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La atormentada necesidad del agua va raptando el último agujero de sol, y de pronto las ánimas que trae el viento me despiertan las ganas de estar acompañada.

"Viene y se va, caliente de oleaje, arrastrando su gracia por mi arena. Viene y se va, dejándome la pena que, por no venir solo,…

LOS carniceros desolaron las islas. Guanahaní fue la primera en esta historia de martirios. Los hijos de la arcilla vieron rota su sonrisa, golpeada su frágil estatura de venados, y aun en la muerte no entendían. Fueron amarrados y heridos, fueron quemados y abrasados, fueron mordidos y enterrados. Y cuando el tiempo dio su vuelta de vals bailando en las palmeras, el salón verde estaba vacío. Sólo quedaban huesos rígidamente colocados en forma de cruz, para mayor gloria de Dios y de los hombres. De las gredas mayorales y el ramaje de Sotavento hasta las agrupadas coralinas fue cortando el […]

Vienes a mí, te acercas y te anuncias con tan leve rumor, que mi reposo no turbas, y es un canto milagroso cada una de las frases que pronuncias. Vienes a mí, no tiemblas, no vacilas, y hay al mirarnos atracción tan fuerte, que lo olvidamos todo, vida y muerte, suspensos en la luz de tus pupilas. Y mi vida penetras y te siento tan cerca de mi propio pensamiento y hay en la posesión tan honda calma, que interrogo al misterio en que me abismo si somos dos reflejos de un ser mismo, la doble encarnación de una sola […]

Cuando estoy solo en mi cuarto, de noche, mirando las paredes verdes de pradera, tú vienes a mí como un silencio blanco, subes por la almohada, asciendes por mi cuello y te metes en mi cuerpo como un viento. No deberías venirme cuando duermo, pues no te siento y te extraño. Entonces creo yo que nunca más podría, volver a ser dos o algún nosotros, sino siempre uno solo. Un solitario lleno de sonidos negros.

Recuerdo el paraje del aire donde se guardan las cartas perdidas, las palabras que decimos, cuando pasa un tren, seguros de no ser oídos, y los globos de colores que el cielo va deshaciendo, bolas de caramelo cada vez más pequeñas, hasta ser sólo un punto en su boca azul, y luego nada, sino el llanto abajo, de los niños a quienes se escaparon. Así Babá llega todas las mañanas a guardar ahí su botín; por la noche, cuando baja a la tierra y al mar, vigila su retrato, que es sólo un ventilador eléctrico. Sin el espantapájaros este las […]

¿Es tu hija, verdad? la he conocido por la estrellas fugaz que hay en sus ojos, la cabeza inclinada y la madera, tan tuya, de mirar lleno de asombro. ¿Es tu hija, verdad? lo han presentido -¡desde tan hondo- unos vientos callados que dormían bajo las aguas quietas, en el pozo de los tiempos perdidos, donde guardo las hojas que cayeron de los sauces remotos. Tiene luz en la frente -tu misma luz-. Y el gesto melancólico. Tiene el cuello tan frágil como tú lo tenías y en el pelo los mismos pájaros locos. Tiene un viento de ayer entre […]