El grajo que reposa en esta página el mismo que ha graznado en tantas otras, profetizando noches, carencias, desengaños no tiene constancia de su rango: el frío del norte enciende su instinto al azar por los caminos del aire, pendiente de los hitos del insecto y la semilla. Es grajo sin saberlo. No conoce las ropas que le cuelga mi superstición, los temores y equívocos que su vuelo despierta bajo la terca lividez del cielo. Vive ajeno de sí, absuelto por un clima sin clemencia: yo lo contemplo desde la ventana de mi vieja inquietud. El pulso punitivo de mi […]
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12,749 poemasYo me quedé así recostado dejando que el tinto resbalara garganta abajo, buscando el estómago frío. Claro, no lo niego, también eran ganas de radio bemba, del chisme, del correveidile, de saber adónde se había ido la muchacha de la falda de flores, la muy espigada y siempre en flor, cosechera de la primavera del valle. La madre se quedó mirando la ventana como sin un barco lejano alzara el vuelo sobre nubes de cerúleos óleos espesos. Un lienzo embadurnado por un dios goyesco en la quinta del sordo estelar. Sí, cómo saberlo…, Mando una postal desde Londres… Me dijo […]
"-Soy la Muerte- me dijo. No sabía que tan estrechamente me cercara, al punto de volcarme por la cara su turbadora vaharada fría. Ya no…
Aire de siglos inundaba las avenidas populosas, los altos campanarios, los árboles inmortales de la infancia. Con el fresco de la hora perfumaban los comercios, los puestos de fruta y el pregón de los feriantes matutinos. Bienaventurado quien podía gozar de aquella mañana con ojos transparentes. No tardarían las fiestas: el alma se preparaba como para un día de campo, de visitación a las Islas; la iglesia adquiría un rumor de bienvenidas. Bienaventurado cuando gozaste de aquella mañana con ojos transparentes, cuando recordaste como un viejo cuento perdido en la memoria la parábola del Pródigo
Diciembre herido se congela entre algodones sucios de una nieve extranjera, mientras el viejo Bill se muere en Brooklyn. Perros de soledad ladran a su mirada de cartón mordiendo envenenados los cristales vidriados de su vida. Renegando ser viejo, Bill, tirita y el zumo de manzana le condecora su pecho lleno de óxido y metralla. Un visitante misterioso entra, se detiene en la ribera de la cama fulminando la decadente escena con su hermosa presencia. Trae consigo la fuerza de la calle, el ruido del vivir, la juventud, la agresiva insolencia de su sexo, el gozo más urgente del amor […]
A través de la noche urbana de piedra y sequía entra el campo a mi cuarto. Alarga brazos verdes con pulseras de pájaros, con pulseras de hojas. Lleva un río de la mano. El cielo del campo también entra, con su cesta de joyas acabadas de cortar. Y el mar se sienta junto a mí, extendiendo su cola blanquísima en el suelo. Del silencio brota un árbol de música. Del árbol cuelgan todas las palabras hermosas que brillan, maduran, caen. En mi frente, cueva que habita un relámpago… Pero todo se ha poblado de alas.
Al caos me asomo… El caos y yo por no ser uno no somos dos. Vida de nadie, de nada… -No: entre dos vidas viviendo en dos, víspera única de doble hoy. Muere en la máscara quien la miró, yo -por dos vidas- me muero en dos…
"La noche blanca era el mundo un pozo de vidrio en su luna trepaba la tierra las ramas la noche dura y blanca de San…
Bautizo las palabras, pongo nombres a los nombres. Digo la noche y significa una paloma. Imagino el leopardo y tus ojos lloran. Sufro la luz, el día y gano la impureza. Dibujo un rostro más ¡Dios mío! sobre el tuyo. Escribir un poema es como recordar el futuro. Es engendrar un hijo en la tumba. Grabo tu nombre y se confunde con el mío. Qué repentino padre soy en el mismo instante. Qué dios sobre este muro que emborrono desde que nazco. Éste es mi testamento, mi bautismo, tu imagen y semejanza.
"Trascendida textura la del aire en que la luz desvela su entidad de ilusoria materia. Impasible trasiego de traslúcidos cuerpos en la serena suspensión de…
Compañeros míos, yo cumplo mi papel luchando con lo mejor que tengo. Qué lástima que tuviera vida tan pequeña, para tragedia tan grande y para tanto trabajo. No me apena dejaros. Con vosotros queda mi esperanza. Sabéis, me hubiera gustado llegar hasta el final de todos estos ajetreos con vosotros, en medio de júbilo tan alto. Lo imagino y no quisiera marcharme. Pero lo sé, oscuramente me lo dice la sangre con su tímida voz, que muy pronto quedaré viudo de mundo.
Tengo unas ganas locas de gritar Viva la Cordillera de los Andes Muera la Cordillera de la Costa. La razón ni siquiera la sospecho Pero no puedo más: ¡Viva la Cordillera de los Andes! ¡Muera la Cordillera de la Costa! Hace cuarenta años Que quería romper el horizonte, Ir más allá de mis propias narices, Pero no me atrevía. Ahora no señores Se terminaron las contemplaciones: ¡Viva la Cordillera de los Andes! ¡Muera la Cordillera de la Costa! ¿Oyeron lo que dije? ¡Se terminaron las contemplaciones! ¡Viva la Cordillera de los Andes! ¡Muera la Cordillera de la Costa! Claro que […]