Ya llena de sí solo la litera Matón, que apenas anteyer hacía (flaco y magro malsín) sombra, y cabía, sobrando sitio, en una ratonera. Hoy, mal introducida con la esfera su casa, al sol los pasos le desvía, y es tropezón de estrellas; y algún día, si fuera más capaz, pocilga fuera. Cuando a todos pidió, le conocimos; no nos conoce cuando a todos toma; y hoy dejamos de ser lo que ayer dimos. Sóbrale tanto cuanto falta a Roma; y no nos puede ver, porque le vimos: lo que fue esconde; lo que usurpa asoma.
Todos los poemas
Explora, filtra y descubre poemas por emoción, tema, longitud o movimiento.
12,749 poemasHermosas damas, si la pasión ciega No os arma de desdén, no os arma de ira, ¿Quién con piedad al andaluz no mira, Y quien al andaluz su favor niega? En el terrero, ¿quién humilde ruega, Fiel adora, idólatra suspira? ¿Quién en la plaza los bohordos tira, Mata los toros, y las cañas juega? En los saraos, ¿quién lleva las más veces Los dulcísimos ojos de la sala, Sino galanes del Andalucía? A ellos les dan siempre los jüeces, En la sortija, el premio de la gala, En el torneo, de la valentía.
"Para todo el silencio de esta mañana basta la suciedad de los corredores Donde somos la víctima, La amenaza de todos contra uno; puede que…
Parió la Reina; el Luterano vino Con seiscientos herejes y herejías; Gastamos un millón en quince días En darles joyas, hospedaje y vino. Hicimos un alarde o desatino, Y unas fiestas que fueron tropelías, Al ánglico Legado y sus espías Del que juró la paz sobre Calvino. Bautizamos al niño Dominico, Que nació para serlo en las Españas; Hicimos un sarao de encantamento; Quedamos pobres, fue Lutero rico; Mandáronse escribir estas hazañas A don Quijote, a Sancho, y su jumento.
i. Dejemos pasar el infinito del Desierto de Atacama ii. Dejemos pasar la esterilidad de estos desiertos Para que desde las piernas abiertas de mi madre se levante una Plegaria que se cruce con el infinito del Desierto de Atacama y mi madre no sea entonces sino un punto de encuentro en el camino iii. Yo mismo seré entonces una Plegaria encontrada en el camino iv.Yo mismo seré las piernas abiertas de mi madre Para que cuando vean alzarse ante sus ojos los desoaldos paisajes del Desierto de Atacama mi madre se concentre en gotas de agua y sea la […]
"Doctas Pimpleas, que las verdes faldas moráis alegres del feliz Parnaso, donde Castalia su inspirante onda vierte suave; Sed a mi canto fáciles, el día,…
Me enluto por ti, Mireya, y te rezo esta epopeya. Mis entrañables provincianas mías: no sospeché alabar vuestro suicidio en las facinerosas tropelías. Antes de sucumbir al bandolero se amortizaron las sonoras alas que aleteaban en el fiel alero. Cúspide del teatro pueblerino: en un martirologio de palomas tú las viste volar a su destino. El novio llorará a su mártir perla, y que luego lo mate la nostalgia de no haber acertado a defenderla. La amó porque tejía, y por su traza de ángel custodio, cual la amó el gatito juguetón con la bola de su hilaza. ¡Pobre novio […]
"Salve, oh alcázar de Edetania firme, ejemplo al mundo de constancia ibera, en tus ruinas grandiosa siempre, noble Sagunto. No bastó al hado que triunfante…
¡Oh vírgenes rebeldes y sumisas: convertidme en el fiel reclinatorio de vuestros codos y vuestras sonrisas y en la fragua sangrienta del holgorio en que quieren quemarse vuestras prisas!… ¡Oh botones baldíos en el huerto de una resignación llena de abrojos: lloráis un bien que, sin nacer, ha muerto, y a vuestra pura lápida concierto los fraternales llantos de mis ojos!… ¡Hermanas mías, todas, las que, contentas con el limpio daño de la virginidad, vais en las bodas celestes, por llevar sobre las finas y litúrgicas palmas y en el paño de la eterna Pasión, clavos y espinas; y vosotras […]
(Antes de su partida) ¡Mísera flor!, te arrancará el destino de mi doliente y cariñoso seno, y el mundo cruzarás, de azares lleno, en alas de estruendoso remolino; o tal vez hallarás en el camino otro sol y otro campo más ameno, y halagada del céfiro sereno ostentarás tu encanto peregrino; o tal vez, entre estériles abrojos irás a marchitarte, flor querida, o entre ruinas y fúnebres despojos. Aunque de mí te encuentres dividida, las lágrimas ardientes de mis ojos tu rocío serán en esta vida.
Cuando marchite tus galanas flores el que es de la beldad fiero enemigo, y en vano pidas protección y abrigo a los que fueron, Lelia, tus amores; cuando todos te olviden; cuando llores en triste soledad, sin un amigo que de tu pena ruda al ser testigo anhele disipar tus sinsabores, entonces ven a mí: conserva el pecho puro el recuerdo de su afecto santo y olvida tu pasado desvarío. Entonces, Lelia, ven; mi hogar estrecho contigo partiré, que no lo es tanto, que en él no quepan tu dolor y el mío.
"Tu cabellera es negra como el ala del misterio; tan negra como un lóbrego jamás, como un adiós, como un «¡quién sabe!» Pero hay algo…