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Distancias. En la vida hay distancias. El hombre emite su aliento, el limpio cristal se empaña. El hombre acerca sus labios al espejo… pero se le hiela el alma. (…Pero se le hiela el alma.) Distancias. En la vida hay distancias.

¿Dónde poner la cabeza? Me dijeron: -los pies sobre la tierra. las alas en el viento y las manos arriba! ¿Y la cabeza? Se ha tejido teorías, se ha fabricado hipótesis: -la cabeza debajo del sombrero encima de los hombros; al final del cogote; detrás del mecapal; bajo el cuchillo de la guillotina; al encuentro de un tiro de pistola; en medio de laureles; bajo la lupa de un sicoanalista. ¡pero nunca en tus manos, nunca en tu regazo, nunca en la almohada, al lado de la tuya! Y de no ser así ¿cómo justificarla? ya no es bastante sólo […]

a Luisa Ackermann Como yo del amor me entrego a la corriente y sumerjo, en las aguas a que me he abandonado, mi corazón, y estrecho contra mí, locamente, un ser idolatrado. Yo sé que sólo estrecho como una quebradiza forma, que puede helarse de pronto, sombra vana, y que ese corazón de llama y ceniza será polvo mañana. Y que no saldrá nada. Ni una chispa siquiera que se huya a esa mansión romántica imposible… Polvo no más, y acaso una piedra ligera con la muerte impasible. Y han de venir serenos en la postrera hora cuando la carne […]

Si tuviese al justo de enemigo, sería la justicia mi enemiga. A tu lado en el campo victorioso y junto a ti estaré cuando el fracaso. Tus palabras tendrán tumba en mi oído. Celebraré el primero tu alegría. Aunque el fraude mi espada no consienta, engañaremos juntos si te place. Saquearemos juntos si lo quieres, aunque mucho la sangre me repugne. Tus reivales ya son rivales míos: mañana el mar inmenso nos espera.

Idioma vencido de tus labios: palabras muertas de nieve brotan, como almendra antigua, amenazada de males, de albas, de murmullos. Y la roca, y la arcilla, sin alas se aferran al aluvión, huyen del viento y funden su soledad en la extraña máscara: rasgos fijos del amante en la edad, imprecisa y sin tiempo, de la amada. Fuente alerta, estrella detrás de la mañana, tu cuerpo se impacienta sin tormentas y sin nadie. Arco de sol y hierba mordida porque las cenizas del vencedor urgen la agonía de la flor tenaz. Fardo de placer, que nunca soporta te vence, con […]

Yacen aquí los huesos sepultados De una amistad que al mundo será una, O ya para experiencia de fortuna O ya para escarmiento de cuidados. Nació entre pensamientos, aunque honrados, Grave al amor, a muchos importuna; Tanto que la mataron en la cuna Ojos de invidia y de ponzoña armados. Breve urna los sella como huesos, Al fin, de malograda criatura, Pero versos los honran inmortales, Que vivirán en el sepulcro impresos, Siendo la piedra Felixmena dura, Daliso el escultor, cincel sus males.

Ya de los blancos el cañón huyendo, hoy a la falda del Pichincha vine, como el sol vago, como el sol ardiente. como el sol libre. ¡Padre sol, oye!, por el polvo yace de Manco el trono; profanadas gimen tus santas aras: yo te ensalzo solo, solo, mas libre. ¡Padre sol, oye!, sobre mí la marca de los esclavos señalar no quise a las naciones; a matarme vengo, a morir libre. Hoy podrás verme desde el mar lejano, cuando comiences en ocaso a hundirte sobre la cima del volcán tus himnos cantando libre. Mañana solo, cuando ya de nuevo por […]

-Bien puedes amarme aquí, que la luna yo encendí, tú, por ti, sí, tú, por ti. -Sí, por mí. -Bien puedes besarme aquí, faro, farol farolera, la más álgida que vi. -Bueno, sí. -Bien puedes matarme aquí, gélida novia lunera del faro farolerí. -Ten. ¿Te di?