Fue mi libro de texto un amor escolar; fue una muchacha triste, la que llegó a quererme tan hondamente que dejó al pasar por sobre de mi vida, todo su atardecer. Aún de la colegiala traía la manteleta azul de las internas, allá cuando en la escueta sala de dibujo, en la gran sala, fue nuestra primera, recóndita estafeta, una violeta. Esbeltez de gacela, sabidurías de abuela, arranques de Graciela, y los dulces resabios de la escuela. Sus manos, lenidades de paloma, sus manos escolares que me empeñé en besar; sus manos que exhalaban el aroma de un lápiz acabado […]
Todos los poemas
Explora, filtra y descubre poemas por emoción, tema, longitud o movimiento.
12,749 poemasEn santa Águeda de Burgos, do juran los hijosdalgo, le toman jura a Alfonso por la muerte de su hermano; tomábasela el buen Cid, ese buen Cid castellano, sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo y con unos evangelios y un crucifijo en la mano. Las palabras son tan fuertes que al buen rey ponen espanto; -Villanos te maten, Alonso, villanos, que no hidalgos, de las Asturias de Oviedo, que no sean castellanos; mátente con aguijadas, no con lanzas ni con dardos; con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados; abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo; […]
Hoy he visto pasar a una mujer con su carga de siglos en la frente y la niebla del olvido en la mirada. Un atril de inconclusas partituras guarda voces de ciudades invisibles en mis labios se teje interminable un rosario de preguntas. (vuelos de luz bosquejos de la sangre) Esa mujer está hecha de la materia de los sueños con que se crean los territorios de la vida. (¡piedad para la sombra que perdió el sendero de la luz!)
"Va la hormiga con un retazo de amapola hacia el blando montoncito de arena. Yo soy insecto, tú eres insecto, él es insecto. ¡Ah pesada…
Mientras desciende el sol, lento como la muerte, observas a menudo esa calle donde está la escalera que conduce a la puerta de tu guarida.…
La dulce boca que a gustar convida Un humor entre perlas distilado, Y a no invidiar aquel licor sagrado Que a Júpiter ministra el garzón de Ida, Amantes, no toquéis, si queréis vida; Porque entre un labio y otro colorado Amor está, de su veneno armado, Cual entre flor y flor sierpe escondida. No os engañen las rosas que a la Aurora Diréis que, aljofaradas y olorosas Se le cayeron del purpúreo seno; Manzanas son de Tántalo, y no rosas, Que pronto huyen del que incitan hora Y sólo del Amor queda el veneno.
Tú llorarás a mares tres negros días, ya pulverizada por mi recuerdo, por mis ojos fijos que te verán llorar detrás de las cortinas de tu alcoba, sin inmutarse, como dos espinas, porque la espina es la flor de la nada. Y me estarás llorando sin saber por qué lloras, sin saber quién se ha ido: si eres tú, si soy yo, si el abismo es un beso. Todo será de golpe como tu llanto encima de mi cara vacía. Correrás por las calles. Me mirarás sin verme en la espalda de todos los varones que marchan al trabajo. Entrarás […]
Bañarse bajo la luz de un álamo Ser todo cuanto miro En el pozo del sol. Sorpresa blanca Que te acuclillas y saltas Y me lames la mano con tu llama Y mueves cabellos Pegados al rostro con lágrimas: Vete de aquí Quema la selva de arpas Y al viento que la hace gemir Porque es su amante consumado. Siempre no te vayas Sorpresa Déjame ser todo lo que miro Tus pavos irreales me interesan mucho Tus nubes que bajan sin convertirse en lluvia Me interesan a ojos vistas. Entre la inmensidad y mi estupor Tus flancos incandescen Coro de […]
Veo un sol rabioso devorado por un saltamontes en la colina que sólo la pluma fuente de la noche consigue aplacar con los negros trazos de la tormenta. Un sol loco y espumante corriendo en la colina tras de mi ojo izquierdo, saltado y de negro sombrero de copa, Donde una estrella almidonada por el cuello sirve el rubio champaña de la madrugada. Pero hay quien prefiere un mar, un mar de violetas, un mar de vino, extendiéndose ante la mirada de los grises mercaderes de la cordura. Ah el mar de vino, mi querida visión del mar de vino […]
Algo como un rumor que se despide tiembla sobre el jardín, lleva las hojas por la sombra del valle, nubes rojas y pájaros arriba. Nada impide su vuelo hacia el crepúsculo. Y el viento trae junto a las súbitas estrellas un polen de bondad, desiertas huellas del mar en rotación, el crecimiento de la tarde. Anochece. Parte el día sin dolor aparente ni alegría. Cuántas veces he oído este paisaje mudar a voluntad frente al oleaje del alba o del ocaso. Ya está oscuro el mundo. Están la noche y el futuro.
Aquel momento que flota nos toca con su misterio. Tendremos siempre el presente roto por aquel momento. Toca la vida sus palmas y tañe sus instrumentos. Acaso encienda su música sólo para que olvidemos. Pero hay cosas que no mueren y otras que nunca vivieron. Y las hay que llenan todo nuestro universo. Y no es posible librarse de su recuerdo.
“Pero también cantaste a las muchachas de boca roja como una ciruela; tus versos las pintaba azucaradas, en el balcón, soplando una candela. De sus mejillas se nutrió la gota, la sal y la pleamar de tus poemas. Sus ojos eran lámparas en noches cuando no había espejos ni luciérnagas. Ninguno, como tú, cantó al amor. Ninguno, como tú, les hizo bellas a las mujeres de redondos pechos, de pies pequeños, de rojizas mechas. Nombraste a todas: quién no tuvo turno en el elogio de tu voz contenta. Con dulces uvas de tu Chile amargo brindaste por la luz de […]