Vosotros, que surgiréis del marasmo en el que nosotros nos hemos hundido, cuando habléis de vuestras debilidades, pensad también en los tiempos sombríos de los…
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12,749 poemasCenizas que aguardáis aquella trompa para unir las especies desatadas con que al Juicio Final serán llevadas las almas puras con gloriosa pompa, cuando la voz de Dios, abriendo, rompa los mármoles y losas más pesadas, porque salgáis unidas y apuradas en forma a quien el tiempo no corrompoa; no puede estar ya lejos, pues es cierta aquella confusión cuya agonía los dormidos espíritus despierta; antes en este caso juzgaría que ver cosa inmortal, sin tiempo, muerta, es ya de los prodigios de aquel día.
¡Venid, siglos venideros, tened! Y ahora, huid, volad, que ya os volveré a cojer antes de vuestro final.
¿Qué importa que ligera la edad, huyendo en presuroso paso, mi vida abrevie en la callada huida, si cobro nueva vida cuando en las llamas de tu amor me abraso, y logro renacer entre su hoguera, como el ave al sol, que vida espera? Amor nunca fue escaso, ¡oh, Lucinda amorosa!, y aumenta gustos en los pechos tiernos. Si el año tuvo fin, serán eternos los que goce dichosa mi dulce suerte entre tus dulces brazos, ¡oh mi Lucinda hermosa!, brazos con tal blandura, que los lazos vencerán de la Venus peregrina, cuando, suelto tu cabello, a Marte desafía y […]
Viejo solitario de la tarde, te veo con tu vaso de ron, escribiendo tu tristeza de niebla, trajinante como una yegua loca, sorbiendo lentamente una lágrima gris, deslucida, amarillando junto a la briosa estación del verano. Te veo envuelto en papeles oscuros en el departamento quieto, separado de la ciudad, caminando en sigilo, viendo que gota a gota se te escapaba el cielo, huyendo en la bruma metálica de la lluvia, resguardado en los terribles potros que cabalgaban tu antiguo vicio de llorar despierto. Te resucito en las pavesas alejadas en las remotas playas del insomnio acezante y en los […]
Pasé la mar cuando creyó mi engaño que en él mi antiguo fuego se templara, mudé mi natural, porque mudara naturaleza el uso, y curso el daño. En otro cielo, en otro reino extraño, mis trabajos se vieron en mi cara, hallando, aunque otra tanta edad pasara, incierto el bien, y cierto el desengaño. El mismo amor me abrasa y atormenta, y de razón y libertad me priva. ¿Por qué os quejáis del alma que le cuenta? ¿Qué no escriba decís, o que no viva? Haced vos con mi amor que yo no sienta, que yo haré con mi pluma […]
Son tus labios un rubí partido por gala en dos, arrancado para ti de la corona de un dios.
Amo tu delicioso alejandrino como el de Hugo, espíritu de España; éste vale una copa de champaña como aquél vale «un vaso de bon vino». Mas a uno y otro pájaro divino la primitiva cárcel es extraña; el barrote maltrata, el grillo daña, que vuelo y libertad son su destino. Así procuro que en la luz resalte tu antiguo verso, cuyas alas doro y hago brillar con mi moderno esmalte; tiene la libertad con el decoro y vuelve, como al puño el gerifalte, trayendo del azul rimas de oro.
https://www.poemas-del-alma.com/gerardo-diego-a-manuel-machado.htm
Ese espléndido encaje de terrores lujosos, esa trágica risa que viste en los días sobre hombres y cosas, no abandonó el mundo contigo, Marcel Schwob. Evocarte es una tarde en tus libros, mía, y una noche de escritorio, tuya: el tiempo, que es el mismo, confunde oscuridades. Nadie descubre nada, tan sólo desentierra secretos olvidados, verdades descartadas. ¿Ves? Esta es la mujer que amo: no ha leído tu Monelle que es su hermana, no conoce tus Vidas y como la de todos, la suya es imaginaria. Sus horas completan mis tardes, tus palabras. Entre nosotros tres hemos pactado: ninguno sabe […]
¡Qué radiosa es tu faz blanca y tranquila bajo el dosel de tu melena blonda! ¡Qué abismo tan profundo tu pupila, pérfida y azulada como la onda! El fulgor soñoliento que destella en tus ojos donde hay siempre un reproche viene cual la mirada de la estrella de un cielo ennegrecido por la noche. Tu rojo labio en que la abeja sacia su sed de miel, de aroma y embeleso, ha sido modelada por la gracia más para la oración que para el beso. Tu voz que ora es aguda y ora grave, llena de gratitud suena en mi oído, […]
Margarita está linda la mar, y el viento, lleva esencia sutil de azahar; yo siento en el alma una alondra cantar; tu acento: Margarita, te voy a contar un cuento: Esto era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha de día y un rebaño de elefantes, un kiosko de malaquita, un gran manto de tisú, y una gentil princesita, tan bonita, Margarita, tan bonita, como tú. Una tarde, la princesa vio una estrella aparecer; la princesa era traviesa y la quiso ir a coger. La quería para hacerla decorar un prendedor, con un verso y una […]