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Al tramontar del Sol, la ninfa mía, De flores despojando el verde llano, Cuantas troncaba la hermosa mano, Tantas el blanco pie crecer hacía. Ondeábale el viento que corría El oro fino con error galano, Cual verde hoja de álamo lozano Se mueve al rojo despuntar del día. Mas luego que ciñó sus sienes bellas De los varios despojos de su falda (Término puesto al oro y a la nieve), Juraré que lució más su guirnalda Con ser de flores, la otra ser de estrellas, Que la que ilustra el cielo en luces nueve.

Ahí está lo que fue: la terca espada del sajón y su métrica de hierro, los mares y las islas del destierro del hijo de Laertes, la dorada luna del persa y los sin fin jardines de la filosofía y de la historia, el oro sepulcral de la memoria y en la sombra el olor de los jazmines. Y nada de eso importa. El resignado ejercicio del verso no te salva ni las aguas del sueño ni la estrella que en la arrasada noche olvida el alba. Una sola mujer es tu cuidado, igual a las demás, pero que es […]

Cuelga sangriento de la cama al suelo el hombro diestro del feroz tirano, que opuesto al muro de Betulia en vano, despidió contra sí rayos al cielo. Revuelto con el ansia el rojo velo del pabellón a la siniestra mano descubre el espectáculo inhumano del tronco horrible convertido en hielo. Vertido Baco, el fuerte arnés afea los vasos y la mesa derribada, duermen las guardas, que tan mal emplea; y sobre la muralla coronada del pueblo de Israel, la casta hebrea con la cabeza resplandece armada.

Al tronco Filis de un laurel sagrado Reclinada, el convexo de su cuello Lamía en ondas rubias el cabello, Lascivamente al aire encomendado. Las hojas del clavel, que había juntado El silencio en un labio y otro bello, Violar intentaba, y pudo hacello, Sátiro mal de hiedras coronado; Mas la invidia interpuesta de una abeja, Dulce libando púrpura, al instante Previno la dormida zagaleja. El semidiós, burlado, petulante, En atenciones tímidas la deja De cuanto bella, tanto vigilante

Ícaro de bayeta, si de pino Cíclope no, tamaño como el rollo, ¿Volar quieres con alas a lo pollo, Estando en cuatro pies a lo pollino? ¿Qué Dédalo te induce peregrino A coronar de nubes el meollo, Si las ondas que el Betis de su escollo Desata han de infamar tu desatino? No des más cera al Sol, que es bobería, Funeral avestruz, máquina alada, Ni alimentes gacetas en Europa. Aguarda a la ciudad, que a mediodía, Si mase Duelo no en capirotada, La servirá mase Bochorno en sopa.

¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza y que diera un doblón por describilla! Porque ¿a quién no sorprende y maravilla esta máquina insigne, esta riqueza? »Por Jesucristo vivo, cada pieza vale más de un millón, y que es mancilla que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!, Roma triunfante en ánimo y nobleza. »Apostaré que el ánima del muerto, por gozar este sitio, hoy ha dejado la gloria donde vive eternamente». Esto oyó un valentón y dijo: «Es cierto cuanto dice voacé, seor soldado, y el que dijere lo contrario miente». Y luego, in continente, caló el […]

Al ver pasar a la gente, ¿Nunca te has preguntado quiénes son? ¿Por qué luchan, qué sienten, qué hacen? ¿serán protagonistas de historias románticas, serán esclavos de una rutina amarga, serán juguetes del destino o marionetas de Dios? Al ver pasar a la gente, al caminar junto a ella, tú sientes, al igual que yo, que no caminas entre ganadores y perdedores, sino que sabes que caminas entre sobrevivientes. Entre sobrevivientes de revoluciones hechas por falta de comida, entre sobrevivientes de guerras que comienzan durante un partido de ajedrez. Al ver pasar a la gente, te das cuenta que paseas […]

Cuando era niño, con pavor te oía en las puertas gemir de mi aposento; doloroso, tristísimo lamento de misteriosos seres te creía. Cuando era joven, tu rumor decía frases que adivino mi pensamiento, y cruzando después el campamento, &quotPatria’, tu ronca voz me repetía. Hoy te siento azotando, en las oscuras noches, de mi prisión las fuertes rejas; pero hánme dicho ya mis desventuras que eres viento, no más, cuando te quejas, eres viento si ruges o murmuras, viento si llegas, viento si te alejas.

Sobre la gran muralla americana altivo torreón, vecino al cielo, su cúspide levanta soberana, a do jamas osó llevar su vuelo la reina de las aves atrevida que en la cuna de Júpiter anida. Gigante es Almolonga entre los montes, fuerte, soberbio, grande entre los grandes ¡Cuál domina millares de horizontes! ¡Cómo huella la cumbre de los Andes! ¡Cómo mira a su falda avasalladas, de cien montes las cimas encumbradas! Cuando animado el pensador profundo de la sublime inspiración divina quiere ver a sus pies el ancho mundo y al vértice elevado se encamina, ¡cómo va sus ideas ensalzando al […]

¡Bien hayas oh lejano y glorioso contento de volver a mirarla! ¡Qué desgano el del viaje de ahora, que me cubre de una angustia de pésame! Presiento la fuga del amor en este octubre. Corre la antigua posta en la llanura barrida por los cierzos de contino; el sol avaro apenas si fulgura sobre la paz de otoño del camino, y con fúnebres sones que se dilatan por la carretera van entonando en la mañana austera coplas de desamor los postillones. (Fuensanta: cuando ingreso a tu azul valle la ternura de ayer se me alborota, pero yo le aconsejo que […]

Tengo un ala crecida le pongo hilos para que tiemble le cuelgo títere del brazo para que se alce le hago vestidos de plumas escenografías para que pierda el miedo y eche a volar. pero es un ala tonta o quizás un ala muerta que nació de la extensión de un pie y no sabe romper la desconfianza. nadie la buscará en el infinito ni engarñará sus límites ahorita se va a morir de tierra.