"Todo es cuestión de un segundo. Me asomo al abismo del sueño. Respiro sin trabas el aire del invierno. Me imagino el estruendo del alfiler…
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12,749 poemas(A una niña, mientras le taladran los oídos.) Llora pequeña. Te están circuncidando la belleza, llora, tus tenues agujeros de esclava pregonarán tu rol desde la sangre. Te están atando al oro para que no recuerdes ni voluntad ni inteligencia, para que seas eternamente la muñeca presa de adornos y miradas. Tus dos pétalos de rosa taladrados son el primer dolor de tu recuerdo, llora, te espera una isla de vestidos donde cada deseo te mojará las alas. Un paraíso de espejos, de tules y de encajes te da la bienvenida, tu mañana tendrá el color del maquillaje. Los focos, […]
A Luis Buñuel ¿Dónde se acaba el mar? ¿Dónde comienza el cielo? Los barcos van flotando. o remontan el vuelo? Se perdió el horizonte, en el juego mimético del cielo y de las aguas. Se fundió el movimiento, en un solo color azul, el azul quieto. Se funden los colores; se apaga el movimiento. Un solo color queda; no existe barlovento. ¿Dónde se acaba el mar? ¿Dónde comienza el cielo?
"Iba un día con su abuelo paseando un colegial y debajo de un peral halló una pera en el suelo. Mírala, cógela, muerde; mas presto…
Esta de flores, cuando no divina, Industrïosa unión, que ciento a ciento Las abejas, con rudo no argumento, En ruda sí confunden oficina, Cómplice Prometea en la rapina Del voraz fue, del lúcido elemento, A cuya luz suave es alimento Cuya luz su recíproca es ruina. Esta, pues, confusión hoy coronada Del esplendor que contra sí fomenta, Por la salud, oh Virgen Madre, erijo Del mayor Rey, cuya invencible espada En cuanto Febo dora o Cintia argenta Trompa es siempre gloriosa de tu Hijo.
Se llama Marcel Schwob. Tiene veintitrés años. Su vida ha sido plana hasta el día de hoy. Pero el relieve acecha en forma de una puta a la que lo conduce, una noche, el azar. Se llama Louise. Es frágil, menuda y enfermiza, silenciosa y abyecta. Casi no se la ve. Sólo hay terror y angustia en los inmensos ojos que le invaden la cara, dignos de Lillian Gish. En sus brazos Marcel olvida que mañana citó en la biblioteca a su amigo Villon. Se olvida hasta de Stevenson, su escritor favorito, de Shakespeare, de Moll Flanders y del Bien […]
y tus besos como el órgano de la catedral como sus tubos largos como el dejo de sus bajos tus besos hondos graves como la octava de pedales cuyas lentas vibraciones son las últimas que escucha el oído humano fértiles como el teclado de tierra y la resonancia de sus pesados temblores
La hora de los rabeles y los gatos, antiguos y silentes guardianes de las puertas del templo. Golpeas con una aldaba la entrada transparente del tiempo. Igual que un sátrapa poderoso y altivo, subes a los adarves para ver acercarse, desde los arenales suaves del horizonte, al mercader oscuro con la noche en los ojos. Las lentas caravanas con los cedros del Líbano.
Ella estaba con él… A su frente pensativa y pálida, penetrando al través de las rejas de antigua ventana de la luna naciente venían los rayos de plata, él estaba a sus pies, de rodillas, ¡perdido en las vagas visiones que cruzan en horas felices los cielos del alma! Con las trémulas manos asidas, con el mudo fervor de los que aman, palpitanto en los labios los besos, entrambos hablaban el lenguaje mudo sin voz ni palabras que en momentos de dicha suprema, tembloroso el espíritu habla… El silencio que crece… la brisa que besa las ramas, dos seres que […]
"He llegado con mis maletas en desorden -no me espera nadie. Mis pies son dos extraños los he arrastrado como perros. Un paisaje sangriento sostenido…
Yo, que fuera tu Agar, la esclava, y fuera Jezabel, arrojada a los perros de la noche y, así, fuera María -tan delicada y pura ante tus ojos- y Ruth, con una espiga de fuego entre sus manos y, aún, fuera Judith, rozando esos cabellos de Holofernes, y Salomé, bailando sin descanso; y me tomaras una y otra y cien mil veces, gritando: Oh, Jericó -al golpe clamoroso y tu trompeta no se extinguiera nunca-. Tú, que fueras, en mi profunda cueva del amor, el dolor hecho carne y coito entre los hombres.
"Seguía su soberbia el arrogante, amaba la crueldad el sanguinoso, y el avariento el oro rutilante. Era Dios la lujuria del vicioso, adoraba el ladrón…