Restituye a tu mundo horror divino, Amiga Soledad, el pie sagrado, Que captiva lisonja es del poblado En hierros breves pájaro ladino. Prudente cónsul, de las selvas dino, De impedimentos busca desatado Tu Claustro verde, en valle profanado De fiera menos que de peregrino. ¡Cuán dulcemente de la encina vieja Tórtola viuda al mismo bosque incierto Apacibles desvíos aconseja! Endeche el siempre amado esposo muerto Con voz doliente, que tan sorda oreja Tiene la soledad como el desierto.
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12,749 poemasAlegráos con las flores que embriagan, las que están en nuestras manos. Que sean puestos ya los collares de flores. Nuestras flores del tiempo de lluvia, fragantes flores, abren ya sus corolas. Por allí anda el ave, parlotea y canta, viene a conocer la casa del dios. Sólo con nuestras flores nos alegramos. Sólo con nuestros cantos perece vuestra tristeza. Oh señores, con esto, vuestro disgusto de disipa. Las inventa el dador de la vida, las ha hecho descender el inventor de sí mismo, flores placenteras, con ellas vuestro disgusto se disipa.
A Rafael Courtoisie La alegría puso un huevo. Romper su cáscara es un reto: a un huevo alegre no lo abre piedra ni martillo. Humor y sal, en dosis sutiles. No siempre tiene la superficie de un ovoide. Suele haber huevos cuadrados y en forma piramidal, barra de hielo o de esferas cristalinas. Incluso poliedros. El parto de la alegría en su fase larvaria. Filamentos, sonidos, dientes para la fiesta. Es posible la presencia de ligamentos verdes, líquenes y músculos puestos en marcha como una relojería. También hay truenos y falsas tempestades, reliquias y comisuras resistentes a los buenos deseos. […]
Alegre novia mía, cuando llegas se llena el corazón de mariposas, de puras narraciones jubilosas, del fondo de los ojos que me entregas. Mirándote en la fama de mis ciegas canciones preferidas las rebosas, llenando mi lamento con las rosas recientes del amor que me revelas. ¡Qué tuya queda el alma cuando siente crecer tu corazón! ¡Qué mía la pura cosecha de tu encanto recatado! ¡Qué luz cuando dispones tiernamente las tierras sin labrar de la amargura! ¡Qué gozo estar completo y conquistado!
Usted sabe, señor, qué alegría colgaba en la floresta; qué alegría severa como raigambre sudorosa; cómo el alegre polvo veraniego fulguraba en su lámina esplendente, cómo, ¡qué alegremente andábamos! ¡Qué alegremente andábamos! Usted sabe, señor, usted ha visto cómo la lluvia torrencial sempiterna caía sobre un textil aroma de bejucos salvajes y cómo iba dejando con sus pétalos húmedos su flora resbalosa, su acuosa florería. Usted sabe, señor, cómo los sementales retozaban hartos de florecer, jubilosos de hartazgo, con qué poder la noche deponía su amargura en la altura del rocío tal como deponía la desdicha su arma en las […]
Usted sabe, señor, qué alegría colgaba en la floresta; qué alegría severa como raigambre sudorosa; cómo el alegre polvo veraniego fulguraba en su lámina esplendente,…
Llegué por el dolor a la alegría. Supe por el dolor que el alma existe. Por el dolor, allá en mi reino triste, un misterioso sol amanecía. Era la alegría la mañana fría y el viento loco y cálido que embiste. (Alma que verdes primaveras viste maravillosamente se rompía.) Así la siento más. Al cielo apunto y me responde cuando le pregunto con dolor tras dolor para mi herida. Y mientras se ilumina mi cabeza ruego por el que he sido en la tristeza a las divinidades de la vida.
¡Allá va el olor de la rosa! ¡Cójelo en tu sinrazón! ¡Allá va la luz de la luna! ¡Cójela en tu plenitud! ¡Allá va el cantar del arroyo! ¡Cójelo en tu libertad!
Siente mi corazón una alegría extraña, a flor de piel -vaso de esencia-; aunque yo desnudase su presencia su desnudo integral me cegaría. Es esta milagrosa sinfonía de mi risa y mi danza, adolescencia en mi sereno rumbo de inocencia, trompo de luz y pétalo de un día. ¡Inquietud de soñar, canción temprana, rosa de cielo y de ilusión, campana que en mi celda interior amor invoca! Es en mi corazón el goce tanto que si yo intento convertirlo en llanto la risa saltará sobre mi boca.
Resultará forzoso el cruel alejamiento y habrá que decidirse, como lo inevitable, lo mismo que aceptamos la violencia del viento, el rugido del mar o el tiempo inexorable. Habrá que tener ánimo en el fatal momento para abdicar de todo lo que nos fue agradable, y saber resignarnos en el recogimiento con el gesto tranquilo ante lo inapelable. Los ojos en el cielo, frente al azul del día, serán dulce consuelo las venturas de otrora -el hogar de la infancia, juventud, poesía-, y al alumbrar la luna, al filo de la sombra, tendré la paz ansiada, y llegará la hora […]
Tú, Fuensanta, me libras de los lazos del mal; queman mi boca exangüe de Isaías los carbones; por ti me dan los cielos profundas contriciones y el ensueño me otorga su gracia episcopal. Para comer las viandas del convite nupcial en que se han desposado nuestros dos corazones, tomo el báculo y ciño mis pies y mis riñones cual se hacía en las fiestas del Cordero Pascual. Las llaves con que he abierto tu corazón, mis llaves sagradas son las mismas de Pedro el Pescador; y mis alejandrinos, por tristes y por graves, son como los versículos proféticos de un […]
en el centro puntual de la maraña Dios, la araña Alejandra Pizarnik(Escrito el día fatal) Allá donde la carne es harapos mi corazón es reflector. La araña con su linterna estudiaba tus pasos al alba. No sabía que volabas, que subida a un relámpago perdido pisabas las tripas de la eternidad y sus hijos leprosos. Te vi en sueños con muñecas de dolor, no veías más que un gato descompuesto en sombras. Te hablé, sólo pateaste la atribulada ceniza de los profanados por el crepúsculo. Un verso mordiendo su propia cola, escribiste. Lo busqué en la alcantarilla de la pasión […]