Todos los poemas

Explora, filtra y descubre poemas por emoción, tema, longitud o movimiento.

12,749 poemas
Mostrando 12,749 poemas

Todos tienen derecho a usarla. Todos. La lluvia no mojó sólo una calle ni el sol nunca salió para uno solo. La mujer es para eso, paraíso, para uso de los hombres. Campo abierto. Es fácil de entender. Es bien común. Es la hembra de la especie. La de todos. Y ha de entregarse a aquel que la apetezca. Por eso va cambiando de un hombre a otro. Esa es su utilidad como mujer. Por tanto, aunque te tome por la fuerza, es mi derecho usar lo que es de todos.

Si no os hubiera mirado, no penara, pero tampoco os mirara. Veros harto mal ha sido, mas no veros peor fuera; no quedara tan perdido, pero mucho más perdiera. ¿Qué viera aquél que no os viera? ¿Cuál quedara, señora, si no os mirara?

"La gente de símbolos ojerosos y rutinarios Los payasos Los acróbatas Los equilibristas La población de estrellas Los que se retocan Los que saltan Los…

En cierta calle hay cierta firme puerta con su timbre y su número preciso y un sabor a perdido paraíso, que en los atardeceres no está abierta a mi paso. Cumplida la jornada, una esperada voz me esperaría en la disgregación de cada día y en la paz de la noche enamorada. Esas cosas no son. Otra es mi suerte: Las vagas horas, la memoria impura, el abuso de la literatura y en el confín la no gustada muerte. Sólo esa piedra quiero. Sólo pido las dos abstractas fechas y el olvido.

El agua pide orillas donde apoyar la frente, la noche busca sueños para entrar en las casas, la luz se hace murmullo y los países juegan a las cartas. Juegan como el silencio con sus ruidos para pensar que existen en un orden certero. Como los rayos de la luna, porque cantan su número y se van deshaciendo. Juegan como los dioses sin castigo, suplican el color de una bandera y la sombra de un himno. Necesitados de soberanía, los desnudos no son papel de plata. Ya no hay sombras detrás de los abrazos y los países juegan a las […]

Esta de flores, cuando no divina, Industrïosa unión, que ciento a ciento Las abejas, con rudo no argumento, En ruda sí confunden oficina, Cómplice Prometea en la rapina Del voraz fue, del lúcido elemento, A cuya luz suave es alimento Cuya luz su recíproca es ruina. Esta, pues, confusión hoy coronada Del esplendor que contra sí fomenta, Por la salud, oh Virgen Madre, erijo Del mayor Rey, cuya invencible espada En cuanto Febo dora o Cintia argenta Trompa es siempre gloriosa de tu Hijo.

I La tigre de Bengala con su lustrosa piel manchada a trechos, está alegre y gentil, está de gala. Salta de los repechos de un ribazo, al tupido carrizal de un bambú; luego a la roca que se yergue a la entrada de su gruta. Allí lanza un rugido, se agita como loca y eriza de placer su piel hirsuta. La fiera virgen ama. Es el mes del ardor. Parece el suelo rescoldo; y en el cielo el sol inmensa llama. Por el ramaje oscuro salta huyendo el kanguro. El boa se infla, duerme, se calienta a la tórrida lumbre; […]

Desdicha, vuelta a decir: artesanía furiosa. Tuya es la calma impura, la ignorancia sabihonda. El doble filo de la desventurada pesadumbre.

Permaneces todo el tiempo en el olor de las montañas cuando el sol se retira, y me parece escuchar tu respiración en la frescura de la sombra como un adiós pensativo. De tu partida, que es como una lumbre, se condolerán estas claras imágenes por el viento de la tarde mecidas aquí y a lo lejos; yo te acompaño con el rumor de las hojas, miro por ti las cosas que amabas -el alba no borrará tu paso, eres visible.