Lejos de Habita la que se quedó sin En su viaje de Por la miga de pan que En un año fue Cuando nada ya Y en la verja la Con listones de Caramelos no Donde la Sihuanaba se Y su aliento te Ahí distancia es Y desde entonces tu Con señales te Pues la muerte ya A la orilla de Son los Credence que a lo lejos
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12,749 poemasRemos, mareas, olas. Un murmullo impreciso perpetúa la oculta faz del imposible aliento. Una gota de sal disuelta llama sobre un pecho pretérito buscándote. Un párpado de luces diminutas donde tus dedos tocan el azogue. Un latido oxidado que penetra y lame y teje y corta claridades. Sólo existir perdido donde el agua multiplica su rostro en otras ondas…
a D… Invitación a ver lo que no veo. Desafío que ampara mis locuras. Razón de mis atléticas posturas. Todo origen si origen deseo. Premura constipada que a Teseo dirige nuevamente a las oscuras entrañas del misterio. Voz que a duras penas tiene una lengua. Mi recreo. Si rincón, el preciso; el necesario, si refugio. Verdad tan inocente que no requiere sombra ni escenario. Rastro -mujer de Lot- de tantas sales. Antiguo silo de un afán reciente. Levedad que se erige en mil finales.
Lo escribo con el calendario de los árboles y con los pasos de salvajes inocencias y con un canto primigenio hecho de semillas y miel Tiene hojas donde un río cabalga mis andares y ortografías inventadas en la palabra amor Tiene entierros madurando nuevos sueños y lluvias que reclinan en mi sangre sus ventanas Inconcluso de silencios risas y luciérnagas lo abro a la vida y de la cintura de los días nacen versos como pájaros
Los mangos en el plato como en desmesurado desierto no se asoman al tiempo. No abren sus fisuras de luz ni vibra la cerrazón de su carne, carne compacta que transcurre para nada, carne de monja. Y en la geometría del cuarto son el planeta inmóvil, la cosa oscura que no sabe de sí, de sus dorados jugos. No soñará con el mar su piel sin mirada, animales que son presa de nadie ni su destino podrá inmutarse con el roce sutil de un pensamiento no elevarán quejas al cielo ni se arrepentirán ni recordarán siempre el mismo verso no […]
En torno de una mesa de cantina, una noche de invierno, regocijadamente departían seis alegres bohemios. Los ecos de sus risas escapaban y de aquel barrio quieto iban a interrumpir el imponente y profundo silencio. El humo de olorosos cigarrillos en espirales se elevaba al cielo, simbolizando al resolverse en nada, la vida de los sueños. Pero en todos los labios había risas, inspiración en todos los cerebros, y, repartidas en la mesa, copas pletóricas de ron, whisky o ajenjo. Era curioso ver aquel conjunto, aquel grupo bohemio, del que brotaba la palabra chusca, la que vierte veneno, lo mismo […]
"El siglo esta aquí, abierto ante los ojos. Trae consigo la voz alzada, la voz nacida de la profunda América. Esa voz que a veces…
Cuando presiente el corazón la gloria de ser libre por gracia del olvido, me llegue entre la noche, como el ruido del mar en la distancia, tu memoria. Con ella viene la tenaz historia de lo que pudo ser y nunca ha sido. Arduo amor ni ganado ni perdido, batalla sin derrota y sin victoria. Cada vez que en mi mano reverdece la rama del olvido y aparece después de la tormenta la alegría, algo tuyo regresa de la nada y de nuevo destruye la dorada esperanza fugaz de un claro día.
Qué dicha no ser Basho, en cuya voz florecían tan leves los ciruelos, ni ser Beethoven con su borrasca en la frente ni Tomás Moro en el taller de Holbein. Qué dicha no tener un bungalow en Denver (Colorado) ni estar mirando desde el Fitz Roy el silencio mineral de la tarde patagónica ni oler a bajamar de Saint-Malo y estar aquí contigo, respirándote, viendo la lámpara del techo reflejada en tus ojos.
No fallen los caballos del encabalgamiento que abren los sentidos, los sentidos que se abrieron en cuatro como a Túpac Amaru. No digan los sentidos encabalgados en su locura lo contrarío a lo que quiero: la precisión del sentido, no el desbocamiento de esta falsa totalidad que presentimos, atentos a ese amargo amago de completud. Serán como una red si fallan, serán como otra red. Lo que no supe decir que no lo digan los caballos.
Hay que remodelar la casa del hombre, podarla como se poda un árbol e introducir en su material más sensible el delicado injerto de la…
Está desde siempre. Antes que la casa fuese siquiera un pensa- miento. Ha crecido desmadejada y aérea, nutriéndose de linfas sub- terráneas. Como una madre vegetal, una madre joven, sibilina, fecunda, ampara el gorjeo sexual de los gorriones en un rincón del patio y atestigua los encuentros de la señora y los gatos. Por la noche es un manchón de ceniza contra la barda y sus frutos carbones que se encienden por dentro. (Los niños trozan con los dientes el fruto que les muestra su entraña rosácea, húmeda, y giran en torno al tronco mientras meten sus lenguas en la […]