Hay que encerrarse en la caligrafía atribuirle al nombre un número, soportar con paciencia la etiqueta y no inventar el mundo cada tarde. Hay que aceptar al general en jefe, hay que encogerse si la cama es corta. Dormir de lado si la ves estrecha, estrujarse los pies en los zapatos. Aunque conozco gente temeraria que ante la duda, caminó descalza, asimiló las deudas, perdonó los errores, le dijo adiós al general en jefe, dentro de la mejor caligrafía, y se atrevió a vivir a su manera.
Todos los poemas
Explora, filtra y descubre poemas por emoción, tema, longitud o movimiento.
12,749 poemasAndo como liberta por la calle, sin marca, sin collar y sin el nombre de mi dueño, clavado a sangre y fuego. Circulo libre por el cuerpo que amo, sin limitar el tiempo ni el espacio. ¿Necesitas mi hálito de vida, fue suficiente pagar con el impuesto de los años indefensos y tiernos, de los oscuros pozos llenos de amor a todo trance, de héroes desnudos que me amaban aún sin esperanza? Un tiempo sin cartílagos, ni huesos, que se deshace espectral y amarillo como el recuerdo de un antiguo baile. Adiós mi amo, la cinta de mi cuello, rota […]
La distancia hacia la isla se diluye un poco en los grises de la noche iluminada: es reflejo de ciudad txtrema, lleva el nombre de un indígena amable, Seattle le otorga cuerpo a las nubes. La marea sube. Pequeño es el ruido de las olas, el lamento de algún ganso o gaviota. Nada más ocurre en esta playa donde llueve lenta, apaciblemente. Dormidos los niños, los pinos retienen la mesura de una costa otoñal en tu mirada hermana mujer. para E: E: Olympia, 26/10/1989
¡Ojalá supiera encontrar el medio para estar solos, y apartar de nosotros los oídos del espía! ¡Oh maravilla! Amo estar a solas con quien viene, cuando mora en mis entrañas y en mi pecho!
¡Oh gentes!, maravillaos ¡Oh gentes!, maravillaos de lo que logra la enfermedad del amor, a hacer descender de la luna de la obscura noche desde los cielos a la tierra. Amo de tal manera que si él se separase de mí, mi corazón le seguiría.
Si no fuera porque el vino es viral del amor y el canto, juntaría sus copas y reuniría todas las causas del deseo.
En su cuarto blanco, entre blancas sábanas se ha dormido y sueña que duerme y que sueña en su cuarto blanco Se sabe soñando porque de su cuerpo a su cuerpo cae infinitamente y sin movimiento Y de pronto llega al fondo del cuerpo y entonces despierta en un cuarto rojo dentro de su sueño Sabe que despierta dentro de su sueño porque es rojo el cuarto rojo todo blanco: sábanas y cuerpo Y otra vez se duerme en su sueño y sueña que en su cuarto blanco dormido se encuentra soñando que está en un cuarto rojo donde duerme […]
En el jardín que recuerdo sopla un viento que mueve las hojas del jardín donde ahora estoy escribiendo En el jardín que imagino sopla un viento que mueve las hojas del jardín que recuerdo Y en el jardín donde ahora estoy escribiendo sopla un viento que mueve las hojas sin jardín: armisticio de fronda imaginaria y de fronda recordada pero tabmién las hojas verdes del jardín donde escribo pero también las hojas blancas en que estoy escribiendo y nace otro jardín
Para simplificar pienso en tu sexo
:dos se miran uno al otro hasta que son irreales entonces cierran los ojos y se tocan uno al otro hasta que son irreales entonces guardan los cuerpos y se sueñan uno al otro hasta que son reales que despiertan: dos se miran…
Yo soy esa muchacha que ha besado la tierra para posar los besos que le sobran. Yo soy esa muchacha que desea callando lo que se aleja siempre de su mano vacía. Blanda pulpa jugosa para mecer el aire; blando temblor intacto que una caricia anega. Sedienta y absoluta, muchacha que se besa la curva de sus hombros, que se acaricia lenta, con dolida ternura. Garganta donde canta la sagrada alegría, donde los gritos crecen de plenitud ahogados. Muchacha sola y firme que arrebatadamente crece para sí misma su vegetal milagro, cuando la tierra vuelca su prometida entrega y una […]
No pesantez de carne que se estanca, sino ligero gesto en el espacio. Curva que, prisionera, hienda el aire en el salto. Ritmo donde las alas recuperen su brío. (Los músculos se apresten a salvar los obstáculos.) Oh, senos fugitivos, detenidos en vuelo por el ineludible tallo de la cintura. Oh, cóncavas caderas, verticales al suelo. Las piernas, incendiadas, giren sobre los pasos iniciados apenas. El ritmo irá enervando la amplitud de la falda. Combos los finos brazos, enmarcando la audacia de la cabeza. Combos, en el espacio, cuando el impulso asalte la perfección del cuello y en torno a […]