Todos los poemas

Explora, filtra y descubre poemas por emoción, tema, longitud o movimiento.

12,749 poemas
Mostrando 12,749 poemas

Cercenadme esta voz donde anida la estrella. Cercenadme esta luz, esta naciente albura. No dejéis que mi aliento surja de su maraña más límpido que nunca. Ni el gesto de muchacha que se sorprende libre, ni este duro clamor, esta palabra impura. Apiadaos. Derribadme sobre esta fe creciente que mis ojos declaran ahora que aún resbala por mi mundo la duda. Devolvedme aquel aire de niñez oprimida temerosa del viento, del trueno, de la lluvia. Devolvedme a las manos que velaron el sueño de una niña encendida de rubores y frutas. Volvedme a mi silencio, por donde transitaba sumisamente dulce, […]

¿Es tu hija, verdad? la he conocido por la estrellas fugaz que hay en sus ojos, la cabeza inclinada y la madera, tan tuya, de mirar lleno de asombro. ¿Es tu hija, verdad? lo han presentido -¡desde tan hondo- unos vientos callados que dormían bajo las aguas quietas, en el pozo de los tiempos perdidos, donde guardo las hojas que cayeron de los sauces remotos. Tiene luz en la frente -tu misma luz-. Y el gesto melancólico. Tiene el cuello tan frágil como tú lo tenías y en el pelo los mismos pájaros locos. Tiene un viento de ayer entre […]

Lo peor de estar sin ti no es que tú no estés aquí, a mi lado, llenando mi espacio con tus huellas; lo peor de estar sin ti es no saber si en este preciso instante, estás pensando en mí como yo pienso, te está doliendo este dolor como a mí me duele.

Como una cinta de vídeo desgastada por el uso el recuerdo que tengo de ti ha perdido el sonido y algunas líneas. París te cubrió de tiempo, como una nevada de años que borra tus facciones y al pensar en Rue Cambon mis manos se llenan de cenizas que no logro componer y que ya no queman. Seguramente te amé. Mi naturaleza es débil como el verso y, a veces, -perdona-, confundo pasión con fuego, amor con Pablo Neruda. Es mejor olvidar el regreso, dejar que la memoria se pose rígida sobre nosotros. Nuestros labios aún se besan, sin sabernos, […]

En todos los puertos habita una prolongación de mí –ojos, piel, sístole, diástole, labios para un beso- que nace o muere cada día. Son ojos, piel, puerto, travesía, de los pequeños dioses indígenas, blancos y negros, que habitan la isla que soy ayer, hoy, mañana. Lógica insensata que encierra el universo mar; zarpa un barco su futuro es regreso.

Cada uno de nosotros encierra un barco que sueña travesías y playas y un puerto cercano donde pasar la noche. Hay latitudes que recogen nuestra infancia y curan nuestra piel de salitre con devoción de madre, hay otras latitudes que aguardan nuestra visita con piel desconocida. Hay travesías que nos conducen al horizonte que se extiende infinito ante nuestros ojos y hay otras que, sin solicitar permiso, nos regresan. Hay puertos que nos muestran la ciudad que fuimos y nos reciben con verbos que dimos por perdidos y una sonrisa, y hay puertos que nos aguardan llenos de futuro, con […]

Te desnudas frente al espejo –ciudad cansada- y caen como polvo las prendas que te visten y aquellas, invisibles, que te protegen. Te invade de repente el olor a callejón de medianoche, a vidrios rotos, a borrachos de aliento impertinente que cantan la falsedad de los años. Gritas tu cansancio bajo la ducha y van desvaneciéndose como nubes la sangre podrida, la fe de erratas que ensucia tus páginas. Te sientes nacida y al secar la piel de tanto asesinato deseas cometer de nuevo la juventud y sus pecados.

Decías unas cosas que me asustaban. En cubierta –el pelo ondeando al viento como una bandera- camino de Turquía. Hablabas distante de lo hermoso de lanzarse al mar, sentir en la piel el contacto permanente, ser distancia sin frontera. Esas cosas decías. Quise abrazarte, asustado, y tu cuerpo resbaló por la tarde como un pedazo de mar entre mis brazos.

A la orilla de la carretera hay amapolas y campesinos recogiendo fresas en una huerta cercana. Hay gravilla y margaritas, cristales rotos. Hay líneas continuas y discontinuas -a la orilla de la carretera-, hay amigos por llegar, días futuros, hay distancia y vacaciones en el mar y regresos con regalos. Hay un ramo de flores, hay amapolas. Hay líneas continuas y discontinuas, días futuros. Hay amigos que nunca llegan.

Nada merece tanto un poema como todo lo que desprendes a mi lado y aunque –posiblemente- necesites algo más sólido que las palabras en esta cuenta atrás de nuestra piel compartida, quiero que sepas que dejaré que me abras el corazón en páginas, que escupas sobre mi papel tus miserias, tu negra sombra. que dejaré que me leas por dentro y me imagines y te escribas y me inventes. que hagas de mí, sin urgencias, tu libro de cabecera.

Los recuerdos de mi infancia caminan sobre las baldosas frías de esta casa que parece enferma, arrugada como un anciano invadido de invierno que aguarda con último quejido la cálida luz de los veranos. El abandono ha invadido las paredes con alma de asesino y dibuja sobre las habitaciones una cartografía gris, húmeda que oscurece los recuerdos que apenas permanecen. Por algún vidrio roto se cuela furtivo el viento y revuelve la memoria con voz desconocida. Duele mirar esta casa, su imagen aturdida, desangrada, como nos duelen los años en los cuerpos de aquellos que nos son queridos.

Esta blanca noche de verano se desvanece lentamente hacia la nada; se desvanece y ya no volverá a ser nunca. Apenas el recuerdo podrá derribar una puerta, esculpir un espejo de sombras sobre el que dibujar -equivocadamente- tu rostro y tus manos, el acantilado aquel donde nos hicimos mar, el preciso instante en que, jóvenes y nerviosos, nos supimos, pero no retornará con él el aroma cálido de tu piel, la quietud de tus huellas sobre mis huellas, el vértigo húmedo de tus labios sobre mi boca. Ya no quedará nada; el día de mañana se alimentará de las cenizas […]