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Suspiros tristes, lágrimas cansadas, Que lanza el corazón, los ojos llueven, Los troncos bañan y las ramas mueven De estas plantas, a Alcides consagradas; Mas del viento las fuerzas conjuradas Los suspiros desatan y remueven, Y los troncos las lágrimas se beben, Mal ellos y peor ellas derramadas. Hasta en mi tierno rostro aquel tributo Que dan mis ojos, invisible mano De sombra o de aire me le deja enjuto, Porque aquel ángel fieramente humano No crea mi dolor, y así es mi fruto Llorar sin premio y suspirar en vano.

Alegre es mi enfermera como viernes por la tarde o sábado en la mañana. Los deshausiados vuelven a su color al solo paladeo de su nombre. En tres letras encierra el festival de todas las campanas. No nació de la costilla de nadie, Dios preparó la harina para vestirla. La tierra deja de girar en su eje para contemplarla. A veces mi corazón se detiene para nacer de nuevo entre sus manos. Y soy feliz cuando ella pasa alegre como un trébol en su pókar de ases. Su cofia escribe la crónica de los hospitales del mundo. En su día […]

CANCIÓN DE LA SEÑORA LUISA SIGEA DE VELASCO, DECLARANDO: habui menses vacuos et noctes laboriosas, et numeravi mihi. Pasados tengo hasta aora muchos meses y largos tras un desseo en vano sostenido que tanto oy dia mejora quanto los más amargos y más deseperados e tenido; lo que en ellos sentido no puedo yo contallo; el alma allá lo cuente; mas ella no lo siente tan poco que no calle como callo; ¡oh grande sentimiento! que a vezes quita al alma el pensamiento, y quando esto acaece, según veo las señales ya creo que el remedio está cercano; la vida […]

Álamos negros junto al arroyo fresco. Álamos blancos junto al arroyo claro. Álamos blancos y negros, cogidos del brazo, van cantando al son de la brisa, por el arroyo abajo.

"Tu placer es lento y duro viene de lejos retumba en las entrañas como las sordas sacudidas de un volcán dormido hace siglos bajo la…

Todavía te busco, mujer que busco en vano, mujer que tantas veces cruzaste mi sendero, sin alcanzarte nunca cuando extendí la mano y sin que me escucharas cuando dije: «te quiero…» Y, sin embargo, espero. Y el tiempo pasa y pasa. Y ya llega el otoño, y espero todavía: De lo que fue una hoguera sólo queda una brasa, pero sigo soñando que he de encontrarte un día. Y quizás, en la sombra de mi esperanza ciega, si al fin te encuentro un día, me sentiré cobarde, al comprender, de pronto, que lo que nunca llega nos entristece menos que […]

lo espera tras la puerta, el pelo corto, a oscuras, brazos del cuerpo separados, aguarda su llegada tras el cristal y corre hacia la puerta cuando lo ve venir, quieta espera a que la abra, casi le asusta, era broma, dice, hace un tiempo que no evita esos gestos, se desliza como huyen las letras, mira con allanada expresión pero percibe cómo se escapa, querría poder hundir el rostro en él ¿somos formas cerradas o vivimos sueltos e intentan los ojos sujetarse? ¿somos presos atados a estos hilos? el delantal bordado de arabescos y flores lo sostiene (hundir el rostro […]

Ya habías alcanzado al ratón de tus axiomas ahora detenido en el reloj Ah!, mi amigo que tu no creas quererme a la hora del baño que te asuste que en tu calidad desaparezcas compañero y apaciblemente debajo de un arco quede la blancura del gato que fuiste reclinado en la sombra tenue y combada de tus miedos -nueva pista que presume la elipsis sin sentir que te llaman- que atentamente descubres el tiempo bajo el arco golpeando el mármol que eras presencia embelesada que ya no me acompaña Ahora en tu mejor postura eres redondo y feliz como la […]

De este talado tránsito del que nunca podrás vol- ver sobre tus huellas, lo verdadramente útil es el tiempo. Tal vez nunca ha tenido buena prensa por aquello de desgastar la piel y restar a los cuerpos el sabor de las frutas, la miel y la armonía. Tal vez sea posible que con las prisas llenándonos de acíbar, ol- vidamos invitarle a café y darle ánimos porque es de uso común y no cotiza en bolsa. Si lo aceptas, y le hablas de ti, porque es tu sed su sed y escribís juntos ese diario íntimo que no es cadena […]

Azul cobalto el cielo, gris la llanura de un blanco tan intenso la carretera, que hiere la retina con la blancura de la plata bruñida que reverbera. Allá lejos, muy lejos, una palmera, tras unas tapias rojas, a grande altura, como el airón flotante de una cimera, levanta su penacho de fronda oscura. Llego al lejano huerto; bajo la parra que da sombra a la escena que me imagino, resuenan los acordes de la guitarra; rompe el silencio una copla que ensalza el vino… y al monótono canto de la cigarra avanzo triste y solo por el camino.

La confesión de los poetas inunda más que el diluvio de Noé Es como decir en el buen sentido ‘El que se pique que se rasque’ Cada quien es un río interminable en un texto universal Los poetas saben estas cosas y no ignoran que detrás del cancel donde ellos exprimen sus uvas hay otros llenos de claustrofobia ensamblando su helicóptero azul