"No. No es nacer. Ni siquiera dormir. Es soñar. Inquirir. Preguntar. No llegar hacia la puerta. Ni siquiera abrir una ventana. No. No es nacer.…
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12,749 poemas¡Ah, ese frescor en la cara de no cumplir un deber! Faltar es, positivamente, estar en el campo. ¡Qué refugio, que no se pueda tener confianza en uno! Respiro mejor ahora que ha pasado la hora de las citas. Falté a todas, con deliberación en el descuido, esperando esa gana de ir que ya sabía yo que no vendría. Soy libre frente a la sociedad organizada y vestida. Estoy desnudo, y me zambullo en el agua de mi imaginación. Es tarde para estar en cualquiera de los dos puntos donde debía estar a la misma hora, deliberadamente a la misma […]
Al Dr. Abraham I. Lis Cuánto dolor camina por la ausencia -hay tanto- grito feroz que nada nada dice ni expande y en un pequeño pliegue se escabulle -¿es grito?- -A qué sitio extraño irán las mañanas que una a una viven en el pan tostado el té y el comienzo temprano del día- El tacto en su lenguaje habla -¿de qué país regresa?- la voz en su registro emerge -dí Dios, de dónde- ninguno vio caer el rayo -mi dulce bien, fue imprescindible un rayo- de hierro el yelmo el peto y gasa en la visera. -Cuál será la […]
¡Ah, Nicaragua vos sos mi hombre con nombre de mujer! Me gustás. Me gustás en toda tu extensión de selva, de valle y montaña. Me gusta tu calor y cómo reverbera el sol en tus caminos. Me gusta tu enorme pecho verde y erizado donde oigo tronar magma y volcanes. Me gusta el ruror que repira tu cielo cuando llueve y empapa. Me gusta esa manera en que me has poseído, llenándome de grama, de dolor y de risa de los pies hasta el pelo. Estoy enamorada de vos, perdidamente enamorada y si te he dejado no es por mucho […]
Ah, que tú escapes en el instante en el que ya habías alcanzado tu definición mejor. Ah, mi amiga, que tú no querías creer las preguntas de esa estrella recién cortada, que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga. Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño, cuando en una misma agua discursiva se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos: antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados, parecen entre sueños, sin ansias levantar los más extensos cabellos y el agua más recordada. Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los […]
Toma el bordó, peregrino; como ayer a la alborada, hoy con la noche mediada has de emprender el camino. Ya de las aves el trino no alegrará tu jornada; está la noche cerrada, negro y callado el camino. Si por la senda ignorada al azar de tu destino has de caminar sin tino, ni busques ni esperes nada… hunde tu sombra cansada en la sombra del camino.
Ahí va por el camino como un ciego caracol sin cara la escritura, otrora una diáfana mirada al día, otrora un aura que el caminante amara. Amara, ¿qué es amara? La sostenida en la sutil brisa marina, la colgada por los cabellos a la realidad, reata, rea más buscada. Y la más mirada: en 1750 la miraron a los ojos, una claridad felina la sostuvo en pie sobre la piedra lisa: estaba feliz. La levedad en los ojos del levante y la caída en los ojos del poniente, luz que baja a hundirse, ¿a hundirse dónde? en la página. Rosa […]
Ahí va por el camino como un ciego caracol sin cara la escritura, otrora una diáfana mirada al día, otrora un aura que el caminante…
En la blanda cavidad de mi cuerpo ardes. En el espacio donde impera la noche tiemblas. En las sombras donde los dementes clemencia piden te arrodillas. En la profundidad del sueño roto apareces. En nombre del Maestro que llegó a salvarnos imploras. Ahí, donde el olvido a jirones llega palpitas. Ahí, donde tu memoria no tiene sosiego existo. Ahí donde el alma absorta se ciñe uno a uno yacemos juntos. Ahí donde mi corazón oprimo antes de que el llanto llegue y me avergüence te desconozco. Ahí, donde mi delgado silencio te interroga, te perdono.
Voy a tu cuerpo, agazapada, cautelosa de la mirada del miedo; verdugo que asesina a golpes de soledad. Fugitiva, arribo a tu blanda estación recorriendo a besos lentos el refugio donde desvalijo caricias que me enmohecían las manos. Hoy libre, para esconder mis rincones en tu calor y humedad y burlar al polvo: memoria de tiempos áridos. Ya no soy más espacio de dolor cuando en ti me desbordo mar.
¡Su desnudez y el mar! Ya están, plenos, lo igual con lo igual. La esperaba, desde siglos el agua, para poner su cuerpo solo en su trono inmenso. Y ha sido aquí en Iberia. La suave playa céltica se la dio, cual jugando, a la ola del verano. (Así va la sonrisa ¡amor! a la alegría) ¡Sabedlo, marineros: de nuevo es reina Venus!
Ahora que las últimas cohortes incendiaron las últimas praderas, en esta soledad de mármol roto, de lámparas extintas y de palabras yertas; sobre un polvo que fue trubuna o plinto, corona de palacio o tímpano de iglesia; mientras el odio se organiza para un asedio más, en la tormenta, contra el pavor de un reino devastado; pienso en los que vendrán -¿desde qué estepa?- a poblar estas ruinas, a erigir su arrogancia en este polvo, a confiar otra vez en estas praderas… Y, humildemente, con la ciudad caída bajo una estela. Ahora que la tierra toda cruje como una semilla […]