Vestía traje de lino pajizo, panamá ladeado. Recuerdo que en su mano derecha lucía un bastón con empuñadura de plata. Cada verano, los vecinos aguardábamos su llegada como aguardan las velas el viento que inventa latitudes. Paco el cubano, le llamaban. Una sonrisa torcida atravesaba su rostro de punta a punta, como un puerto carmesí que muestra a los navegantes una ciudad con la que todos sueñan. Hablaba de Cuba, del color dorado de la Habana vieja. Sus palabras se quedaban grabadas en los oídos como humo que se queda impreso en las paredes y es imborrable. Un día se […]
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12,749 poemasAquel año visitamos todos los cines de la ciudad. Fue una locura. Los miércoles hacíamos cola para ver los estrenos. Los viernes ocupábamos vacío en las duras butacas del Internacional; películas en blanco y negro, actores que lapidaban su amor en Cinemascope. Recuerdo el olor a cartón que desprendía el suelo, la lluvia de luz que inventaba tu rostro. En la oscuridad, tú y yo nos reíamos del mundo con bocas de futuro. La madrugada nos alcanzaba en el café Rivera, mientras revolvíamos películas a sorbos de café o imitábamos con torpeza alguna escena. Luego yo te acompañaba a tu […]
Tu recuerdo es un hilo del que cuelga mi vida. Sólo cinco dedos me sujetan. Qué dulce y dolorosa es, amor, la caída.
Pienso que, al fin, no sería tan difícil despojarme de tu voz, de tus manos entrelazadas en las mías como buscando entre mis dedos una promesa que nunca te hice. No resultaría tan difícil olvidar la urgencia nocturna de las sábanas, tu cuerpo y el mío como frases agitadas aguardando unos labios que las nombren, buscándonos entre sujeto y predicado un verbo que nos hiciera imprescindibles. Pienso que, al fin, no sería tan difícil dejar las cosas tal como fueron; tú y yo, en una habitación sin muebles ni pasado, aguardando el alba, desnudos, sin hacernos daño.
A veces me invade el pasado como una enredadera que oxida mis paredes y sangra lágrimas ocultas que no puedes ver ni comprender ni apaciguar. No es fácil navegar en la oscuridad, adentrarse furtivo en el pretérito y asesinar con rencor la voz de lo perdido. No te inquietes, no soy yo. Un niño llora por mis ojos.
Si Dios me diese la oportunidad de regresar a mi pasado, no guardaría tantas lágrimas ni tantos besos. Salpicaría todas las mañanas con un verso nuevo que llevarme a los labios, me dejaría navegar salvaje donde antes me atenazaba el miedo, no amagaría aquel abrazo que se perdió por siempre en lo más profundo del reproche. Invadiría más a menudo tus noches y tus sábanas, asaltaría tu sonrisa para instalar mi bandera. No te dejaría marchar jamás de mis sueños, de mis miedos, de mis derrotas. Si Dios me diese la oportunidad de regresar a mi pasado, correría hacia él […]
Te gustaba sentarte sobre una roca. Apoyabas el pecho sobre las rodillas y te cubrías del azul ilimitado del océano. Luego, te dejabas navegar como bote a la deriva. En silencio observábamos el tránsito inseguro de los barcos de pesca que se alejaban con lentitud de la costa de Cedeira. Tardábamos horas en regresar a nosotros. Bandadas de gaviotas surcaban nuestras cabezas y en el vuelo de sus alas nos dejábamos soñar por su lenguaje. Han pasado los años y la espuma de nuestros mares ya duerme en la latitud de lo perdido, pero a veces sucede que al mirarnos […]
Hay palabras que ya no decimos, que se quedan varadas entre el deseo y los labios, que se arrastran por nuestro cansancio y son espuma. Van cayendo los días sobre nosotros como una tormenta de costumbres que ha empapado de inviernos el libro que guarda nuestra ruta de regreso.
Estoy solo. Palabras, apenas, me acompañan, Su sonido crepita en mi interior como ascuas de memoria que cuentan la falsedad de los verbos que alguien grabó sobre mi frente. Han ido muriendo los instantes como una inútil sucesión de olas que alcanzan sin porqué la orilla. Y se desvanecen. Arena, polvo. Voz, viento. Hay días que se pierden en alta mar y no regresan, noches que caminan sobre cristales con los pies descalzos y dejan huellas de sangre sobre los nombres. Las palabras, al fin, de nada me protegen. Estoy solo. Mudos han quedado los rostros, como muñecos de trapo […]
A veces la gripe o la garganta venían a salvarme de un día de escuela y de un maestro con joroba que tuve. Mi madre me preparaba entonces una taza de leche caliente con miel y unas gotitas, bajaba las persianas de mi habitación con sigilo, como cuando moría alguien, y colocaba en mi mesilla un viejo transistor a pilas de color anaranjado. Una de aquellas mañanas dieron por la radio la muerte de Jonh Lennon. Yo escuché por vez primera una canción de Los Beattles, mientras la fiebre luchaba por borrarme el mundo de los ojos. Mi madre murió […]
Yo aquí, tan lejos, ocupado en llenar de piel esta cama sin calor desde hace días, odiando sin cesar a esta bombilla que, a veces, amenaza con privarme de luz, como si pudiese con ello cegarme tu recuerdo. Yo aquí, tan solo, deseando como el sol- amanecer para que la noche pase pronto, y ahogarme en el bullicio de las calles, de los cafés, de las aceras, para ver si de ese modo el orden de la rutina me arranca, al fin, tu nombre de mis labios.
Te miré a los ojos y tú respondiste a mi mirada como si ya me supieses de otro tiempo. Durante aquel instante nos amamos, nos cubrimos el uno al otro de besos, escribimos nuestros nombres sobre la arena de la playa, tuvimos miedo a perdernos y nos abrazamos, y nos hicimos promesas que perdurarían eternamente, y como el tiempo -a pesar de su ceniza- no puede borrar aquello que se ama tan apasionadamente yo aún permanezco allí, en mitad de la plazuela, mirándote a escondidas mientras me observas, perdido ya por siempre en lo más profundo y lejano de tus […]