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Cuando el cierzo desciende y se alza la niebla, toda la ciudad –mi Zaragoza amada- se cubre de palabras que surgen del silencio hacia la nada. Es entonces –el enorme Paseo se hace suave y hermoso- cuando veo las cosas como fueron: El niño, la explanada, la vieja que vendía cacahuetes y almendras. Pero cuando otra vez el aire del Moncayo violentamente baja, surgen los comerciantes en paños y en alhajas aupando a un tonto sabio que viene a hablar del alma. ¡Ay mi ciudad con tantos pedestales cubiertos de anónimas palabras!: ¿A dónde te diriges? Sólo tu espesa niebla […]

Una vez, un pescador se fue cortando al viento; tiró la red, la recogió vacía; en tanto ensangrentado el sol con todo el peso de su cuerpo se arrimaba en la tarde; de pronto, el mar comenzó a sacudirse como animal mojado; el pescador cayó en brazos de las algas; en la espina de un pez se fue su corazón, aguas abajo, y en la porosa playa ese día encontraron un pedazo de sal semejante a una lágrima.

A Ramiro Fonte Cuando la muerte quiera una verdad quitar de entre mis manos, las hallará vacías… Luis Cernuda Cuando los merenderos de septiembre dejaban escapar sus últimas canciones por las colinas del Genil, yo miraba la luz, como una flor envejecida, caerse lentamente. Lo recuerdo. Y recuerdo en mi piel la enfermedad de las horas inciertas. Por los alrededores la mirada del niño primogénito parecía saberlo. Bombillas contra un cielo sin fondo, pintura de las mesas más pobre y sin verano, botellas dejadas sin un solo mensaje y la radio sonando con voz de plata como los álamos del […]

"Si retirase con esta mano cuanto hubiese dado con la otra si a mi mano izquierda no le importase en qué asuntos anda la derecha…

Gaita galaica, sabes cantar lo que profundo y dulce nos es. Dices de amor, y dices después de un amargor como el de la mar. Canta. Es el tiempo. Haremos danzar al fino verso de rítmicos pies. Ya nos lo dijo el Eclesiastés: tiempo hay de todo: hay tiempo de amar, tiempo de ganar, tiempo de perder, tiempo de plantar, tiempo de coger, tiempo de llorar, tiempo de reír, tiempo de rasgar, tiempo de coser, tiempo de esparcir y de recoger, tiempo de nacer, tiempo de morir.

A Pedro Camacho Yo sé que ya mi voz se va perdiendo, yo sé que ya mis ojos vuelan poco, sé que de tanto ya sentirme loco loco me estoy volviendo. Sé que mi amor sé fue sin haber sido, que mi vida se va porque así quiere, y que mi anhelo de vivir se muere en pasmo convertido. Sé que esto ya no cuenta y que no es cuento ni el velo ni el desvelo de la noche. Apenas siento deslizarse el río. Al corazón pongo el oído atento. Como Rubén siento pasar un coche y pasa por mi […]

Debe ser el trigo. La parálisis de los caballos en la pradera inaccesible. Suena, resuena una voz fusilada en la carrera. (Nos llaman). No sé quién está escribiendo: ‘cuidado con el arroyo, puede matar cual espejo.’ Debe ser el trigo. Las vencidas cortezas del viento: bronces otoñales que no vuelan. Pasivo el espanto, entre las hojas sin tierra ni linaje. ‘Hambres, hambrecitas (nos llaman): éste no es el campo, jamás vuestro campo.

Siempre manché, rasgué y detesté el uniforme. Siempre busqué bajo las faldas de las niñas. Y nunca encontré mi loca historia de amor.

Homenaje a Ezra En San Michele el cementerio un huerto. Mañana de noviembre. Los versos de la usura. Silencio y tierra. Flores. Los peregrinos buscan vestigios naturales. La pisada de Pound en la pradera última. Raíces de laurel. Yedra. Rocío sobre el césped. Llegamos al lugar como a la posesión de un territorio. Y no se oía nada. Y llovía.