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¡Oh salve, Patria para mí querida, mi dulce hogar, oh salve Guatemala! Tú el encanto y origen de mi vida. ¡Cuánto, tierra bendita, se regala el ánimo evocando de tu suelo las prendas todas, de natura gala! Me acuerdo de tu clima y de tu cielo, a tus fuentes me asomo, y se pasea por tus henchidas calles ¡ay! mi anhelo. En tus templos mi vista se recrea, y a la sombra encontrarme de tus lares, a ti volando el corazón desea. A veces me parece los pinares divisar de tus montes, y las frondas que esmeraldas semejan a millares. […]

Flotar; no se tiene la sensación de flotar. Pero cuando recordamos fluidamente, pero cuando no recordamos fluidamente; en las horas en que dormidos; allá, a la deriva, allá, en la calma corriente de un río… Nuevamente en la ribera, entre los verdes juncos descansa mi corazón. ¿Qué mano le acercará? ¿Qué mano se le acercará? ¿Por donde ha venido mi corazón? Flotar…

Velero bosque de árboles poblado, Que visten hojas de inquieto lino; Puente inestable y prolija, que vecino El Occidente haces apartado: Mañana ilustrará tu seno alado Soberana beldad, valor divino, No ya el de la manzana de oro fino Griego premio, hermoso, mas robado. Consorte es generosa del prudente Moderador del freno mexicano. Lisonjeen el mar vientos segundos; Que en su tiempo (cerrado el templo a Jano, Coronada la paz) verá la gente Multiplicarse imperios, nacer mundos.

A mi profesor el distinguido ingeniero ROGELIO DE INCHAURRANDIETA ODA Ábreme, Tierra, las profundas hojas que muestran de tu vida los afanes, y, nuevamente, las antorchas rojas enciende de tus hórridos volcanes; que, a su luz, quiero recorrer tu historia, cantar tus hechos, ensalzar tu gloria. ¡Cuántos siglos y siglos han pasado en que sólo la bárbara codicia abrió tu seno, de metal preñado! ¡Cuántos siglos, de un polo al otro polo, indiferente el hombre, pedestal suyo te creyó tan sólo! Bien comprendo la pena que sufriste cuando a los sabios viste rasgar el velo azul del firmamento, astros y […]

Hambre y sed padezco: Siempre me he negado a satisfacerlas en los turbadores gozos de ciudades -flores de pecado-. Esta hambre de amores y esta sed de ensueño que se satisfagan en el ignorado grupo de muchachas de un lugar pequeño. Vasos de devoción, arcas piadosas en que el amor jamás se contamina; jarras cuyas paredes olorosas dan al agua frescura campesina… Todo eso sois muchachas cortijeras amigas del buen sol que os engalana, que adivináis las cosas venideras cual hacerlo pudiese una gitana. Amo vuestros hechizos provincianos, muchachas de los pueblos y mi vida gusta beber del agua contenida […]

A la hora del fracaso la vida no es tan hermosa ni tu brazo es tan fuerte ni estás aquí ¿Por qué habrías de acompañar la hora del triunfo? Hoy extiendo mis alas alcanzo mi vuelo y ninguna nube me amenaza Escucha: no serás dueño del vuelo ni de las alas Esta voz que hoy es de todos a ti te será negada

A la hora en que los robles se cierran dulcemente, y estoy en el hogar junto a las abuelas, las madres, las otras mujeres; y ellas hablan de años remotos, de cosas que ya parecen de polvo; y me da miedo, y me parece que esa noche sí va a venir el labriego maldito, el asesino, el ladrón que nos va a despojar de todo, y huyo hacia el jardín y ya están las animalejas de subtierra -yo digo-, ellas tan hermosas, con sus caras lisas, de alabrtro, sus manos agudas, finas, casi humanas, a veces, hasta con anillos. Avanzan […]