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Un auto ha arrollado a la vieja sirvienta ¡La pisó como una hoja! Era una flor del campo, toronjil, yerbabuena. En la casa hubo duelo por su muerte de plata. Esta mujer oscura de noble cepa aymara endulzaba la vida de seres y de cosas. Llena está nuestra infancia de su imagen de Mamita Copacabana; debajo de su manta de castilla siempre traía la sorpresa de frutas, empanadas o juguetes. ¡Ay dulce abuela nuestra de las macetas y del canario! Tendida en su mortaja, con unción le besamos las santas manos toscas quietas por fin del cotidiano afán. Parecían avergonzadas […]

El viento es monótono y seco. Pasan los días como los sueños y las voces, el ayer lánguido y triste. ¿Cómo escuchar tu voz en los labios del silencio? Mírame – en la inmóvil yedra- imaginándote en la calma del ocaso, bajo la luz de un cielo estrellado. Calla mi boca tu ausencia, en cada instante que pasa. Soy la linfa del caudal disperso que se oculta, en esta noche íntima, donde esquivo la orfandad del pensamiento. Dame una soledad intacta y pura, que pueda sentir la exceltitud del alma, oír tu risa en un niño jubiloso, escuchar la lluvia […]

Prefiere verse rubia de polen que llenarse de perfume. Lleva en la mirada la luz de las luciérnagas y bajo sus alas blancas, una canción de niña que arrulla a sus muñecas. Hace sonar sus piedrecillas de colores y lee mis libros con sus vocales sueltas. Cuando empieza la lluvia, llena su cuarto de sonrisas, porque caen cristales del cielo y se alfombra el suelo con charquitos. En un rincón de sueños, trae el cuento del ‘Patito Feo’ para que yo le invente paisajes de fresas con leche y nubes de azúcar, de redondas toronjas y mangos rosados. Enlaza al […]

Este día en el ascensor, la inquietud ha vedado nuestro beso. A pesar de vernos llegar sin el usual cargamento de miedos y quimeras, con los ojos de ópalo y la sed que arde en nuestros cuerpos. Estás frente a mí, como un jardín de tallos en mis venas, donde estallan flores encendidas. Ardorosa maraña de historias en este suelo de sombras y pájaros de espumas. Estas en mí, con la pompa del follaje eterno.. Déjame llenar mis labios de sonrisas, entender que mi vida esta hecha para las cumbres y no para los abismos. Quiero alejarme a la estación […]

Carta a Pulguita PULGUITA: ¿Que haces sentado dejando escapar tu vida entre pedazos de vidrio? Descubre tu rostro en el agua oscura y mira tu sonrisa por primera vez. Deja escapar tu alma de niño, entre los sueños y colorea el canto de las ranas. No hay árboles torcidos ni tristes, no hay días sin luz. Sólo tu miedo a los caminos solitarios, a las personas extrañas, a la tortura de pensar. No todos los seres humanos somos malos ni complejos. No todos arrojamos piedras a los sentimientos. Hay otros cielos que no están hechos de estrellas de papel y […]

A ese pequeño dragón que habita las calles del boulevard Los Próceres… ¿Quién deshizo tu vida con el fuego? El secreto de la piedra o el hambre… Niño moribundo en las ciudades, cuerpo desnudo que toca a nuestras puertas. Es la hora de morir entre las llamas. Es la hora de orar por el pan que no tendrás. Con la lengua apretada y seca entre tus dientes, te dolerá la cara y los ojos de tanto sostenerlos, cogerás entre tus manos una antorcha y te aguantarás el miedo. La tarde ha empezado y las llagas encienden de nuevo tus pulmones. […]

Volví a estremecer mis entrañas. Era la hora de la estrella, la hora en que llegarías a mi vida, desde un barco peregrino cargado de deseos. Era la hora y así llegaste, acariciándome el corazón con el milagro de un latido, que se llenó de asombro con mis sueños. Volví a estremecer mis entrañas y en mi vientre creció tu amor prisionero, era la hora de la estrella, la hora en que llegarías a mi vida desatando la luz en la sonrisa de los cielos. Era la hora de volar y posarte sobre mis alas, para dejarte ir en los […]

A esa pequeña que murió en el vientre de María… ¿Para qué despertar, Niña Durmiente? Entre un charco de sangre y periódicos rotos, con una madre huelepega y un letargo de cosas amargas. Ve a la blancura del sol, a las divinas horas en que se eternizan los instantes, a un cielo de sorpresas donde juegues con el mundo inocente entre tus manos. Vuela al trino, al perfume y a la primavera, canta con una guirnalda de risas y deja ya de llorar. ¿Para qué despertar Niña Durmiente? Vuelve a la blanca luna, y a los muñequitos de azúcar. Deja […]

¡Qué osadía el querer abrir los velos de la muerte!… En las hojas pálidas, y en las aves de los nidos. Idolatrando dioses de hojalata y placeres prometidos. En un jardín envenenado por flores amargas, donde el sol se apaga y los grillos repiten sus notas tristemente. Niño de miedo, procura estar quieto y silencioso, mientras lanzas a volar tu carroza de impotencia que chispea en los espacios tu reflejo. ¡Que osadía el querer abrir los velos de la muerte!… De apretarla en tus delgados brazos y acariciarle los cabellos de algas. De perseguirla hasta darle alcance y caer rendido […]

I Bésame hondo y agudo, con un amor de viva llama; con sed, intensa, fuerte. Bésame en la rasgada noche, mientras tiemblan las aves del cielo. Cíñeme a la rosa más leve, al silencio total, a la última estrella. II Quiero la trémula sombra de un ave, para oírte en el vuelo del silencio, y dormir en ti, con el beso de tu honda, en tu montaña pálida, con un poco de alas. Nocturno mar, sube silencioso hasta mis senos, déjame sentir tu paso enlazado de espumas y ser toda tuya, sobre llamas húmedas. III Hoy el alma me pesa. […]

I Bésame hondo y agudo, con un amor de viva llama; con sed, intensa, fuerte. Bésame en la rasgada noche, mientras tiemblan las aves del cielo. Cíñeme a la rosa más leve, al silencio total, a la última estrella. II Quiero la trémula sombra de un ave, para oírte en el vuelo del silencio, y dormir en ti, con el beso de tu honda, en tu montaña pálida, con un poco de alas. Nocturno mar, sube silencioso hasta mis senos, déjame sentir tu paso enlazado de espumas y ser toda tuya, sobre llamas húmedas. III Hoy el alma me pesa. […]

Me vestiré sin prisa, mientras tu luz anida en el gemido de mi pecho, encadenada a tus surcos, tus barrancos y tus selvas. Me vestiré sin prisa con la piel solitaria, hecha colina virgen y volcán en llamas. Tendré la sangre en celo encadenada a tu batalla, y tú serás vertiente y filo en el temblor de la mañana. Mecido en el aroma de una paz frondosa, beberás hasta el fondo mi conciencia. Me vestiré sin prisa, absorta frente al agua, al viento y a las rosas, en el suspiro invisible que vela mi silencio, con la alegría en los […]