o aspereza irresistible y sin embargo soy un almo no calmo nada por mí mismo, insatisfecho siempre. Perdoname, puse el huevo entre mis piernas y lo que debía ser tibio, ardió como los mil demonios usurpando el aire. Máter cambiemos los roles por el amor de dos, piedras preciosas que mastico en […]

Sin que otros lo sepan ya he profanado todo lo que dictaminamos sagrado en nuestro amor y sin que vos lo escuches digo que sí, yo fui quien escupió todo reflejo que apareciera en la noche para ayudar a vernos. Quemé mis manos perdí la sensibilidad con tal de aplastar cualquier flama que osase interponerse, me gusta no verte, no verme, que te sumerjas todavía en mí pensando que el líquido es solo flujo sudor o lágrimas y no descubras que orino con sangre alrededor de mi cuerpo para proteger eso que llamo mi terreno, mil veces, he humedecido tus […]

No hay voluntad de persistir sobre este asunto No quiero hablar sobre posibles razones respecto de mi comportamiento: te acaricié como si estuviera repasando con el dorso de una mano las miguitas de la mesa hasta la palma de la mano contraria y no tengo más que amor para darte

Soplo, tiro los cuadraditos sobre el paño de la mesa y soy feliz. Generala. Mujer déspota y sumisa de la arbitrariedad. Observo los tres ases. Son míos. Poderosa canto aplasto sombreros con mi pierna corta, sonrío a la nuca de los demás concursantes. Apuesto al doce pago por el rojo y colorado! ¡Colorado el doce! Cobro. Sí, cobro, recibo, aguanto la mortaja del papel comprador. Camino sola, seria. Entro a un negocio y pregunto -¿podría darme la hora?- El vendedor me la envuelve llena de moños, la llevo. Si bien en el juego, mal en el amor -dijo un borracho […]

Tengo un problema: arranqué los ojos de mi muñeca y ya no ve. Desde el noveno piso lancé con ímpetu al patio interno de mi vecina un ojito, el izquierdo. En una alcantarilla, único ojo abierto que permite entrar a la imagen hecha cuerpo; es de saliva poderosa seduce agresiva cualquier intento de entrega externa, la convierte en interna destrucción. Allí abandoné el otro ojo que rodó como una arveja negra. Mi muñeca: muñón del alma mía no está ciega, es simple no tiene en la cara ojos y su cabeza recuerda pequeño el patio que se agiganta a gran […]

Tú pasas por la vida sin rozarla, que no te toque el hierro del esclavo que con cualquier limosna se alimenta. Tu vida es un convite para nadie, tu corazón un bote salvavidas sólo para pasajes de primera. Tu cuerpo amante vive hipotecado sobre cualquier prebenda medieval, sin embargo de sesgo me contemplas siento latir tu sangre precintada ese alazán que va a romper la cincha que se horroriza de los mausoleos y que quiere vivir, a tu pesar.