Helos allí: junto a la mar bravía cadáveres están, ¡ay!, los que fueron honra del libre, y con su muerte dieron almas al cielo, a España nombradía. Ansia de patria y libertad henchía sus nobles pechos que jamás temieron, y las costas de Málaga los vieron cual sol de gloria en desdichado día. Españoles, llorad; mas vuestro llanto lágrimas de dolor y sangre sean, sangre que ahogue a siervos y opresores, Y los viles tiranos, con espanto, siempre delante amenazando vean alzarse sus espectros vengadores.
Todos los poemas
Explora, filtra y descubre poemas por emoción, tema, longitud o movimiento.
12,749 poemas"¿Qué nuevas esperanzas al mar te llevan? Torna, torna, atrevida nave, a la nativa costa. Aún ves de la pasada tormenta mil memorias, ¿y ya…
Noche fabricadora de embelecos, loca, imaginativa, quimerista, que muestras al que en ti su bien conquista, los montes llanos y los mares secos; habitadora de celebros huecos, mecánica, filósofa, alquimista, encubridora vil, lince sin vista, espantadiza de tus mismos ecos; la sombra, el miedo, el mal se te atribuya, solícita, poeta, enferma, fría, manos del bravo y pies del fugitivo. Que vele o duerma, media vida es tuya; si velo, te lo pago con el día, y si duermo, no siento lo que vivo.
-Boscán, tarde llegamos -¿Hay posada? -Llamad desde la posta, Garcilaso. -¿Quién es? -Dos caballeros del Parnaso. -No hay donde nocturnar palestra armada. -No entiendo lo que dice la criada. Madona, ¿qué decís? -Que afecten paso, que obstenta limbos el mentido ocaso y el sol depinge la porción rosada. -¿Estás en ti, mujer? -Negóse al tino el ambulante huésped-. ¡Que en tan poco tiempo tal lengua entre cristianos haya! Boscán, perdido habemos el camino, preguntad por Castilla, que estoy loco, o no habemos salido de Vizcaya.
A Rafael Alberti Cuando la mar esté bajo tu almohada ¡Alegría de turbas infantiles! ¡Triunfo de los egregios, varoniles pámpanos que estremece la alborada! Frutos dará la náyade dorada que llamea en los ínclitos candiles y en sus perlas de amor claros abriles hervirán al compás de tu mirada. ¡Qué ventura te aguarda en el impacto si alcanzar logras la divina orquesta! Tu frente surtirá con el contacto de la escondida nuez templada y presta que a trompa airada vibrará en el acto. ¡La vida es gracia y el reir no cuesta!
Un día cualquiera tú mirarás el ancho cielo, un día cualquiera se apagará una estrella a la orilla del muro, y tu continuarás tu vida. donde quedarán sus huellas? donde se observa la tumba cubierta de hiedras o bajo el elevado árbol. Entonces se cantarán los himnos de las guerras, que cubrirán la tierra de negro luto, y tu continuarás tu vida.
ELEGÍA ¡Cuán solitaria la nación que un día poblara inmensa gente! ¡La nación cuyo imperio se extendía del Ocaso al Oriente! Lágrimas viertes, infeliz ahora, soberana del mundo, ¡y nadie de tu faz encantadora borra el dolor profundo! Oscuridad y luto tenebroso en ti vertió la muerte, y en su furor el déspota sañoso se complació en tu suerte. No perdonó lo hermoso, patria mía; cayó el joven guerrero, cayó el anciano, y la segur impía manejó placentero. So la rabia cayó la virgen pura del déspota sombrío, como eclipsa la rosa su hermosura en el sol del estío. ¡Oh […]
Señora: llego a Ti desde las tenebrosas anarquías del pensamiento y la conducta, para aspirar los naranjos de elección, que florecen en tu atrio, con una nieve nupcial… Y entro a tu Santuario, como un herido a las hondas quietudes hospicianas en que sólo se escucha el toque saludable de una esquila. Vestida de luto eres, Nuestra Señora de la Soledad, un triángulo sombrío que preside la lúcida neblina del valle; la arboleda que se arropa de las cocinas en el humo lento; la familiaridad de las montañas; el caserío de estallante cal; el bienestar oscuro del rebaño, y la […]
¡Qué dulce es una cama regalada! ¡Qué necio, el que madruga con la aurora, aunque las musas digan que enamora oír cantar un ave la alborada! ¡Oh, qué lindo en poltrona dilatada reposar una hora, y otra hora! Comer, holgar…, ¡Qué vida encantadora, sin ser de nadie y sin pensar en nada! ¡Salve, oh Pereza! En tu macizo templo ya, tendido a la larga, me acomodo. De tus graves alumnos el ejemplo me arrastra bostezando; y, de tal modo tu estúpida modorra a entrarme empieza, que no acabo el soneto… de per…
Del seno fértil de la Madre Vesta en actitud erguida se levanta la airosa piña de esplendor vestida, llena de ricas galas. Desde que nace, liberal Pomona con la muy verde túnica la ampara, hasta que Ceres borda su vestido con estrellas doradas. Aun antes de existir, su augusta madre el vegetal imperio le prepara, y por regio blasón la gran diadema la ciñe de esmeraldas. Como suele gentil alguna ninfa que allá entre sus domésticas resalta; el pomposo penacho que la cubre brilla entre frutas varias. Es su presencia honor de los jardines, y obelisco rural que se levanta […]
"¿Vienes menos cada vez, huyes de mí, o es que estamos entrando en tu silencio -el pedregal, la luz- y ya tenemos poco que decirnos?…
No basta que en su cueva se encadene el uno y otro proceloso viento, ni que Neptuno mande a su elemento con el tridente azul que se serene; ni que Amaltea el fértil campo llene de fruta y flor, ni que con nuevo aliento al eco den las aves dulce acento, ni que el arroyo desatado suene. En vano anuncias, verde primavera, tu vuelta de los hombres deseada, triunfante del invierno triste y frío. Muerta Filis, el orbe nada espera, sino niebla espantosa, noche helada, sombras y susto como el pecho mío.