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No puede permitir naturaleza que tan escaso amor te haya humillado, sin la jugosa avena entre los dientes, sabiendo que morir es lo postrero. Hablaron de tu hora. ¿Quién el destino sabe? Te conocí airoso. Morabas una cuadra con ramilletes verdes. Vaho de la rosada boca advertía tu sueño, inquieto a veces, por cosquilleo de hormigas rubias sobre el brillante pelo de las ancas. De juventud los ojos marcaban la frontal fisonomía, cabeza hermosa atraía de admiración el gesto de quienes al pasar verte pudieron. Solo ahora, en el declive de la colina que recibió tus siestas, recién cortado el […]

Dórmiti mi nengre, dórmiti ningrito. Caimito y merengue, merengue y caimito. Dómiti mi nengre, mi nengre bonito. ¡Diente de merengue, bemba de caimito! Cuando tu sia glandi vá a sé bosiador… Nengre de mi vida, nengre de mi amor… (Mi chiviricoqui, chiviricocó… ¡Yo gualda pa ti taja de melón!) Si no calla bemba y no limpia moco le va′ abrí la puetta a Visente e′ loco. Si no calle bemba, te va′ da e′ gran sutto. Te va′ a llevá e′ loco dentre su macuto. Ne la mata ′e güira te ñama sijú. Condío en la puetta’ etá e′ tatajú… […]

¿Dónde se fué mi vida? ¿Dónde se fué mi vida cuando se fué mi estrella? ¿Si huyó de mí, quién sabe, o es que no puedo verla? ¿Es que me cogió el alma una brutal ceguera? ¿Se ha anulado mi tacto que palpa sin que se sienta? ¿Mientras estás conmigo me destroza tu ausencia? ¿Me llamas y me besas sin que escuche ni sienta? ¿Me oprimes en tus brazos mientras te sueño muerta? ¿Tú, huirte? ¿Tú dejarme en soledad inmensa? ¿O es la locura acaso quién puebla mi conciencia? ¿Es verdad que te llamo sin alcanzar respuesta? ¿Pido, inútil, tu […]

Canta pájaro amante en la enramada selva a su amor, que por el verde suelo no ha visto al cazador que con desvelo le está escuchando, la ballesta armada. Tirale, yerra. Vuela, y la turbada voz en el pico transformada en yelo, vuelve, y de ramo en ramo acorta el vuelo por no alejarse de la prenda amada. Desta suerte el amor canta en el nido; mas luego que los celos que recela le tiran flechas de temor de olvido, huye, teme, sospecha, inquiere, cela, y hasta que ve que el cazador es ido, de pensamiento en pensamiento vuela.

Tiembla el hielo del sol y la calle se llena con su rojez. El aire se congela y es piedra. En la mitad del día el corazón se agolpa y la sangre levanta su torrente de espuma. Caen, lentas, las nubes calcinadas y comienzan a rodar en la vereda. El mundo aquí es el principio del mundo, joven aún es esta tierra en que nacimos, este trozo de estrella que el agua amansa para que los que llegan lo habiten sin rencor.

Cítara áurea de Apolo, a quien los dioses hicieron compañera de los regios banquetes, y ¡oh sagrada musa! que el bosque de Helicón venera, no es tiempo que reposes; alza el divino canto y la acordada voz hasta el cielo osada, con eco que supere resonante al estruendo confuso y vocería, popular alegría, y aplauso cortesano triünfante, que se escucha distante en el sangriento coso matritense, en cuya arena intrépido se planta el vencedor circense, lleno de glorias que la fama canta. Otras quiere adquirir, y así de espanto y de placer se llena la Villa que domina entrambos mundos. […]

En el último río de la ciudad, por error o incongruencia fantasmagórica, vi de repente un pez casi muerto. Boqueaba envenenado por el agua inmunda, letal como el aire nuestro. Qué frenesí el de sus labios redondos, el cero móvil de su boca. Tal vez la nada o la palabra inexpresable, la última voz de la naturaleza en el valle. Para él no había salvación sino escoger entre dos formas de asfixia. Y no me deja en paz la doble agonía, el suplicio del agua y su habitante. Su mirada doliente en mí, su voluntad de ser escuchado, su irrevocable […]

Mejor signo de libertad no encuentro que esta noche a solas sin miedo al teléfono babeando deliciosamente la almohada la pierna atravesada el camisón enrollado oscuridad total como me gusta y la seguridad de que nadie perturbará mis sueños hasta que yo misma lo determine noche autónoma de absoluto silencio en la que empiezo como nunca antes a gustar de mí

Un ropero, un espejo, una silla, ninguna estrella, mi cuarto, una ventana, la noche como siempre, y yo sin hambre, con un chicle y un sueño, una esperanza. Hay muchos hombres fuera, en todas partes, y más allá la niebla, la mañana. Hay árboles helados, tierra seca, peces fijos idénticos al agua, nidos durmiendo bajo tibias palomas. Aquí, no hay mujer. Me falta. Mi corazón desde hace días quiere hincarse bajo alguna caricia, una palabra. Es áspera la noche. Contra muros, la sombra lenta como los muertos, se arrastra. Esa mujer y yo estuvimos pegados con agua. Su piel sobre […]

A Julio Fermoso. Cumplo con informar a usted que últimamente todo es herida: la muchacha es herida, el olor a su hermosura es herida, las grandes aves negras, la inmediatez de lo real y lo irreal tramados en el fulgor de un mismo espejo gemidor es herida, el siete, el tres, todo, cualquiera de estos números de la danza es herida, la barca del encantamiento con Maimónides al timón es herida, aquel diciembre 20 que me cortaron de mi madre es herida, el sol es herida, Nuestro Señor sentado ahí entre los mendigos con esa túnica irreconocible por el cauterio […]