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Insoslayable para la vida, la nueva vida me amanece: es un pequeño sol con raíces que habré de regar mucho e impulsar a que juegue su propio ataque contra la cizaña. Pequeño y pobre pan de la solidaridad, bandera contra el frío, agua fresca para la sangre: elementos maternos que no deben alejarse del corazón. Y contra la melancolía, la confianza; contra la desesperación, la voz del pueblo vibrando en las ventanas de esta casa secreta. Descubrir, descifrar, articular, poner en marcha: viejos oficios de los libertadores y los mártires que ahora son nuestras obligaciones y que andan por allí […]

Nascencia en el paisaje igual a siempre y olvidado siempre, Incierto, de cenizas amarillas y dulces, Idéntico a sí mismo desde hace quién sabe cuántos vagos y ardorosos milenios, Ecuación desmedida en el preciso instante en que el grito y la sangre se confunden, Allá Cuando mi madre era más bella entonces Que todos los huertos frutecidos en el sueño con hambre de los hombres. Milagrosamente, Mi corazón de nube desató sus silencios Y mis ojos con nidos donde van y vienen mariposas y velas, Estremecieron la luz al deshojar la planta sin nombre de un recuerdo. Entonces fue, En […]

Son mis viejas raíces empolvadas la extraña clave de mi cautiverio; atada estoy al polvo y su misterio, llevo ajenas esencias ignoradas. En mis poros están ya señaladas las cicatrices de un eterno imperio; el polvo en mí ha marcado su cauterio, soy víctima de culpas olvidadas. En polvorienta forma me presiento y a las nuevas raíces sobresalto he de legar, con mi angustioso aliento. Mas conquistando el aire por asalto, nada tengo que ver con lo que siento, soy cómplice infeliz de algo más alto.

Mujeres no tan viejas como la erosión inmemorial de tus sillares, Colegiata vieja; mas sí tanto como las indefectibles viejas acuclilladas en el escalón de tu siempre ¿por qué? cerrada puerta. Fuman a veces como fieras, dando viabilidad de huída al humo su sumida desdentadura -por la forzada desdentadura de sus faltriqueras-. Agudo es el ángulo de sus rodillas porque no estiran las piernas. También su brazo se geometriza doblando el codo y la muñeca; está aquél muy al sur de la mano que, plegada, sostiene el serio sur de la cal Pueden escupir chanzas, y la ofensiva gracia, pero, […]

El amor vuelve de los abismos como un viejo milagro en nuestra edad de niños. Y nos desgarra con su voz torrencial para gritarnos que aún estamos vivos.

Quien extravió la vida al recrearla con secreta pasión, al hilo de palabras que forjaron, tal vez, su limpio emblema, vuelve a mirarte desde su cansancio, donde la luz evita esas pupilas que un antiguo fulgor encaneció. El premio es la ceguera, el abandono. Creer tocar la luz y que calcine. No la paz satisfecha que pudo confundir en otro tiempo con la sabiduría o su inminencia, cuando saber es la palabra que nombra la derrota del deseo, el temblor de unas manos en el aire.

"En la calle tomada por el frío y por los compradores de regalos cruzamos unas palabras que me recuerdan días de paciencia y desventura. Una…

Cuando el tiempo se detuvo definitivamente sobre las piernas de los que fueron muchachos, sobre las cabezas de los que fueron ídolos, sobre la habilidad que hoy es terca, no les quedó más a estos hombres fieles que juntarse semana a semana en la cancha de tierra, con todos los nietos en las galerías, con sus mujeres gordas, pero desafiantes, para patearle tiros libres a las canas, a ver si de lejos sorprendían a la muerte.

* …… Henos aquí después de padecer tu locura y tu ducha desgarradora ciegos para una eternidad que de súbito nos devora las manos y los ojos en cuyo fondo no hay preguntas * No somos sino los hijos de este tiempo llegamos cuando las grandes máquinas ya habían invadido la tierra cuando las trepidantes naves de metal perforaban el cielo y habían huido para siempre los dioses derrotados los santos derrotados el paraíso derrotado. Pero el amor era aún poderoso como la noche primera del mundo como la fuerte respiración de los que se aman. * Alaridos ahora desgarran […]