Quisiera que mi vida se cayera en la muerte, como este chorro alto de agua bella en el agua tendida matinal; ondulado, brillante, sensual, alegre, con todo el mundo diluido en él, en gracia nítida y feliz.
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12,749 poemas¿Qué me copiaste en ti, que cuando falta en mí la imagen de la cima, corro a mirarme en ti?
En verdad, se puede decir que no es que a la persona le suceda un acontecimiento, sino que al acontecimiento le sucede una persona Dane Rudhyar, célebre astrólogo El destino deslinda las aves del alma con sus cuchillos invisibles, ah filo sin sangre en la hoja que saca de sus entrañas. Afuera de la pila bautismal, ensayamos esta noche un diluvio menor, y así separamos las formas contenidas en el éter; las cortamos, las medimos, les asignamos un color entre blanco y negro. Yo sé que el curso del río no es así, y dejo que la vida alce sus […]
Rodando a goterones solos, a gotas como dientes, a espesos goterones de mermelada y sangre, rodando a goterones, cae el agua, como una espada en gotas, como un desgarrador río de vidrio, cae mordiendo, golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del alma, rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro. Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto, un líquido, un sudor, un aceite sin nombre, un movimiento agudo, haciéndose, espesándose, cae el agua, a goterones lentos, hacia su mar, hacia su seco océano, hacia su ola sin agua. Veo el verano extenso, y un estertor saliendo […]
Yo fui estallido fuerte de la selva y el río, y voz entre dos ecos, me levanté en las cuestas. De un lado me estiraban las manos de las aguas, y del otro, prendíanme sus raíces las sierras. Cuando mi río subía su caricia silvestre en aventuras locas con el rocío y la niebla, con el mismo amor loco que impulsaba mi sueño, lejos de sorprenderlo, me hospedaba en las sierras. Pero si alguna sombra le bajaba a los ojos, me repetía en sus aguas hasta dar en la arena, y era mi grito nuevo como un tajo en el […]
Prendada estoy del aguacate. No dejo de pensar en su acuosa existencia verde, la luz vegetal balanceada en su cuerpo de fruta, convidándome la dentellada. Aún pienso en el aguacate de unos ojos que he visto.
(Alfonso Camín) Alfonso, inquisidor estrafalario: te doy mi simpatía, porque tienes un aire de murciélago y canario. Tu capa de diabólicos vaivenes brota del piso, en un conjunto doble de Venecias y de Jerusalenes. Equidistante del rosal y el roble trasnochas, y si busco en la floresta de España un bardo de hoy, tu ave en fiesta casi es la única que me contesta.
Por el número de escoriaciones del buque conocemos la cantidad de sus viajes: por las escoriaciones de nuestra piel, cuántas veces hemos amado .» Cristina Peri Rossi Había perdido el timón y las estrellas, equivocó el marino muslos con bitácoras, nacarados senos arrancó el arrecife con los labios que el alba nunca había dormido. Amanecía el buque y la sangre debatíase en escamas plateadas sobre el mar. Brazos como remos rizaban las olas, urgente por tu cuerpo el beso, la travesía era. Equinoccios de sal mordían sus ojos dejándolo ciego sonámbulo náufrago de amor y otras batallas. Sobre tu espalda […]
"Sopla la brisa sobre mi cabeza. Con flores y mariposas viene el amor a mí. Después que las flores han caído las aguas del río…
Como el viento nace del fuego su vuelo atraviesa el firmamento saeta en llamas dominio perfecto de los cielos. En ocasiones su trayecto atraviesa el sendero de los ángeles pero sus alas no se tocan, jamás se tocan.
¡Qué tienes tú que ver con las aves en cruz de los brazos abiertos! Águilas del amor que navegan espacios. Los brazos poderosos como pájaros míticos, que vuelan penitentes (el vigor constructivo inquebrantable). Fuertes, auxiliadores. Ved su cortante vuelo peregrino por atmósferas rojas. Hendiendo tempestades, rescatando a niños paranoicos, que se creyeron ángeles, subieron (alas de remolino de una ilusión endeble coloreada) a un cielo de oquedad, gimen vacío. Y ya iban a caer a un limbo de sarcasmo. Sus caras tan redondas de mejillas infladas, como gráficos vientos de barrocas cartografías azules. ¡Oh locos querubines de alas de papel […]
Aunque pudiésemos representarnos lo que es, no podríamos decirlo ni comunicarlo … Gorgias