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Está la brasileña de treinta años hablando desde Las Casas a Eduardo Galeano Es historiadora en minifalda y con sus piernas alumbra a los oyentes buscando pensamientos censurados Yo la veo y me siento como ausente La insensibilidad invade mis sentidos y no surge de mi entraña el minotauro Hago constar que esto sucede porque estoy lleno de Ligia y recuerdo sus caricias La conferencista menciona a Leonardo Boff Yo imagino a mi mujer y la liberación que me ofrece su entelequia Surgen las etnias sometidas (Fijarse bien que son etnias y no hernias) La académica corre en hilo dental […]

A lo lejos se escucha un canto, vago y tembloroso, lejano, lejano… Una voz de niña, que en él va llorando, vibra cono un dulce timbre puro y claro. Solo y triste marcho por este camino que guardan los álamos. (Las casa que esperan al desesperado se ven al extremo del camino largo). Lentamente marcho. Brillan las estrellas. Sollozan los álamos. Y llega de lejos, el canto. Al oírlo, todo se ha callado: el viento que pasa y el camino largo, la voz que en mí mismo me habla del pasado, la noche, los álamos… Y estoy solo, y triste, […]

Señores Corteggiantes, ¿quién sus días De cudicioso gasta o lisonjero Con todos estos príncipes de acero Que me han desempedrado las encías? Nunca yo tope con Sus Señorías, Sino con media libra de carnero, Tope manso, alimento verdadero, De Jesuítas sanctas Compañías. Con nadie hablo, todos son mis amos, Quien no me da, no quiero que me cueste; Que un árbol grande tiene gruesos ramos. No me pidan que fíe ni que preste, Sino que algunas veces nos veamos, Y sea el fin de mi soneto éste.

Las fuerzas, Peregrino celebrado, afrentará del tiempo y del olvido el libro que, por tuyo, ha merecido ser del uno y del otro respetado. Con lazos de oro y yedra acompañado, el laurel con tu frente está corrido de ver que tus escritos han podido hacer cortos los premios que te ha dado. La invidia su verdugo y su tormento hace del nombre que cantando cobras, y con tu gloria su martirio crece. Mas yo disculpo tal atrevimiento, si con lo que ella muerde de tus obras la boca, lengua y dientes enriquece.

¡Oh niebla del estado más sereno, Furia infernal, serpiente mal nacida! ¡Oh ponzoñosa víbora escondida De verde prado en oloroso seno! ¡Oh entre el néctar de Amor mortal veneno, Que en vaso de cristal quitas la vida! ¡Oh espada sobre mí de un pelo asida, De la amorosa espuela duro freno! ¡Oh celo, del favor verdugo eterno!, Vuélvete al lugar triste donde estabas, O al reino (si allá cabes) del espanto; Mas no cabrás allá, que pues ha tanto Que comes de ti mesmo y no te acabas, Mayor debes de ser que el mismo infierno.

Colegas, cohabitantes de la misma caleta, malabaristas del mismo circo pobre en que hoy yo desnudo mi rostro: afinemos y afilemos este idioma para el poeta que vendrá y que será más grande que nosotros –nosotros los que extraviamos el camino a cada rato, los que escribimos en vitrina sin siquiera darnos cuenta–. Trabajemos, hermanos, por el poeta que vendrá, dignifiquemos este oficio que también es más grande que nosotros.

¡Oh cielo de mi Patria! ¡Oh caros horizontes! ¡Oh azules, altos montes; oídme desde allí! La alma mía os saluda, cumbres de la alta Sierra, murallas de esa tierra donde la luz yo vi! Del sol desfalleciente a la última vislumbre, vuestra elevada cumbre postrer asilo da: cual débil esperanza allí se desvanece: ya más y más fallece, y ya por fin se va. En tanto que la sombra no embargue el firmamento, hasta el postrer momento en vos me extasiaré; que así como esta tarde, de brumas despejados, tan limpios y azulados jamás os contemplé. ¡Cuán dulcemente triste mi […]

A los espacios entregarme quiero Donde se vive en paz, y con un manto De luz, en gozo embriagador henchido, Sobre las nubes blancas se pasea,? Y donde Dante y las estrellas viven. Yo sé, yo sé, porque lo tengo visto En ciertas horas puras, cómo rompe Su cáliz una flor,? y no es diverso Del modo, no, con que lo quiebra el alma. Escuchad, y os diré:?viene de pronto Como una aurora inesperada, y como A la primera luz de primavera De flor se cubren las amables lilas… Triste de mí: contároslo quería Y en espera del verso, las […]