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Caído se le ha un Clavel Hoy a la Aurora del seno: ¡Qué glorioso que está el heno, Porque ha caído sobre él! Cuando el silencio tenía Todas las cosas del suelo, Y, coronada del yelo, Reinaba la noche fría, En medio la monarquía De tiniebla tan cruel, Caído se le ha un Clavel Hoy a la Aurora del seno: ¡Qué glorioso que está el heno, Porque ha caído sobre él! De un solo Clavel ceñida, La Virgen, Aurora bella, Al mundo se lo dio, y ella Quedó cual antes florida; A la púrpura caída Solo fue el heno fïel. […]

Marcamos territorio. Hasta aquí, tu frontera. Tus amigos. Mis bares. Antes de que se ponga el sol dejarás este el pueblo. Tengo el arma cargada. Dispararé a matar cuando te encuentre. La ciudad es ahora territorio enemigo. Llenaré las farolas, cada árbol del parque con carteles de búsqueda. Recompensa: mil días por tu cuerpo. Desnudo, a ser posible.

No fue pasión aquello, fue una ternura vaga lo que inspiran los niños enfermizos, los tiempos idos y las noches pálidas. El espíritu solo al conmoverse canta: cuando el amor lo agita poderoso tiembla, medita, se recoge y calla. Pasión hubiera sido en verdad; estas páginas en otro tiempo más feliz escritas no tuvieran estrofas sino lágrimas.

"Al otro lado me dijeron los viejos se van convirtiendo en árboles viejos también sin hojas en el lado del sol aguardando sin saber qué,…

Una vara dorada señala el ombligo del mundo. Ahora El Sucio lleva los pies negros Porque toda oscuridad lo ata a la tierra Y el tiempo es negro porque es implacable. (Él lo había señalado: ‘no intentes convencerme de lo contrario, estoy anclado, soy un profanador y mi obsesión es descifrar tu enigma…’) Orientación del personaje Sueles encontrarme en cualquier lugar y ya lo sabes, nada es casualidad . El cuerpo de frente, la mano derecha levantada, el cuchillo brillando a pleno sol y en la boca un globo que dice: cada segundo estaré más cerca.

Si ya el griego orador la edad presente, O el de Arpinas dulcísimo abogado Merecieran gozar, más enseñado Éste quedara, aquél más elocuente, Del bien decir bebiendo en la alta fuente, Que en tantos ríos hoy se ha desatado Cuantos en culto estilo nos ha dado Libros vuestra Retórica excelente. Vos reducís, oh Castro, a breve suma El difuso canal desta agua viva; Trabajo tal el tiempo no consuma, Pues de laurel ceñido y sacra oliva, Hacéis a cada lengua, a cada pluma, Que hable néctar y que ambrosía escriba.

¿Yo en justa injusta expuesto a la sentencia De un positivo padre azafranado? Paciencia, Job, si alguna os han dejado Prolijos los escritos de su Encia. Consuelo me daréis, si no paciencia, Porque en suertes entré, y fui desgraciado, En el mes que perdió el apostolado Un Justo por divina providencia. ¿Quién justa do la tela es pinavete, Y no muy de Segura, aunque sea pino, Que ayer fue pino, y hoy podrá ser vete? No más judicatura de teatino, Cofre, digo, overo con bonete, Que tiene más de tea que de tino.

Al que de la consciencia es del Tercero Filipo digno oráculo prudente, De una y otra saeta impertinente Si mártir no le vi, le vi terrero. Tanto, pues, le ceñía ballestero, Cuanta le estaba coronando gente, Dejándole el concurso el despidiente Hecho pedazos, pero siempre entero. Hortensio mío, si esta llamo audiencia, ¿Cuál llamaré robusta montería, Donde cient flechas cosen un venado? Ponderé en nuestro dueño una paciencia, Que en la atención modesta fue alegría Y en la resolución sucinto agrado.

¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente! ¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo la noche cubre con su opaco velo, como cubre el dolor mi triste frente. ¡Voy a partir!… La chusma diligente, para arrancarme del nativo suelo las velas iza, y pronta a su desvelo la brisa acude de tu zona ardiente. ¡Adiós, patria feliz, edén querido! ¡Doquier que el hado en su furor me impela, tu dulce nombre halagará mi oído! ¡Adiós!… Ya cruje la turgente vela… el ancla se alza… el buque, estremecido, las olas corta y silencioso vuela.